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Por Francisco
Seminario - En la capital norteamericana hablan de "incentivos" al evaluar las posibilidades de que el
Fondo Monetario Internacional finalmente envíe a la Argentina el desembolso
correspondiente a la quinta revisión del acuerdo stand by,
que aún no se hizo ni tiene fecha de inicio.
Es una suerte de matemática en la que juegan varios factores
en función de los cuales el país tiene más o menos chances de recibir esos
fondos –por 5.400 millones de dólares–, que pueden ser vitales para el Gobierno
en momentos en que necesita apuntalar las reservas del Banco Central y llevar
tranquilidad al mercado.
Es una matemática sin números. Un incentivo a favor es el cumplimiento técnico de las metas fiscales y
monetarias pautadas en el programa. Los analistas en
Washington coinciden en que el Gobierno cumplió estos objetivos en el segundo
trimestre del año, al que corresponde la quinta revisión todavía pendiente.
Un incentivo en contra sería la sustentabilidad de la deuda, que presenta serias dudas y que podría
llevar a que el país no apruebe el examen del FMI. Ese
riesgo justificaría, entre otras razones, la postergación de la misión técnica
del Fondo y la iniciativa oficial de "reperfilar" la deuda de mediano
y largo plazo.
"El incentivo para la
burocracia del Fondo está ahora en el control de daños",
sugirió off the record un
analista de la capital estadounidense. El organismo ya le prestó a la Argentina
44.000 millones de dólares de los 57.000 otorgados hace un año. Una mayor
exposición puede no ser tolerable para el board en las circunstancias actuales.
Es una parte de la explicación. El escenario cambió por
completo desde las PASO. En la matemática del Fondo también pesa ahora la
viabilidad política del programa stand-by y los compromisos asumidos por un
gobierno que en pocos meses quizá ya no esté para llevar adelante las políticas
acordadas.
Es decir, los técnicos evalúan la capacidad institucional
del país de darles continuidad a las políticas que se acordaron. Y también en
ese terreno podrían surgir objeciones del directorio. "¿Si Alberto Fernández no da señales de que va a cumplir
con las condiciones del FMI, por qué prestar más plata?", resumió
para Infobae Benjamin Gedan,
experto del Wilson Center de Washington.
"Con el FMI es siempre igual. Los préstamos requieren
recortes brutales del presupuesto, que son tóxicos en términos políticos y por
lo tanto no son sostenibles", dijo el especialista. "Macri cumplió
con los requisitos y le costó su reelección. Y como siempre, los que vienen
después rechazan los principios básicos del programa", añadió.
El anuncio del ministro Hernán
Lacunza de que buscará una renegociación del acuerdo con
el Fondo tampoco ayudó mucho, según los observadores.
"¿Por qué el FMI le prestaría más plata a Macri cuando
al mismo tiempo te está pidiendo un plazo más largo para devolverla y es
probable que no sea él quien tenga que cumplir ese compromiso?", razonó
una de las fuentes consultadas por Infobae. Además,
un plazo más largo conlleva mayores exigencias, y Alberto Fernández podría rechazar esos términos.
El economista Héctor Torres, ex
representante de la Argentina ante el Fondo, resumió estas dudas cuando señaló,
días atrás, que el FMI "difícilmente vaya a comprometerse en algo si no
escucha del futuro gobierno qué es lo que va a hacer".
"Tendría que llegar un
llamado de algún lado; si no, parece difícil que el Fondo pueda justificar el
desembolso", coincidió en reserva otro experto de la
capital norteamericana. El gobierno de Donald Trump jugó
fuerte a favor de la Argentina dentro del FMI y podría volver a hacerlo. Pero,
otra vez, también es posible que después de la derrota en las PASO los
incentivos ya no estén.
Una pregunta incómoda pero recurrente en estos días en
Washington es si la historia de desencuentros entre la Argentina y el Fondo
puede repetirse una vez más, 18 años después de la última gran crisis. O si justamente porque existe el riesgo de que se repita esa historia,
con su traumática lección de caos político, pobreza y violencia, el FMI tomará
esta vez un camino distinto.
Desde ese punto de vista podría haber un incentivo político
e incluso moral para que lo haga. Hubo una fuerte autocrítica en aquella
oportunidad y la reputación del FMI pagó un costo muy alto, que sin duda no
querrá repetir. Sin embargo, el Fondo suele priorizar criterios técnicos a la
hora de tomar decisiones.
"Hay lecciones de 2001, sin duda", sostuvo Gedan.
Pero su peso es relativo. "El FMI responde a la junta directiva, a la que
no le importan las cuestiones históricas o el legado", sentenció.
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