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El Fondo Monetario recién evaluará enviar el crucial dinero
pendiente después de las elecciones de octubre. La
cúpula del FMI adoptó todas las medidas burocráticas posibles para estirar al
máximo los plazos y negociar el giro de divisas con quien gane el 27. En Washington consideran que ese día Alberto
Fernández será el nuevo Presidente. En caso de que -con
sorpresa- haya balotaje, el desembolso se demoraría hasta diciembre.
Con esta resolución política,
el Fondo pondrá en “máximo estrés” a la Argentina: la economía necesita antes
de fin de año 7.000 millones de dólares frescos para cerrar sus precarias
cuentas. Ahora en Wall Street los informes confidenciales del JP Morgan,
Merrill Lynch y Moody’s advierten a
sus clientes sobre un eventual default. La posición del
organismo se desprende de las propias y frías declaraciones de su vocero. Gerry
Rice confirmó este jueves que Hernán Lacunza viajará a fin de mes para hablar del
desembolso.
El encuentro con la
cúpula del Fondo sería el 24 de septiembre. Aun cuando le fuera excelente al
ministro en su negociación, el burocrático cronograma para aprobar el
desembolso diferiría todo para después de octubre. En otras palabras: el FMI no va a anunciar la postergación del
giro, pero va hacer todo lo necesario para la estirar los plazos y
negociar con el presidente electo.
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