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Por Daniel Sticco - Cíclicamente se incurre en la Argentina en
crisis sistémicas y en períodos de control de cambios, en general de mayor
rigor al que debió aplicar el Gobierno en la última semana, tras la
reacción de los mercados luego del resultado de las elecciones Primarias,
Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, con el propósito de racionalizar los escasos
dólares excedentes que genera la balanza comercial, a través de exportaciones
que superen a las importaciones, porque pocos logran pasar a formar parte de
las reservas en divisas del Banco Central.
Más aún, porque
muchos de los argentinos con capacidad de ahorro mantienen el hábito de guardar
dólares fuera del sistema bancario, y salen del país más divisas de las que
ingresan a través del turismo internacional.
Con ese
escenario, Infobae entrevistó a Luis Secco, economista que
conoce muy bien el ADN del Gobierno y del que participó en el primer año como
uno de los asesores principales del presidente del Banco Nación en ese
entonces, Carlos Melconian, además de destacado consultor de empresas, para
conocer su lectura del momento actual y de sus recomendaciones de
política económica para el futuro inmediato.
– ¿Por qué cree que
se llegó al escenario del control de cambios, cuando apenas un mes atrás no
aparecía la restricción de dólares para hacer frente a los compromisos del
sector público, a lo sumo se planteaba la necesidad de reprogramar los
vencimientos de deuda pública a partir de 2021?
– Si pudiéramos dividir en grandes sectores quiénes tienen capacidad de generar
dólares y quiénes no, rápidamente surge que el principal generador de divisas
es el agroexportador. Después aparece un sector que había logrado superávit en
su balance comercial, después dejó de serlo, y ahora aparece con alto
potencial, como el energético de gas y petróleo; y luego hay un sector
altamente deficitario que es la industria no alimenticia, que cuando comienza a
crecer absorbe todo el excedente de dólares que obtienen los otros sectores.
– Porque la
necesidad de dólares para pagar sus importaciones de insumos para el proceso
productivo aumenta a tasas varias veces superiores a la de la suba del PBI…
– Exacto. Y porque importa mucho más de lo que exporta y genera un déficit de
dólares monstruoso. Entonces, cuando la Argentina ingresa en situaciones de
crisis externas, del lado real del desequilibrio se origina en el déficit
comercial del sector industrial de origen no agropecuario, y deriva en el
desequilibrio macroeconómico.
– Ahí es dónde
muchos se plantean por qué no se corrige con tipo de cambio alto, que incentive
las exportaciones del sector más ineficiente en términos relativos, con algunas
excepciones, y desaliente las importaciones. ¿Comparte esa visión?
– Muchas veces el reclamo del tipo de cambio real alto surge en realidad para
proteger al sector que sustituye importaciones, porque muchos interesadamente
sostienen que las impo son malas, pero para exportar más hay que importar más.
– Eso podría
aceptarse si se estuviera frente a una demanda de importaciones de bienes de
consumo relevante que compitiera con la producción nacional. Pero en el
caso argentino las compras externas se concentran en insumos necesarios para el
proceso productivo, máquinas y equipos y automotores, que no se fabrican
en el país y que son inviables de producir a baja escala…
– Totalmente de acuerdo, pero también surge el problema de los sectores
que tienen más público, para reclamar; y no quienes necesitan de los insumos
para producir, que son importantes para la estructura industrial de la
Argentina, pero no tienen la misma capacidad de influir en las decisiones de
política económica. Ahí surgen los mitos y capacidad de lobby para influir
sobre cuál es el mejor modelo a seguir.
– ¿Piensa
que eso puede comenzar a revertirse una vez despejada la
incertidumbre cambiaria, cambiando la estructura tributaria para la industria?
– Cuando se habla de la industria uno se imagina "fierros", pero en
realidad la Argentina necesita generar conductas que estén más cercas de
sus ventajas competitivas, y no depender de situaciones que sólo se sustentan
con algún grado de protección, de alguna regulación, que podría ser atendible
para el caso de las "industrias incipientes", hasta que alcancen la
etapa de maduración.
