|
Por Marcelo
Elizondo - Hay un relativo consenso en relación
con que el incremento de las exportaciones es un requisito
para la recuperación económica. Nuestro país (que exportó en 2018 solo
US$61.000 millones en bienes y US$14.000 millones en servicios, y que está
mostrando un débil crecimiento -menos de 4%- en lo que va de 2019) es apenas el
52vo exportador del mundo y está en ese ranking muy por
debajo de economías más pequeñas.
Hay numerosos
obstáculos vigentes. Pueden destacarse como principales la dificultad para
consolidar una sólida economía de mercado; la inestabilidad en el marco de
referencia político, legal y regulativo; los aún escasos avances en acuerdos de
apertura económica recíproca con otros países; el retraso en infraestructura,
capital humano y capacidad de oferta interna de servicios públicos y privados
requeridos para la inserción internacional; y la carencia de un ecosistema de
empresas con atributos competitivos internacionales.
Exportar más y
mejor no será, pues, un resultado de algunos pocos retoques del ambiente de
negocios, sino el efecto de cambios profundos. Además de aquel consenso en
relación a que hay que exportar más, es precisa una admisión de qué es requerido
para ello. Y especialmente comprender que las empresas internacionales -aun
las pymes, entre las que McKinsey destaca las que denomina
micromultinacionales- que logran éxitos sostenibles, ya no "exportan"
en sí, sino que "se vinculan" operativamente generando valor con
otras en diferentes mercados en sistemas transfronterizos y complejos de
inversión, generación de conocimiento, formación de arquitecturas vinculares
sistémicas, adquisición de experiencias productivas compartidas, operaciones de
compra y venta de bienes y servicios transfronterizas posteriores y evolución
compartida. Esto es: ya no hay comercio internacional sino negocios
internacionales. Y, para ello, el éxito no depende solo de la empresa
sino también de su contexto.
La economía mundial
está en medio de un sustancial proceso de cambio que, entre varias columnas, se
apoya en lo que se conoce como "globalización 4.0", en la que el
conocimiento, la información, la ingeniería, la innovación, la invención, el
know how, la propiedad intelectual, las comunicaciones como sistema de
operación, las patentes y los intangibles varios se conforman en el motor del
valor creado.
Hace unos meses, el
Foro Económico Mundial publicó un trabajo ("Informe sobre la preparación
para el futuro de la producción") en el que analiza cien economías
mundiales y efectúa una previsión sobre la capacidad que tienen de insertarse
en la economía global. El Foro basa las posibilidades de éxito con base a la
estructura de producción en dos visiones: la escala y la complejidad (la
primera más apuntada al volumen, la segunda a la calidad de la economía).
En el mismo
encuentra seis drivers para la producción que conducen al éxito en la inserción
económica internacional: tecnología e innovación, capital humano (capacidades de
las personas, actuales y futuras), globalidad en comercio e inversiones
(apertura comercial, facilitación de comercio exterior, avances en acceso a
mercados externos, condiciones para inversiones y financiamiento internacional,
capacidad en infraestructura para la internacionalidad productiva), calidad
institucional (respeto de los derechos de propiedad e individuales, eficiencia
y efectividad de la administración pública), sustentabilidad en recursos
(disposición de energía y recursos naturales) y el entorno y calidad de la
demanda local (tamaño del mercado local y sofisticación de los consumidores).
Así, el informe
categoriza cuatro tipos de países: los "líderes" (que son fuertes hoy
en materia productiva pero que además tienen gran capacidad de adaptarse a los
disruptivos cambios inminentes), los países "legado" (que son fuertes
y poderosos económicamente hoy, pero están en riesgo por dificultades de
adaptación a los cambios económicos futuros), los países con "gran
potencial" (que hoy tienen una limitada base productiva pero que podrían
adaptarse al nuevo escenario), y los países "nacientes" (que muestran
hoy limitada capacidad pero además exhiben bajas condiciones para adaptarse a
las condiciones requeridas).
En el primer grupo
están Alemania, China, Reino Unido y Estados Unidos -entre muchos otros- y no
hay latinoamericanos. En el segundo figuran (entre varios) Rusia, Turquía e
India, y el único latinoamericano es México. En el tercero aparecen Australia,
Nueva Zelanda, Emiratos Árabes y Qatar, y no hay latinoamericanos. Y en el
cuarto está la mayoría (más de 70 países), y allí aparece la Argentina, junto a
la mayoría de los latinoamericanos.
En el análisis de
cada país, la Argentina (puesto 62 entre 100 países) es calificada por el Foro
con la peor nota relativa entre las seis materias relevadas en "globalidad
en comercio en inversión" (3,1), además de lograr malas calificaciones en
"tecnología e innovación" (3,8) y en "calidad
institucional" (4,1). Las mejores notas las obtiene en
"sostenibilidad de la provisión de recursos" y en "capital
humano". En conclusión, exportar más es un requisito, pero también lo son
las bases para que esas exportaciones mejoren.
|