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Por Pablo Wende - Sin quita de
capital ni de cupones de intereses, el canje anunciado por el Gobierno procura
ser "amigable" con el mercado. Si sale bien, los inversores solo
sufrirán un alargamiento de plazos para cobrar, lo que representa el mal
menor. Es decir: es el mejor escenario posible en medio de fuertes
tensiones financieras y cambiarias que atraviesa la Argentina.
El precio actual de
los bonos, tras el tremendo derrumbe sufrido post PASO, ya presagiaba un
escenario de reestructuración de la deuda o, como prefirió ayer expresar
el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, un "reperfilamiento" de
plazos.
La clave del canje
que se buscará llevar adelante con el visto bueno del Congreso es despejar los
vencimientos de corto plazo que tiene por delante la próxima administración. El
más importante es el del Bonar 2020, que obligará a pagar cerca de USD
2500 millones en octubre del año próximo. Si se logra una buena aceptación a
partir de las nuevas condiciones propuestas, el panorama de los futuros
vencimientos quedaría muy despejado para el próximo gobierno, al menos en
materia de vencimientos de deuda.
El Bonar 2020
cotizaba a USD 93 antes de las PASO pero ayer ya había caído a 51, ofreciendo
un rendimiento superior a 50% en dólares. La cotización refleja la
expectativa de una enorme quita de capital en una eventual reestructuración.
Cualquier quita menos agresiva sería bienvenida por los actuales tenedores de
bonos.
Ya Alberto
Fernández y su mano derecha económica, Guillermo Nielsen, se habían manifestado
en contra de declarar un default, pero también habían dejado
trascender la necesidad de establecer un "compás de espera" para los
bonistas. Algo muy parecido a lo que propuso ayer el ministro de Hacienda.
La propuesta tiene
varios escollos por delante. Se descuenta que todo está avalado por el FMI, que
habría puesto como condición del nuevo desembolso este alargamiento de los
vencimientos de deuda. Luego será el Congreso el que deberá aprobar la
propuesta, pero para eso será necesario el visto bueno del kirchnerismo.
Con un riesgo país
arriba de los 2000 puntos, era casi imposible para el próximo gobierno contar
con margen de maniobra para salir a refinanciar los vencimientos que tenía
por delante.
Un canje exitoso
debería justamente aliviar los pagos de deuda de la futura administración.
Además, le "ahorra" el trabajo al próximo gobierno y despejaría
del horizonte el peor escenario, que es el de default total y
una reestructuración como la que se llevó adelante en 2005.
Grandes bancos
internacionales ya se habían contactado con los referentes económicos de Frente
de Todos para empezar a negociar propuestas de canje de la deuda pública.
Ahora es el Gobierno de Mauricio Macri quien decide adelantar los tiempos.
Para que todo esto
funcione los mercados deberán confiar en un manejo razonable de las cuentas
públicas del próximo gobierno, que descuentan será el de Alberto Fernández.
Si, por ejemplo, se profundiza el déficit fiscal luego del esfuerzo
de estos dos últimos años por achicar el rojo de las cuentas públicas, tampoco
habrá canje que aguante.
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