– Pero en la
Argentina hay industrias que se las protege desde hace más de 50 años,
como la textil, e incluso la propia industria automotriz, y recurrentemente
reclaman una protección especial, por sus efectos sobre el empleo…
– En la industria automotriz fíjese que hay modelos globales que logran
competir en mercados regionales, pero hay otros sectores protegidos que exigen
un debate sobre si se debe protegerlos o no. Y la verdad es que es un gran
signo de pregunta. Claramente, hablar de esto en medio de una corrida contra
las reservas, donde es difícil vislumbrar cómo sigue todo el proceso en los
próximos días, o de acá a uno o dos meses…
– Pareciera que el
largo plazo es hoy.
– En definitiva sí, porque las decisiones se van posponiendo indefinidamente,
porque siempre se está tratando de resolver el hoy.
– ¿Cómo ve la
coyuntura, cree que se llegó a la situación actual de incertidumbre por
errores de política económica de Cambiemos, por el fracaso en su diseño y
ejecución? ¿o es porque las circunstancias llevaron a un escenario que no podía
acelerar, más aún con las trabas con que se fue encontrando en el Congreso para
hacer otra cosa. Y cuando después de 3 años parecía que empezaba a obtener
mejores resultados: 4 meses con baja de la inflación; superación de los
problemas climáticos que afectaron al agro; y recuperación del
autoabastecimiento energético; aparece el resultado electoral adverso con
singular contundencia, y tirar todo por la borda?
– Creo que nada es monocausal. Me parece que cuando están de por medio de los
comportamientos sociales y los resultados de la política económica, lo he
escrito para Infobae y lo he conversado con usted en varias
oportunidades, existen factores multicausales, fue parte del debate de 2015
para acá. No se si el Gobierno de Mauricio Macri no quiso, no supo,
o no pudo hacer lo que había que hacer para evitar terminar de la peor manera,
más rápido, sin caer en situaciones difíciles.
Mucha gente pensaba
que la sociedad argentina no estaba preparada para abordar o asumir grados de
conflictividad social y política en el arranque del Gobierno de Macri. Esto
terminó siendo lo que se denominó gradualismo. Ahora se ve que la alternativa
que algunos llamaban shock, en realidad no era shock, sino lo que muchos
pensamos era hacer algo más integral, a partir de todo lo que hay que hacer,
planteando una hoja de ruta desde el inicio de la presidencia, para sacar a la
Argentina del fracaso recurrente. Pero esa hoja de ruta nunca se planteó.
Siempre hubo
una política de corto plazo tratando de estabilizar la
macroeconomía. Nunca hubo una discusión de fondo tratando de ver cómo se
iba a crecer pensando un poco más allá de la estabilización; en base a qué
iba a crecer la economía; qué competitiva iba a ser.
Recuerdo que en
2017, cuando se estaba tratando de debatir la política económica, el Jefe de
Gabinete decía respecto de lo que fueron las reformas: "Mirá el lío que
tuvimos con apenas 2 o 3 reformitas". Es decir, el Jefe de Gabinete,
Marcos Peña, le bajó el perfil a lo que fueron las reformas fiscal, movilidad
jubilatoria, Renta Financiera. Por tanto, no entramos nunca en un programa de
cambio estructural, con un plan integral, un cambio de régimen, como decían
algunas economistas, que modificara por completo las expectativas.
– Con el diario del
lunes; con los resultados de las PASO, ¿usted cree que predominó alguna
de las 3 opciones: no quiso, no pudo, no supo el gobierno de Cambiemos?
– En el fondo es una combinación de todo. Me parece que desde la elección de
medio término comenzó a perder fuerza la visión de que fue porque no pudo y
pasó a ganar terreno que fue en parte porque no quiso, y luego porque no sabe.
Es decir, un poco la idea de que se cometían errores no forzados, como la
decisión de la intervención del Banco Central el 28 de diciembre de 2017. Esa
etapa, de un diagnóstico que aconsejaba seguir el camino del gradualismo,
culmina a comienzos de 2018, cuando el mercado le dijo que no al
financiamiento.
Si se mira en
perspectiva lo que pasó el año pasado, cuando el mercado le dice que no al
financiamiento al Tesoro, es lo mismo que persistió desde el Acuerdo con FMI, y
ahora sobre la deuda con vencimiento de deuda a corto plazo. Y si no se puede
pagar, surge la decisión del 28 de agosto, cuando se revela la información del
real nivel de las reservas y si alcanzan para pagar los vencimientos, y
el Gobierno dijo que no.
