|
Por Santiago Dapelo
- Después del golpe, llegó la respuesta. El presidente Mauricio Macri cambió la
ortodoxia económica que rigió su administración durante casi cuatro años por el
pragmatismo explícito. En un mes, tras la durísima caída en las PASO, el
Gobierno volcó a la calle unos 100.000
millones de pesos con el objetivo de recortarle votos al
kirchnerismo y forzar el ballottage.
La apuesta es a todo o nada, así lo viven en la
Casa Rosada. Aunque reconocen que se trata de una aventura complicada, la meta
que se propusieron Macri y su equipo es llegar a la segunda vuelta, en
noviembre. De esa forma, tras el impacto de las primarias -a Alberto Fernández lo votaron
12.202.770 personas (49,49%), mientras que a Macri lo eligieron 8.121.416
(32,9%)-, el Gobierno sacó la artillería en busca de lo que algunos
funcionarios cercanos al Presidente presentan como un "milagro"
electoral.
En total fueron 15 medidas las que puso en marcha
el jefe del Estado: 11 anuncios destinados a aliviar los efectos de la
devaluación del peso tras las PASO y otras cuatro para estabilizar la economía.
Casi todas las decisiones estuvieron enfocadas en el mismo segmento: la clase
media. Y el costo total de las medidas, tanto a nivel Nación como en las
provincias, es de unos $100.000 millones. Desde el Gobierno aseguraron que
ninguna medida afectará el objetivo del déficit cero, meta central del programa
que acordó con el FMI. "La situación económica lleva muchos meses de
dificultades, lo que ha repercutido claramente en el poder de compra del
salario, y eso genera bronca, decepción y angustia. Eso es lo que se manifestó
en la elección. Nosotros entendemos el mensaje de las urnas, el Presidente ha
tomado nota y ha hecho algunos cambios en su política económica", dijo
a LA NACION el ministro del
Interior, Rogelio Frigerio.
La primera reacción se dio apenas tres días después
de las PASO. Con el dólar en una espiral ascendente sin control, antes de la
apertura de los mercados, el Presidente anunció un paquete de medidas
tendientes a paliar el efecto de traslado a precios de la devaluación abrupta
del peso.
La batería
de medidas incluyó la
suba del mínimo no imponible del impuesto
a las ganancias -quedó en $55.376 para un trabajador soltero y en
$70.274 para un trabajador con cónyuge a cargo y dos hijos-, lo que permitió
una mejora en promedio en el sueldo de bolsillo de alrededor de 2000 pesos por
mes. Macri también dispuso que los trabajadores en relación de dependencia no
pagaran sus impuestos al trabajo durante septiembre y octubre, y los
monotributistas no pagarán el componente impositivo de su cuota en septiembre.
Por su parte, los trabajadores
informales y desempleados recibieron en septiembre y también en
octubre un pago extra de $1000 por hijo,
anuncio que beneficia a quienes perciben la AUH.
Macri además firmó un decreto para que los empleados de la administración pública nacional y las fuerzas de seguridad federales reciban
un bono de $5000.
En la primera reacción oficial después de las
elecciones primarias del 11 de agosto, la AFIP lanzó un plan que da 10 años de
plazo para ponerse al día a las pymes y también a los autónomos y
monotributistas. También se amplió de seis a 10 la cantidad de planes
permanentes que pueden tener abiertos al mismo tiempo las pymes. Y el gobierno
nacional decidió congelar el precio de la nafta y del resto de los combustibles
por 90 días. Los efectos de todas estas medidas tuvieron un impacto sobre 20
millones de personas.
Dos días después de aquello, Macri presentó la
eliminación transitoria del IVA para productos de la canasta básica y la
suspensión del aumento por inflación de los créditos hipotecarios UVA, en ambos
casos hasta diciembre. El mensaje, fundamentalmente, fue nuevamente para las
clases media y media baja, base de los triunfos del Presidente en 2015 y 2017,
que por el efecto de la extensa crisis económica decidieron darle la espalda en
las primarias.
A todo esto se agregaron algunas acciones concretas
para frenar la suba del dólar y llevar calma a los mercados. En ese sentido,
hace 18 días, con apenas unos días al frente del Palacio de Hacienda, Hernán
Lacunza dio a conocer el "reperfilamiento" de la deuda. Y dos días
después, el Gobierno anunció una nueva regulación en el mercado de cambios, que
impone un tope para la compra de dólares de 10.000 por mes.
En paralelo, el Ministerio de Desarrollo Social, a
cargo de Carolina Stanley, reforzó la adquisición de alimentos por sistemas de
compra de emergencia y urgente. Además, aumentó un 43% el valor de las raciones
de comedores comunitarios. Y desde el 1º incrementó un 41% el monto de la beca
que se abona por niño en el marco del plan nacional de primera infancia, y
siguen vigentes los programas Precios Cuidados y Productos Esenciales, con 560
productos. "El mensaje de las urnas fue contundente. Entre 2017 y las PASO
dejamos ocho puntos en el camino. Algo teníamos que intentar", admitió un
hombre de consulta de Frigerio y Lacunza.
El Gobierno también cerró un nuevo salario mínimo
vital y móvil, que a partir de octubre será de $16.875. Además, se
incrementaron los montos correspondientes al mínimo y máximo de la prestación
por desempleo durante agosto, septiembre y octubre. "Esperamos que con
este conjunto de medidas podamos llevar tranquilidad a la sociedad",
describió Frigerio. A esto se sumarán otras tres medidas: la implementación de
la tarjeta alimentaria para trabajadores desocupados o suspendidos y el pago de
un bono para los trabajadores del sector privado. Por último, esta semana se
aprobará en el Congreso de la emergencia alimentaria.
|