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Por Jorge Herrera
- El sainete generado por los controles cambiarios con relación al pago de un
bono privado la semana pasada inyectó nuevas dudas en el mercado. Y si algo no
se necesitaba, en estos momentos, eran más dosis de incertidumbre. Sobre
todo porque de aquí a fin de año se acumulan vencimientos de deuda privada y
pública por casi u$s5.400 millones. Al respecto, no es preciso recalcar
por qué es “imperioso” el desembolso pendiente del FMI.
Según datos del
mercado y de Hacienda, en lo que resta de 2019 hay vencimientos de capital
e intereses de bonos en
dólares bajo ley local por u$s4.700 millones de deuda soberana, u$s360 millones
de deuda provincial y más de u$s300 millones de deuda corporativa. Hay
además otro tanto en bonos corporativos en dólares bajo ley externa. Ocurre que
en el caso en cuestión (una ON de IRSA) la compañía había depositado el capital
e interés correspondiente, pero los tenedores del bono (ticker IRS19) con
custodia en cuentas en el exterior no vieron acreditado el pago (a diferencia
de los tenedores locales). De ahí la inquietud generada entre bonistas y el
mercado en su conjunto, además de lo relacionado con la deuda provincial. Se
espera que el BCRA emita alguna aclaración al respecto para zanjar
las diferentes interpretaciones y así saltar obstáculos que compliquen el
estatus de riesgo, principalmente, de empresas y bancos. Desde el BCRA
señalaron a este diario que “en los próximos días harán las aclaraciones y
ajustes necesarios de forma que el requisito de conformidad previa no resulte
en un impedimento al pago de las deudas”. La idea es que el control de
cambio no afecte a las empresas que tengan deudas por pagar. Ahora resta
esperar. Por lo pronto, ya se vienen nuevos vencimientos, tanto corporativos
como provinciales, y demás decir de soberanos (ver cuadro aparte).
Para tener una idea
del panorama general, a horas de las PASO la calificadora S&P
había destacado que las principales empresas con bonos que vencían este año
eran YPF (“B”) con u$s1.000 millones; Telecom (“B ”) con u$s500
millones; Compañía General de Combustibles (“B-”) con u$s300
millones; Pan American Energy (no calificado) con u$s333
millones; Mastellone (no calificado) con u$s200 millones y Transener (“B”)
con u$s100 millones. Era, sin duda, otro contexto. Vale recordar que en julio
pasado, previo a las PASO, las empresas aún podían recurrir al mercado de
capitales colocando bonos al 8% y 9% anual, como hizo YPF (u$s500
millones); Telecom (u$s400 millones) y Pampa Energía (u$s300
millones). “La tendencia podría continuar en agosto y septiembre si el mercado
percibe una mayor probabilidad de continuidad de las políticas”, señalaba en
ese entonces S&P. El resto es historia.
Respecto a los
riesgos de refinanciación de la deuda corporativa, la calificadora
sostenía que las necesidades eran manejables para las corporaciones hasta 2024,
con vencimientos anuales que van desde u$s1.300 millones hasta u$s2.500
millones, lo que es menos dramático con relación al apogeo de emisiones
2016-2017. Sin embargo, ponía reparos si las condiciones económicas empeorasen,
así el mercado podría volverse más restringido, lo que desafiaría en particular
a aquellas corporaciones que necesitan refinanciar en 2021 cuando vencen
u$s2.500 millones en bonos internacionales. El talón de Aquiles es la
exposición cambiaria, “un riesgo generalizado para las empresas argentinas que
se podría convertir en una amenaza real si el peso se deprecia aún más”, decía
S&P. De acuerdo con datos del BIS, el promedio de deuda en moneda
extranjera con respecto a la deuda total era del 76% a marzo pasado, lo que
resulta muy elevado en comparación con el 38% en Brasil, 36% en Chile y 71% en
México.
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