|
Por Daniel Sticco - La economía tuvo un cambio
singular, tanto en lo que respecta a la situación financiera y cambiaria, como,
por derivación, en el sector real de la actividad productiva, comercial y de la
perspectiva que se tenía de posible recuperación de los ingresos reales hasta
el 9 de agosto, a partir del resultado de las PASO.
Un
factor clave determinante del violento punto de giro se originó, una vez más en
menos de 2 años, en el factor "sorpresa", como lo definió Lorenzo
Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina, la consultora que había creado el
ex ministro de Economía Roberto Lavagna, en la previa al inicio formal de esta
entrevista. Ese factor sorpresa fue la violenta devaluación que derivó en aceleración de la inflación y nueva caída del salario real y de los haberes jubilatorios,
a tasas de dos dígitos altos en varios sectores.
¿Por
qué cayeron los salarios muy fuerte desde 2018?, se preguntó Lorenzo Sigaut
Gravina. "Porque hubo todas sorpresas inflacionarias, y
cuando eso ocurre, en todos los contratos nominales, como son los salarios y
las jubilaciones, sufren un severo deterioro. Recuerde que a fines de 2017, cuando tuvo lugar
la 'famosa' conferencia de prensa del Jefe de Gabinete,
junto al entonces presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, y los ex
ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Finanzas, Luis Caputo,
la meta de inflación para 2018 era de un rango de 8% a 12%, se subió a 15%, y
terminó en casi 48%, con paritarias en el medio que se había negociado con
pautas de 25% a 30%. Y para 2019, cuando justamente, se decía que la inflación
comenzaba a estabilizarse en un sendero descendente, a un ritmo de 2% en
agosto, hubo otra sorpresa inflacionaria que es siempre desagradable, derivado
de otro shock cambiario, que volvió a revertir las expectativas de mejora de
los ingresos reales", se respondió.
– ¿Cuáles fueron los disparadores de la última
sorpresa inflacionaria, cuando parecía que comenzaba a tener efecto la restricción
monetaria y la baja del déficit fiscal, derivados del acuerdo II con el Fondo
Monetario, en septiembre de 2018?
– El principal disparador fue que la economía estaba vulnerable frente a
cualquier salida de capitales. Y cuando se depende mucho del flujo de capitales
del exterior lo que ocurre es que cuando vienen todo parece funcionar perfecto,
pero cuando se van dejan un problemón. ¿Qué gatilló la primera salida, en abril
de 2018?, unos sostienen que fue el desarme de la posición de Letras del Banco Central
(Lebac) por parte de un grupo de fondos de inversión, otros culpan al efecto de
la citada conferencia del 28 de diciembre de 2017, porque minó la credibilidad
de la autoridad monetaria; otros la atribuyen a la perspectiva de reducción de
las tasas de interés de los EEUU; la subestimación de la sequía. Toda esa
combinación hizo que el saldo neto de salida de capitales fuera altamente
negativo.
En 2017 la Argentina tenía un déficit de cuenta
corriente de la balanza de pagos de 5% del PBI, más de USD 30.000 millones. Eso
implicaba que había comenzado 2018 con una necesidad de 35.000 a 40.000
millones de dólares, que justamente, no se tuvieron.
– Ese cuadro fue lo que derivó en el pedido de
asistencia extrema al Fondo Monetario en mayo y se efectiviza en junio de 2018,
y después de desprolijidades iniciales, por inconsistencias entre instrumentos
y objetivos, se logra un acuerdo II en septiembre por USD 57.000 millones, de
los cuales hasta julio 2019 ya habían ingresado unos USD 45.000 millones ¿Qué
falló?
– Que la salida de capitales continuó por la desconfianza de los privados, y
con los ingresos del FMI se pudo compensar esos egresos. Y aun así había
déficit externo, que se cubría con caída de las reservas, por los pagos de los
vencimientos de deuda que no se renovaban, generando un movimiento de serrucho.
Todo eso se precipitó tras el resultado de las PASO, a partir de un resultado
electoral que sorprendió a los mercados, porque esperaba un empate técnico; que
Macri seguía, continuaba el apoyo de la comunidad financiera internacional, y
por tanto eso constituía la garantía de que se iban a pagar las deudas.
Y los
mercados siempre sobre exageran, pensaron que con el triunfo en las PASO del
Frente de Todos venía el regreso de Cristina Fernández de Kirchner, lo cual es
cierto, pero como vicepresidente. Y la verdad es que habrá que ver qué gobierno
tiene Alberto Fernández con sus políticas si, como todo indica, ratifica el 27
de octubre el resultado de las PASO.
– ¿Cómo cree que influyeron las declaraciones de
Alberto Fernández, previó al resultado de las PASO en la reacción de los
mercados financieros y cambiario después de las elecciones, sobre que habría
que destinar la mitad del pago de la tasa de las Leliq al aumento a jubilados,
en lugar de pagarle a los bancos; sobre que los giros del FMI se usaron para
financiar la salida de capitales; que un tipo de cambio de $60 parecía
razonable; sobre el control de capitales, y la necesidad de proteger al mercado
interno?
– Primero, son declaraciones en campaña. Si fuese parte de los inversores
extranjeros le restaría un poco de valor a esas palabras que se dicen en
campaña electoral. Para mí las que más valen son las pos resultado electoral
del 27 de octubre, o cuando se defina el presidente electo.