– En ese contexto,
¿Le parece que fue acertada la decisión del "reperfilamiento"
compulsivo de parte de la deuda pública porque se excluyó a las personas
físicas, o tenía que haber primero pagarla y después plantear la necesidad
de renegociar los vencimientos de mediano y largo plazo, y disponer el control
de cambios, también muy parcial?
– Es muy sutil la diferencia cuando se hace política económica. Me parece que
no había más opciones disponibles. Tal vez, con los resultados de esta semana,
la sensación es que se podría haber empezado por el control de cambios y de
capitales, que reperfilar la deuda de corto plazo. Pero de cualquier modo quedó
claro que la preocupación presidencial es primero "cuidar las reservas en
el Banco Central y controlar la cotización del dólar", y el uso número
dos: "pagar la deuda". Y también se planteó un uso número tres no
explícito, que era devolverle los dólares a quienes los tienen depositados en
los bancos si los piden.
Entonces, los
acreedores comenzaron a preguntarse si las reservas alcanzaban para cumplir con
esos tres objetivos y a su vez pagar los vencimientos de la deuda inmediatos.
De ahí que mucha gente decidió, por las dudas, comienzo a vender los bonos; y
otros optaron por cobrar los vencimientos, es decir dejó de renovar las Letes
de corto plazo. Cuando pasó eso el Gobierno se planteó: "si no me renuevan
esto que es de corto plazo, menos la larga". Por eso decidió el
reperfilamiento de plazos. Creo que todo el problema vino luego de haber
revelado al mercado información sensible, como fue decir: "las reservas no
alcanzaban para cumplir con los 3 objetivos básicos".
– ¿A ese escenario,
en el que los argentinos e inversores comenzaron repentinamente a preguntarse
si las reservas alcanzaban para todo, se llega porque ya estaba la situación
muy frágil, o porque además quien ganara las elecciones PASO se creyó que ya
será el próximo presidente de la Nación y comenzó a hacer declaraciones
desafortunadas, tal vez no muy pensadas, sobre el nivel del tipo de cambio; el
default, la negociación uno por uno con los bonistas, que provocaron un
cuadro de singular incertidumbre de cada a futuro inmediato?
– Si no hubiera existido las PASO, y ese resultado se registraba el 27 de
octubre, hubiese pasado algo parecido, aunque ya con declaraciones como
presidente electo.
– En ese caso sería
el único responsable de la reacción de los mercados…
– Sí, pero las medidas la tendría que haber tomado el Presidente en ejercicio,
salvo que Mauricio Macri hubiera decidido una salida anticipada y entregara el
mando a su sucesor para que se hiciera cargo de sus dichos. Y no sé si eso
hubiera ocurrido. Me parece que estamos en una dinámica que era muy
difícil de evitar.
Evidentemente, las
PASO existieron y no tiene mucho sentido hacer ese tipo de conjeturas. Y el
precandidato, que ahora se transformó en candidato con altas chances de ser el
próximo presidente habló, y se refirió a la deuda como lo había hecho antes,
tal vez hoy un poco más virulento, de una forma que no colabora para evitar un
escenario de gran incertidumbre. Sobre todo porque ya se descontaba un comienzo
de 2020 con algunas complicaciones en la macroeconomía.
– ¿Qué grados de
libertad le ve hoy al Banco Central para generar confianza, cancelar las Leliq
a través de una fuerte suba de los encajes a los bancos para que no tenga
efecto monetario, inflacionario y desequilibre el mercado de cambios?
– Ahí está planteando el otro tema que no se abordó todavía. Lo que hemos
visto en la última semana es que el Banco Central no necesitó subir la tasa de
referencia de política monetaria todo lo que se podía haber esperado; y ha ido
licuando parte de ese pasivo con el salto del tipo de cambio. Pero habrá que
ver si en este camino hacia el cambio de gobierno es otro de los temas que
se "resuelven".
– ¿En el actual
contexto de incertidumbre sería sano para la economía que el presidente de
Banco Central, Guido Sandleris, logre que el FMI le apruebe la flexibilidad de
la menta monetaria trimestral, o le puede volver a desequilibrar un mercado
cambiario que se estabilizó más rápido de lo que muchos suponían?
