El cepo de Macri opera como un subsidio a la fuga de capitales
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04/09 - 07:38 Ambito Financiero
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Por Walter Graziano
- Hay cepos y cepos. Todos intentan similares objetivos: desenganchar la
demanda de dólares por motivos financieros y especulativos de la suba en el
precio de los alimentos, de la salida de depósitos en los bancos, de la tasa de
inflación y del impacto de esa demanda de dólares por motivos financieros en
las reservas. Básicamente esas son las variantes por las
cuales puede hacerse en un país un control de cambios como los que en los
últimos años fueron efectuados en Argentina. El primer intento de un Banco Central
al instaurar un cepo es hacerse de los dólares del superávit comercial. Como
los exportadores e importadores se ven obligados a liquidar o comprar sus
divisas en el mercado de cambios controlado por el Banco Central puede decirse
entonces que un cepo lo primero que intenta es nacionalizar el superávit
comercial. En otras palabras, el Estado se queda con los dólares del
superávit comercial y ese es un objetivo primordial de todo cepo, por lo que
puede decirse que un cepo tiene mucho más sentido cuando hay superávit
comercial y cuanto más voluminoso es el mismo. Y tiene mucho menor sentido
cuando el superávit comercial es escaso o cuando el mismo no existe. Por eso
precisamente el cepo que fue puesto en la época kirchnerista perdió sentido
cuando el país ingresó en déficit de balanza comercial. En situaciones por el
estilo el Estado financia atraso cambiario y subsidia las importaciones que
pueden hacerse a precio de privilegio. Es por esta causa, principalmente, que
los cepos son levantados cuando suena la alarma del “rojo” en la balanza
comercial y a los mismos suelen suceder grandes devaluaciones nunca inferiores
a los dos dígitos. O sea, de un cepo no se sale fácilmente, con crawling
peg sino con una bruta devaluación para quizás instaurar otro
cepo en un nivel de dólar más alto o liberando el mercado de cambios si el
Banco Central no quiere exponer reservas.
Ahora bien, en el cepo implementado el domingo pasado
sobresale algo totalmente llamativo: se permite a los particulares comprar
hasta u$s 10.000 mensuales. Algo totalmente inusual para un cepo, dado que
estos particulares controles de cambio intentan por todos los medios impedir el
drenaje de reservas para fugar capitales. Recuérdese por ejemplo el caso
del cepo del gobierno kirchnerista que permitía la compra de solo u$s500 al mes
con fines de atesoramiento con la condición previa de que la AFIP autorizara la
operación. Obvio que un cepo de tales características despierta la bronca de
ahorristas e inversores que ven como hay todo tipo de trabas a la libre
compraventa de dólares, lo cual causa todo tipo de molestias. Pero ocurre que
un cepo es un cepo. Sino no es nada. Y el instaurado el domingo pasado corre el
riesgo de convertirse en “nada” en poco tiempo. Veamos porqué: habíamos dicho
el lunes pasado que bastaba que solo 50.000 personas hicieran uso del cupo de
u$s10.000 al mes para comprar dólares baratos a precio subsidiado de las
reservas del Banco Central o de los dólares que liquidan los exportadores para
que se fuguen del país u$s 500 millones al mes. Y decíamos también que u$s500
millones es aproximadamente la mitad del superávit comercial de un “buen mes”
de comercio exterior argentino. Pues bien: en esa cuenta fuimos muy generosos,
porque ocurre que en Argentina últimamente compra dólares nada más y nada menos
que 1.100.000 “personas humanas” al mes. Obvio que una baja proporción de ellos
compra u$s10.000 o más al mes. Pero bastaría con que el promedio esté en solo
u$s1.500 al mes -y probablemente nos estemos quedando bastante cortos- para que
por mes el mecanismo del cepo financie u$s1650 millones de fuga de capitales.
Esa cifra supera los meses más generosos de superávit de balanza comercial que
es conseguido merced a una durísima recesión. Puesto en otros términos
podríamos decir que los argentinos padecemos una gravísima crisis económica que
tiene un solo efecto positivo: lograr un superávit comercial. Pero resulta que
el mismo se evapora por completo -y más también– debido al subsidio que el
gobierno de Mauricio Macri ha decidido el domingo pasado dar a los argentinos
que compran dólares. De locos. Sí, de locos. Si hay
una impericia, un error “no forzado” o una mala praxis superior a las muchas
que esta gestión de Macri ha exhibido en el terreno económico, esta es la peor
de todas. Este cepo es entonces una verdadero subsidio a
la fuga de capitales, si hasta el momento ello no se ha notado del todo es
porque es nuevo, y escoba nueva siempre barre bien. El lector podrá
seguramente ver con el correr de los días y de las semanas que empiezan los
cambios porque con las medidas del domingo se dificulta que el país pueda
mejorar su nivel de reservas. Paradójico esto entonces: el país está al borde
del default, ya reprogramó vencimientos de corto plazo, se expone al fracaso
inminente de un canje voluntario de deuda, el riesgo país es superior a los
2500 puntos básicos, el costo de asegurarse contra un default argentino
mediante CDS es aún
mayor, hay nerviosismo con la salida de los depósitos en dólares, las reservas
bajan y algunos días los hacen muy abultadamente y las autoridades salen un
domingo con medidas para que... los exportadores y el BCRA subsidien
la fuga de divisas... No, algo anda muy mal en Argentina. ¿Cómo es posible que
un engendro así haya visto la luz del sol? A Hernán Lacunza y a Guido Sandleris
no se les puede escapar que todo esto es un auténtico disparate. Pues bien, hay
versiones de que hubo mucho “toqueteo” a nivel político de este cepo, que el
presidente Macri habría exhibido una dura resistencia al mismo y que solo
habría sido convencido de adoptarlo cuando se estableció un límite a la compra
de dólares lo suficientemente alto como para conformar al presidente. Así es
que salió un cepo que es un híbrido que no funciona para los objetivos que debe
perseguir todo cepo. ¿Qué es una irresponsabilidad consensuar una medida
técnica de tal envergadura? Cierto. Pero este Gobierno solo tiene para tres meses más de vida, por lo que
bien puede mostrarse “demagógico” con un cepo que subsidia la fuga de divisas
de “personas humanas” con el objetivo de entregar el poder y que sea el que
viene el que ajuste las tuercas del cepo haciéndolo mucho más restrictivo. Vale decir entonces que estamos
frente a un cepo de características demagógicas y populistas en contraposición
al cepo kirchnerista que tuvo como objetivos primordiales atenuar la suba de
precios de alimentos y también hacerse de dólares con los cuales poder pagar la
deuda externa. Este cepo en cambio no va a generar dólares suficientes para
repagar nada de la deuda externa, cuya posibilidad de pago quedará
desfinanciada a partir del momento en que cesen de ingresar los dólares del
FMI. En síntesis: este cepo tal como está es un engendro mal ideado. Puede
tranquilizar a los mercados un corto tiempo de manera narcotizante, mientras
una parte del público mira pizarras con cotizaciones de dólar que tienden a no
moverse o incluso a bajar cuando el real partido se juega en otra cancha, en la
del “blue”, el “contado con liquidación”, en la del “riesgo país” y sobre todo,
en la caída de reservas. Paradójico entonces, pero el kirchnerismo había hecho
un cepo para garantizarse poder pagar la deuda externa, mientras que el
supuesto librecambista de Macri instala uno para subsidiar la fuga de
capitales, aumentando el riesgo de impago de la deuda. Demagogia y populismo
puros.
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