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Por Silvia Pisani - MADRID.- Era su primer
viaje al exterior como favorito para octubre y se puso el traje de presidente.
Más moderado que en campaña, el candidato del Frente para Todos, Alberto Fernández, expuso líneas de acción de un
eventual programa. Una descripción en la que incluyó el pago de la deuda externa: "Vamos a cumplir y honrarla como
siempre", dijo, pero "no a costa de los argentinos".
En materia
internacional, sostuvo que el país debe integrarse al mundo, pero de un modo
más equilibrado. Abogó por una mayor integración con Europa, "que es de
donde venimos", porque "depender tanto de Estados Unidos nos ha hecho
retroceder". No se trata de tener mal vínculo con Washington, previno, sino de "buscar uno más
maduro", a la vez que se inclinó por una mayor integración regional entre
los países de América del Sur, donde "lo que nos pasa a uno nos afecta a
todos". Explicó que en ese caso, su "sueño" es reflotar la
Unasur, en referencia al bloque regional de doce países que impulsaron los fallecidos
presidentes Néstor Kirchner y Hugo Chávez, y del que varios países
terminaron retirándose. La Argentina lo hizo el año pasado.
Sueño regional que
trasladó a la Justicia, al apelar que se eleve un "clamor" de todos
los países de la zona "por la libertad" de los expresidentes de
Brasil Inacio "Lula" da Silva, de quien sostuvo que es
"inconcebible" que esté preso, así como el exmandatario de Ecuador
Rafael Correa.
De paso, consideró
que el Mercosur "está funcionando mal", una situación que atribuyó a
los "problemas políticos" en Brasil y en nuestro país. Confió también
en poder "mejorar" el acuerdo comercial con la Unión Europea (UE),
despojándolo de lo que sea perjudicial para el país. "Hay dos años de
plazo para hacerlo", recordó. Ocurrió durante una conferencia en el Congreso
de los Diputados de España, donde un grupo de argentinos lo alentó al grito de
"vamos a volver".
Al apuntar
fronteras adentro prometió que no iba a presionar a ningún juez. Pero reclamó
que terminen "las detenciones arbitrarias" y que dejen de usarse como
instrumento "para perseguir a los que no se les puede ganar en
elecciones".
Una situación en la
que incluyó la encarcelación de la activista Milagros Sala y la
"persecución" que se hizo contra la expresidenta Cristina Kirchner.
Estaba feliz y se
le notaba. Venía de una audiencia de más de una hora con
el presidente en funciones Pedro Sánchez, a lo que
siguió un almuerzo con el expresidente José Luis Rodríguez
Zapatero. Con su audiencia y foto en el despacho presidencial, el
socialista Sánchez le regaló al candidato la cereza de la gira. Un gesto que
molestó a sectores de la oposición. Luego de ambas citas, Fernández se trasladó
al Congreso de los Diputados. Junto al "vamos a volver", lo recibió
un público entregado. Un centenar de emocionados argentinos. "Soy exiliada
de Macri", dijo una de ellas. "Y muchos de los que están acá
también", añadió.
Varios desplegaron
carteles blancos con la frase "Alberto" y un corazón en celeste.
"Creo que estamos delante del próximo presidente de la Argentina", lo
recibió la presentadora Esther del Campo, del Observatorio de los Derechos
Humanos, una de las entidades que organizó el ciclo.
Lo aplaudió también
una decena de diputados de Podemos, el partido de izquierda radical en España.
Fernández tuvo allí
un matiz interesante con Juan Carlos Monedero en el que terminó defendiendo el
aporte inversor de España cuando el dirigente declaró sentir
"vergüenza" por "los españoles que fueron a la Argentina a
robar".
El ciclo era sobre
integración regional. Pero el candidato -"pueden llamarme Alberto"-
se explayó en definiciones de gobierno. No mencionó en ningún momento a
Mauricio Macri o a la gobernadora María Eugenia Vidal. Pero sí les reprochó un
duro diagnóstico. "Va a costar mucho salir", dijo. Mostró sintonía
con su compañera de fórmula. "Cuando hablo con Cristina...", dijo más
de una vez al arrancar alguna idea. También dio por segura la unidad del
universo pero-kirchnerista sobre el que se asienta la dupla presidencial.
"Lo mejor que hicimos fue unirnos, porque eso garantiza que nunca más nos
gobernará el conservadurismo", sostuvo. Antes de repetir el lema bajo el
que engloba a las diferentes tribus del universo peronista. "Con Cristina
no alcanza, sin Cristina no se puede". Anoche cenó con inversores
españoles en la Argentina y hoy parte a Portugal.
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