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Por Daniel
Sticco - Los analistas revisaron sus previsiones de inflación nivel
general tras el cambio de escenario político y económico desde el resultado de
las PASO, porque en una economía bimonetaria en la que coexisten pesos y
dólares, y que además los principales productos de exportación son los
alimentos que consumen los argentinos, con excepción del complejo sojero, la
devaluación se traslada a precios, a una velocidad directamente proporcional al
clima de incertidumbre sobre la situación económica.
Así surge con claridad en los pronósticos que un conjunto de 39 estudios, bancos y universidades
que nuclean a los economistas más destacados de la Argentina les
acercaron al Banco Central, como todos los meses, los cuales arrojaron un
promedio simple de 4,3% en agosto que no sólo cortó una racha de 4 meses en
desaceleración, sino que además interrumpió dos meses con variaciones menores a
las del año previo.
Aunque para este mes el Relevamiento de expectativas de
mercado si bien prevé una suba mayor que agosto, a 5,8%, de cumplirse esa
previsión implicará el retorno a la desaceleración en comparación con un año antes, cuando
en un cuadro similar de crisis de deuda externa, por el cierre de los mercados
de crédito, había ascendido a 6,5 por ciento.
Y aunque el Banco Central
debió flexibilizar su política monetaria en la segunda quincena de agosto,
con el propósito de atenuar el estrés financiero, el mercado parece descontar
que no se desviará mayormente de su objetivo de regulación de la liquidez, para
evitar el inicio de una espiral inflacionaria.
De hecho, en el segundo día
de vigencia del control parcial de cambios, la autoridad monetaria volvió a
absorber pesos a través de la licitación de Letras de Liquidez (Leliq), sin
subir mucho la tasa de corte, unos 45 puntos básicos, a un promedio de 85,73%
anual a 7 días. En los 4 días previos el Banco Central había
liberado al mercado $349 mil millones, equivalentes a unos USD 6.000 millones;
y ahora esterilizó $42.000 millones (unos USD 700 millones).
Aún así, los analistas del mercado proyectan un camino duro para el descenso
de la tasa de inflación núcleo, aquella que permite
monitorear la evolución de los precios sin tener en cuenta la volatilidad
de aquellos bienes y servicios que exhiben un comportamiento estacional o están
sujetos a regulación del Gobierno o tienen un alto componente impositivo
variable, se ubicará por sobre la tasa general.
Para agosto la media del
REM estimó un salto a 5% mensual, desde 2,1% en julo, y la subió a 6,5% para
septiembre, para luego iniciar un gradual camino descendente hasta
tasas de 3,1% mensual en enero y febrero de 2020.
Para diciembre de 2019, los pronósticos interanuales de los
analistas del mercado para el nivel general de inflación se corrigieron al alza
respecto de la encuesta previa, a 55%, y manifestaron la expectativa de
descenso a 38% el año siguiente.
Ambas tasas se proyectan
largamente superiores a la que se registraron desde la crisis de 2002, fenómeno
que refleja con nitidez las dificultades estructurales que afectan a la
economía para estabilizar la inflación en un rango bajo, como ocurrió en gran
parte de los noventa.
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