– Me parece que hacer eso hoy es correr un riesgo de desestabilización. Tiendo
a pensar que un gobierno que enfrenta un resultado electoral muy complejo; que
empieza a ser percibido por la mayoría de la población y por lo que se da a
llamar el mercado que no tiene mucha credibilidad, debería abstenerse de hacer
muchas cosas.
– ¿Cree que el
mercado lo dejará no hacer nada, o le está pidiendo medidas para asegurar un
traspaso de poder con una economía ordenada?
– Bueno, inexorablemente va a tener que hacer algo. Pero lo que le diría es
"no despertar a Frankenstein, que hasta ahora lo mantenía
encadenado". Es un oximorom creer que se puede mantener controlada a la
criatura, porque se desmadra sin que se de cuenta. Y se sabe que no se puede
dormir con esa criatura al lado. Por eso creo que hay que evitar políticas que
muchos temen, como es el de generar una espiral inflacionaria, a través del
pago de toda la deuda en pesos, dado que existe control de cambios. Eso
significaría encender la mecha.
– ¿Dada la
respuesta del mercado en la primera semana del control parcial de cambios, cree
que el Gobierno debería dar marcha atrás con la iniciativa de reestructurar los
vencimientos de la deuda de corto y más aún de mediano y largo plazo, para que
lo resuelva la próxima administración que comenzará con un horizonte más
extendido?
– Creo que los que piensan así cometen el error de que se pueden emitir todos
los pesos que hagan falta para pagar los vencimientos de las Letras del Tesoro
en pesos, y usar todas las reservas que hagan falta para pagar la deuda en
dólares, porque no dan los números.
– Tampoco la
situación social, por la derivación a precios de semejante inyección de pesos…
– Ese es el otro gran tema del que nadie habla, pero sin duda es uno
de los que más me preocupa; cómo todo esto le va a afectar a los 46
millones de habitantes. Porque sabemos que la reaparición de una brecha
cambiaria entre la cotización en los mercados formales y el paralelo, o entre
el libre para el comercio y el público y el contado con liquidación, a través
de la compra y venta de bonos, que es el que comenzarán a utilizar las
empresas, se traslada al resto de los precios de la economía.
– Pareciera que el
Presidente ha decidido que todo el efecto del impuesto inflacionario no se
traslade a ganancia fiscal, sino a aumentar las políticas sociales, como la
eliminación del IVA para un conjunto de alimentos; la propuesta de suba del
mínimo no imponible de Ganancias sobre los asalariados y autónomos; un bono
para los perceptores de la AUH…
– Sin duda, el Presidente tiene que ceder a este tipo de medidas, porque de lo
contrario el escenario sería mucho peor.
– ¿Qué grado de
libertad cree que tendrá el próximo gobierno para enderezar el rumbo hacia la
senda de crecimiento, sin incurrir nuevamente en desequilibrios fiscales y
externos?
– Creo que va a haber una etapa en el que contará con el respaldo para que
pueda recuperar la esperanza o expectativa de que se puede volver a crecer. El
punto central será hacer cosas que no conspiren contra sus objetivos.
Naturalmente, si se reperfilan los vencimientos de la deuda, el próximo
presidente contará con más recursos para hacer políticas sociales, pero al
mismo tiempo se deberán gestionar políticas para que, por ejemplo, hacia el
2023 se pueda volver a pagar en tiempo y forma los vencimientos de la deuda.
Eso exigirá transformaciones no sólo para que el tamaño del sector público sea
sustentable, si no también para que se pueda crecer de modo sostenido.
Si después de todo
esto se vuelve a una economía con tipo de cambio súper alto; cerrada; que gasta
más de lo que le ingresa; que destinan recursos a algunos sectores para que
consuman, pero cuando se acaban porque ya no habrá más capacidad de
financiamiento, entonces se volverá a la situación actual en la que la frazada
es muy corta. Es decir, no se puede hacer todo lo que se quiere cuando los
recursos son escasos. De ahí que el desafío es acordar un mínimo de certidumbre
que permita que, haga lo que haga hoy, dentro de un tiempo no se volverán a
discutir las mismas cosas.
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