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Por Juan Strasnoy Peyre
- Por las trabas, aún irresueltas, que impuso el cepo a las empresas para
cancelar sus vencimientos de deuda con acreedores no residentes en el país, se
incrementan los reclamos al Banco Central.
Es que, tras la caída en default técnico de dos firmas argentinas, analistas
advierten que el stock de compromisos externos del sector privado que corre
riesgo de caer en la misma situación supera los US$80.000 millones. A eso se
suman US$12.000 millones en títulos emitidos por provincias, que tienen una
restricción similar.
El lunes, el BCRA dispuso una
flexibilización del control de cambios para el pago de deuda externa, que dejó
al margen a las empresas y las provincias. La entidad que preside Guido
Sandleris colocó un nuevo parche al cepo: habilitó los giros de dólares al
exterior para las entidades depositarias, como la Caja de Valores, que
provengan del cobro de vencimientos de instrumentos emitidos por el Tesoro
nacional para evitar que la cesación de pagos de las Letes, Lecap, Lecer y
Lelink para personas jurídicas, anunciada por el ministro Hernán Lacunza hace
tres semanas, se extienda a las personas físicas o a otros títulos.
A pesar de que tanto
la constructora Irsa como la alimenticia Yuspe cayeron en default técnico por
dificultades en sus pagos, el Central excluyó al sector privado de esa
posibilidad. Consultadas por BAE Negocios, fuentes de la entidad
evitaron precisar si habrá nuevas enmiendas al control de cambios que resuelva
estos inconvenientes y se limitaron a señalar: "Se están estudiando
aclaratorias en distintos temas". Mientras tanto, la entidad evaluará caso
por caso antes de habilitar los giros.
El volumen de deuda
externa de las empresas hoy en riesgo supera los US$80.000 millones y equivale
al 16,3% del PBI.
Este stock creció abruptamente durante el Gobierno de Mauricio Macri y en la
actualidad es 24% mayor al del cuarto trimestre de 2015 e incrementó en 60% su
peso en la economía (antes representaba poco más del 10% del producto). Sobre
todo en 2017 cuando, a la apertura a los mercados financieros, se sumó el
rebote de la actividad económica tras la recesión de 2016.
"La opción de
endeudarse a tasas menores que las locales era tentadora y las perspectivas de
ingreso de divisas por Lebac y deuda pública permitía proyectar un peso
apreciado en el mediano plazo, abaratando relativamente los pasivos en
dólares", señaló Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina. Así, muchas
empresas con ingresos en pesos se volcaron a mercados externos, como
Irsa, Cablevisión y
varios bancos, entre otras. Crisis y megadevaluación mediante, ese panorama se
desvaneció.
"Estas firmas,
que pierden ventas por la menor demanda interna, ven además aumentar el peso de
su deuda (ingresos en una moneda que se deprecia). Si encima no pueden
conseguir los dólares al oficial, pasar por el contado con liqui con una brecha
creciente deteriorará muchísimo su hoja de balance", explicó el analista.
Y advirtió: "Si bien el sistema de préstamos local no parece en riesgo,
las deudas en el exterior podrían traer nuevos problemas". Un factor más
que podría alimentar la dinámica recesiva.
Muchas provincias
están en una encerrona similar. Tras el pago a los fondos buitres, muchos
distritos emitieron al mismo ritmo que el Gobierno nacional. En total,
colocaron US$12.336 millones. Las más complicadas, por el peso de sus
vencimientos sobre la recaudación y la alta proporción de deuda en dólares, son
Chubut y Córdoba.
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