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Por Jorge Herrera
- Mientras los inversores, los ahorristas y el Gobierno no le sacan la vista de
encima a las variables financieras, sobre todo, al dólar, las reservas y a los
depósitos, las proyecciones fiscales para el resto del año ya crujen. Es
que la Caja del Tesoro no parece estar en condiciones de terminar la maratón de
2019. Si bien los números del segundo trimestre habrían cumplido las metas
con el FMI,
como sostiene el Palacio de Hacienda, e incluso, se proyecta que pueda llegar a
cumplir la meta de setiembre, lo que queda por delante es una empinada cuesta,
de difícil coronación de cumbre. O sea, es ser por demás optimista pensar
en que el Gobierno cumplirá la meta anual, fundamentalmente, con solo ver la
aceleración del gasto primario. Al respecto vale recordar el costo fiscal de la
batería de medidas fiscales lanzadas a mediados de agosto por el
presidente Macri, aún bajo, la administración de Nicolás Dujovne.
De persistir la
“reperfilación” de la deuda de corto plazo, implicará un significativo ahorro
hasta fin de año. Claro que esto complicará los primeros meses del próximo
gobierno. Pero eso es otra historia. Pero lo relevante es que con
reprogramación de deuda de corto plazo y contemplando el desembolso del FMI
pendiente (u$s5.400 millones por las metas de junio) las estimaciones
privadas dan cuenta que al Tesoro le faltará entre $350.000 y $450.000 millones
para cerrar las cuentas (la caja en pesos). Huelga señalar que si se traba la
llegada del desembolso pendiente del Fondo, al Tesoro encima le harán falta
otros u$s5.400 millones para cerrar la caja en dólares. De ahí la confianza
oficial, que en realidad se parece más a un rezo inmolante, en que el
directorio del FMI libere finalmente los fondos. Pero eso también será otra
historia.
Por eso conviene,
por ahora, concentrarse en el faltante en pesos. Aquí solo surge un combo
salvador, bien cercano a la Casa de la Moneda. Y es que, por un lado, el
Gobierno podría contar con la opción que le brinda el BCRA, a través del giro
de utilidades. Hasta el momento el BCRA le transfirió $204.245 millones
($77.245 millones el 31 de mayo y $127.000 millones el 20 de agosto, estos
últimos para hacer frente a la cancelación anticipada del REPO con bancos
extranjeros). Según el Estudio Broda, se estima que el giro potencial de
utilidades que aún le quedaría al BCRA para enviarle al Tesoro sería de más de
$370.000 millones. Pero así y todo los números no terminarían de cerrar. Por
eso como le gusta señalar al economista Rodolfo Santángelo de MacroView parece
que ya está precalentando al borde del área el jugador número 12: “la
maquinita”. Porque no quedará otra, que además de imprimir vía transferencia de
utilidades, habrá que emitir para afrontar los compromisos en pesos. Hay que
recordar que en diciembre se registra el mayor déficit fiscal del año.
El BCRA ya comenzó
a “conversar” con el Fondo el tema monetario, bajo la fachada del recálculo de
las metas. De modo que, dada la delicada situación macro y financiera, el Fondo
también deberá “tragarse otro sapo” a fin de año, con el retorno de la
“maquinita” y después renegociar el programa ya con el nuevo Gobierno.
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