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Por Pablo Wende - Alberto
Fernández realizó una breve visita a Bolivia sobre el cierre de la semana.
En una entrevista exclusiva con Infobae el viernes, al ser consultado
sobre el "modelo" implementado por Evo Morales, decidió destacar el
aspecto tributario: "Con un régimen impositivo que grava más
severamente a los más poderosos, Bolivia logró equilibrar las cuentas públicas
y también consiguió mayor equidad en la distribución del ingreso".
El candidato
presidencial de Frente de Todos metió de esta forma en la discusión sobre lo
que se viene después de diciembre un posible cambio en el sistema tributario
argentino. Y todo parece apuntar a un esquema en el que el peso recaiga de
manera más contundente sobre aquellos que tienen mayor capacidad a la hora de
pagar impuestos.
Una columna
publicada por Marcelo Zlotogwiazda también en Infobae este
viernes, apunta en esa dirección. Con el título "Juntando plata
para Alberto Fernández", el periodista y economista considera que una de
las soluciones para el déficit fiscal argentino sería "cobrarle un
impuesto al patrimonio de los millonarios, que acabe con el hazmerreír del
actual impuesto a los Bienes Personales, que recauda montos obscenamente
bajos".
La amenaza latente
de un aumento de la carga fiscal sobre el patrimonio puso en alerta
especialmente a quienes entraron en el blanqueo que culminó en abril de 2017.
En aquella ocasión, se "sinceraron" nada menos que 116.000 millones
de dólares, una cifra récord. De ese total, un 77% fueron cuentas e
inversiones. Uno de los secretos fue la posibilidad de mantener el
patrimonio declarado en el exterior, es decir no hacia falta repatriar los
capitales.
Para hacer más
atractivo el sinceramiento, el Gobierno bajó la alícuota de Bienes Personales
al 0,25% anual. Pero menos de un año después, la reforma tributaria impulsada
por Nicolás Dujovne volvió a subirla al 0,75%, su nivel actual.
El riesgo concreto
es que ahora se venga un nuevo cambio de las reglas de juego y ese 0,75% anual
sufra otro nuevo y sustancial incremento. Bienes Personales llegó a tener un
nivel máximo de 1,25%, pero sobre un patrimonio superior a los 100.000 dólares.
Ahora, con apenas 1,2 millones de pesos ya se estaría dentro de la base
imponible. Es decir que el impuesto lo pagan quienes poseen bienes por más de
20.000 dólares.
Alberto Fernández
empezó a introducir en la agenda la posibilidad de "gravar a los
poderosos", con dos fines: achicar el déficit fiscal pero también mejorar
la distribución del ingreso. Se trata no sólo de conseguir nuevas fuentes de
financiamiento para el gasto público, sino también dar una señal a su base
electoral. El mensaje que hay detrás de esta iniciativa sería algo así: estamos
en crisis y los "ricos" deben hacer el esfuerzo para ayudar a los
pobres.
El propio Sergio
Massa había señalado en abril cuando todavía era precandidato a presidente
por su partido que "no hay que tener miedo de cobrarles más impuestos
a los que tienen plata afuera". En aquel momento se le dio poca relevancia
a sus palabras porque medía muy poco en las encuestas. Hoy es un engranaje
relevante dentro del armado político que Cristina Kirchner diseñó para el
Frente de Todos.
Advertidos por este
impredecible cambio en las reglas de juego, son muchísimos los que ahora se
arrepienten de haber ingresado en el sinceramiento fiscal. Los estudios de
contadores y asesores tributarios que ayudaron en el proceso de blanqueo, ahora
reciben decenas de consultas a diario para ir en sentido contrario, es decir
dar marcha atrás y quedar menos expuesto a una excesiva presión tributaria
sobre los activos declarados.
Massa, hoy pieza
clave en frente de todos, ya había propuesta como diputado del Frente Renovador
la posibilidad de aplicarle un impuesto diferencial a las cuentas en el
exterior. Sin embargo, aquella propuesta fue desechada porque se la consideró
que el impuesto debía aplicarse en forma equitativa, no importa si los bienes
se mantienen dentro o fuera de la Argentina. Pero nada impide que ahora se
avance en una idea similar.
Son numerosos
además los argentinos que en las últimas semanas decidieron viajar a Uruguay para
abrir cuentas no declaradas en ese país, cuando la mayoría se había cerrado en
2017.
Sin embargo, el
proceso de revertir bienes sincerados resulta muy complejo o requiere de
decisiones extremas: algunos argentinos optan por volverse residentes en otros
países para dejar de tributar en el país (Uruguay, Paraguay y Estados Unidos
son los destinos favoritos). Pero eso requiere demostrar que efectivamente se
está viviendo allí por lo menos seis meses por año. Existen otros mecanismos
más sofisticados y legales, pero sólo al alcance de las grandes fortunas.
Claro que una
medida de estas características tendrían un condimento mucho más político que
económico. ¿Realmente se puede cerrar la brecha fiscal duplicando o triplicando
Bienes Personales? En realidad es realmente poco lo que se podría conseguir en
términos de recaudación. Pero sí resulta muy efectivo para satisfacer a la
base de electores que apoya a Alberto Fernández, apuntando su enojo sobre
quienes apoyaron abiertamente la gestión de Mauricio Macri, por ejemplo
entrando masivamente en el blanqueo de capitales.
En realidad, el
principal instrumento que tiene a mano el próximo gobierno para que no se
dispare el déficit es reestructurar la deuda, estirando los vencimientos
de capital para después del 2025 pero además reduciendo sustancialmente la
carga de intereses de los próximos años. El ahorro estaría en niveles
cercanos a los USD 20.000 millones anuales, lo que le permitiría al nuevo
gobierno no depender del financiamiento de los mercados. Claro que todo a costa
de un canje de deuda con quita.
Además de
renegociar la deuda, hay otras dos medidas que prepara Alberto Fernández en
caso de que gane las elecciones del 27 de octubre: restringir todavía más
el control de cambios para "cuidar las reservas" y convocar a un
pacto social con la CGT y los empresarios para evitar una espiralización de la
inflación y salir muy gradualmente del congelamiento de tarifas y
alimentos esenciales.
Si gana, Alberto
Fernández no tendrá una "luna de miel" con los mercados pero sí el
poder suficiente como para tomar decisiones fuertes en las primeras semanas de
su mandato. Pero tendrá esa bala de plata para tratar evitar un colapso de
la economía y un desborde de los precios que dejarían a la Argentina al borde
de un fantasma que acecha después de muchos años: la hiperinflación.
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