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Por Alejandro
Colle - Tres son las brechas que siguen los observadores del mercado
cambiario a modo de termómetro para medir el grado de tensión y la
tendencia a la dolarización del público, los grandes inversores y los
profesionales del dinero luego de las medidas de control de cambio y el “cepo
light”. En otras palabras, las brechas estarían reflejando la expectativa
de devaluación.
Una, la más
elemental quizás, es la relación entre el billete en las pizarras de las casas
de cambio y el precio (minorista) del dólar informal o “blue”. La segunda
brecha bajo la lupa es la que existe entre el dólar mayorista, del Mercado
Único y Libre de Cambios (MULC), donde operan bancos e importadores y
exportadores de bienes y servicios, en relación con el contado con liquidación
o el dólar MEP. Y, por último, más seguido por los traders, está la diferencia
entre los futuros que cotizan en el Rofex y los NDF (Non Deliverable Forwards)
que se operan en Nueva York.
De alguna manera, las
tres brechas aportan información sobre el grado de nerviosismo entre los
actores de cada segmento del mercado, donde a mayor tamaño de la diferencia,
mayor la tensión y viceversa.
En principio se
puede decir que la diferencia entre uno y otro precio puede deberse a la
restricción cuantitativa que surge de las medidas. Por ejemplo, en el caso del
público, el tope de 10.000 dólares mensuales. Si alguien que tuviera fondos en
un depósito en pesos y quisiera dolarizarse, y excede la cifra autorizada
tendrá que recurrir a canales alternativos para adquirir lo que no pueda
comprar en el mercado cambiario. Según el caso y la situación fiscal, podrá
hacerlo a través del dólar Bolsa, o dólar MEP (Mercado Electrónico de Pagos),
si es que quiere quedarse con los billetes en el país, o a través del CCL,
cuando su intención es la de enviar los dólares al exterior.
Cuanto más baja la
brecha, menor será la intención de dolarizar portafolios. Ayer, por caso, el
dólar “blue” para grandes operaciones cotizaba a $59, mientras que el billete
Banco Nación cerraba, sin cambios, en $57. La brecha entre ambos era de apenas
el 3,5%. El precio de la punta vendedora en casas de cambio promedió los
$58, mientras que los “arbolitos” lo promovían a $60, y aquí nuevamente la
brecha rondaba el mismo porcentaje.
Un poco más amplia
era la diferencia entre el mercado mayorista legal, el MULC, al que ahora las
empresas no pueden recurrir para el caso de que quisieran atesorar divisas, y
la alternativa que es la compra de dólares a través de la compra venta de
acciones o títulos públicos que cotizan tanto en moneda local como en dólares.
El CCL ayer se
operaba a $62 por dólar, valor que se estiraba a $63,70 si el arbitraje se
hacía con la acción y el ADR de YPF, mientras que la divisa en
el MULC cerraba a $56,02 por unidad estadounidense. Aquí la brecha es
del 10,7% o a 13,7%. La diferencia se estrecha al 8,2% cuando la comparación se
hace con el dólar MEP, que ayer finalizó en $60,64.
Finalmente, la
confrontación de los futuros a fin de octubre entre las cotizaciones del Rofex
y los NDF Nueva York, casi no mostró diferencias significativas en los
plazos más cortos, de fines de septiembre y octubre que son los más operados.
En el primero la brecha es del 2,2% y en octubre, que se compensa luego de las
elecciones, del 3,7%.
Para Fernando
Camusso, de Rafaela Capital, la brecha entre el billete y el “blue” se forma
básicamente a partir de las restricciones para el acceso al mercado. “Un
mercado muy racionado, con las consiguientes brechas muy amplias, podría estar
indicando una devaluación encubierta. Si la expectativa es aceptada por la
mayoría, los precios de la economía podrían indexar al “blue”. Algo de
esto ocurrió con el CEPO, sobre todo en 2015,”.
En el caso de los
futuros, explica que “en general, cuando las condiciones macroeconómicas y
financieras son buenas o muy buenas, no existen diferencias importantes, salvo
los costos lógicos de quien opera en el exterior y toma este tipo de contratos.
De lo contrario, cuando las condiciones pasan a negativas, como ahora, los NDF
suelen anticipar posibles devaluaciones (las tasas implícitas divergen mucho
respecto de la curva de futuros local), o funcionar como un mercado más
transparente en cuanto a precios, simplemente por estar aislado del contexto
local. Recordemos lo que sucedió en 2015 con el dólar futuro, donde el único
vendedor era el BCRA”.
Camusso aclara que “el
Rofex ha funcionado siempre con absoluta transparencia, desde las exigencias de
garantías como de liquidación de operaciones, pero muchas veces no puede
escapar al descalabro de precios local, si la cosa se pone complicada. Como
ejemplo basta ver las fuertes caídas de las cotizaciones luego de impuesto el
control de cambios, para acomodar la tasa implícita. Uno evita estos vaivenes
con NDF”. Hoy las brechas parecen indicar que en la última semana los
mercados se calmaron. El dólar permanece estable, aunque sea en forma inducida
con las intervenciones del BCRA o con las restricciones de acceso impuestas por
el control de cambios, la escasa liquidez y el alto costo del financiamiento en
pesos.
Sin embargo, los
actores del mercado las siguen de cerca y a diario, más que el riesgo-país,
para calibrar el pulso de la dolarización. Algo que si bien aún persiste, cedió
algo con el correr de los días según el retiro de depósitos en moneda
extranjera y la caída de las reservas del Central. Pero no tanto en la
dolarización de empresas, de acuerdo con la brecha que según el instrumento
supera el 13%. Un dólar más calmo, aunque sea asistido, trae distensión y
genera menos propensión a dolarizarse. O a sortear los controles regulatorios a
través de alternativas como el CCL, el MEP o el “blue”.
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