– ¿Ve un problema en la Argentina derivado de que
la mayor parte del electorado votan por un cambio, que se manifiesta anti FMI,
anti flujo de capitales externos; y los mercados financieros que votan por otro
camino?
– Justamente, el hombre de Estado, quien gobierna, tiene que poder responder a
ambas partes. En 2017, parte de la ciudadanía que hoy vota
en contra del Gobierno, cuando la inflación bajaba y había crecimiento le dio
un espaldarazo muy fuerte a la gestión de Cambiemos. ¿Qué pasó desde entonces
hasta hoy? Una crisis económica, y se la culpa al gobierno de turno, independientemente de la
extracción política. Me parece que el votante no es tan sofisticado para votar
a favor o en contra del Fondo, pero sabe que cuando hay crisis se castiga a
quien conduzca; y cuando la economía está bien lo vuelve a votar.
– Con ese escenario, el Gobierno cumplió con la
formalidad de la presentación del Presupuesto 2020 el 16 de septiembre. ¿Cuál
es su primera percepción de los supuestos macroeconómicos y distribución del
gasto?
– En primer lugar tengo que decir que veníamos de una práctica
presupuestaria de subestimar la inflación, y así surgen las sorpresas, donde
los ingresos crecen más rápidamente que los gastos, los cuales se van
acomodando lentamente. Es un proceso que viene desde el tiempo del kirchnerismo que permitía asignar
parte de los recursos discrecionalmente. Eso no ha cambiado demasiado, pero
ahora se da la paradoja que este proyecto lo hace un gobierno que todo indica
que es de salida. Por eso estimo que no se va a votar el Presupuesto 2020 hasta
que termine todo el proceso electoral, lo más probable es que se trate después
del 10 de diciembre cuando, además, habrá una nueva composición del Congreso.
– ¿Y en lo particular, en lo que respecta a la
distribución del gasto, donde dos tercios del total, antes del pago de
intereses de la deuda, corresponde al flanco social: jubilaciones, pensiones y
asignaciones familiares de todo tipo, qué grado de libertad cree que tenderá el
próximo gobierno para hacer reasignaciones de partidas, o tendrá que trabajar
más por el lado de los ingresos?
– Lo que dice el Proyecto de Presupuesto 2020 es que en 2019 casi se va a
cumplir la meta de equilibrio primario, antes del pago de intereses, después de
un ajuste muy fuerte desde 2018, ya que pasó prácticamente de casi 4 puntos de
PBI de déficit en 2017 a casi cero, habrá que ver el impacto final de la crisis
sobre los ingresos en lo que resta del año. Y el objetivo para 2020 es cerrar
con un superávit primario de 1% del PBI, comprometido con el Fondo Monetario.
– ¿Cree que un gobierno de Alberto Fernández va
aceptar la exigencia de alcanzar un superávit fiscal primario de 1% del PBI, o
retornará al déficit?
– Me parece que en el mejor de los casos el próximo presidente lo que puede
decir es: "no voy a seguir con el ajuste, sí voy a seguir haciendo la
consolidación fiscal", pero no va a tener margen para volver al déficit.
Si hereda un equilibrio primario es muy probable que lo quiera sostener. Pero
no mucho más, porque la situación de deuda no permite volver a un desequilibrio
fiscal de 3% del PBI.
Y
lo que dice el Gobierno es que propone seguir reduciendo subsidios económicos;
recortar las obras y continuar con la disminución de las transferencias
discrecionales a las provincias, porque por otro lado se va a terminar
restituyendo el 15% de la coparticipación que se había destinado a la Anses,
detrayendo de la masa coparticipable. De ahí que las
gobernaciones recibirán más por la vía de las transferencias automáticas, y por
tanto podrán mantener sus superávit primario. Y por el lado de los ingresos no se prevén
demasiados cambios.
– ¿Cree que el próximo gobierno va a mantener la
eliminación del IVA para un conjunto de alimentos esenciales?
– Ese será un tema interesante, porque el gobierno nacional coparticipó el
costo de la reducción del IVA. Y si se vuelve a restablecer provocará una
aceleración inflacionaria y una nueva reducción del poder de compra de los
ingresos de los trabajadores.
– Y recreará el malestar de gran parte de los
votantes del Frente de Todos…
– Por supuesto. Y ahí sí van a reaccionar los gobernadores porque dirán que se
estará prorrogando un costo fiscal para el conjunto de las provincias.
– ¿El Presupuesto fue elaborado con el supuesto que
se mantiene la alícuota cero para determinados alimentos, porque en el cuadro
de "gastos tributarios" se estima ese efecto en unos $90.000
millones?
– Creo que no, porque si ve el cuadro de proyección de la recaudación se
observa que lo previsto por IVA, neto de reintegros, crece en términos del PBI.
Ahí cabe esperar una negociación en el debate legislativo.
– ¿Si se prorroga la rebaja selectiva del IVA, las
meta de recaudación y de superávit primario se podrán cumplir?
– No, por eso creo que Alberto Fernández no podrá llegar
al superávit primario de un punto del PBI, pero tampoco podrá volver a incurrir
en déficit, sino tender a mantener el equilibrio que no está mal. Pero veremos,
porque en ese compromiso del gobierno actual está el acuerdo con el Fondo
Monetario, y con el Frente de Todos la relación se puso tensa porque una de las
frases fuertes de Alberto Fernández después de una reunión con funcionarios del
organismo, no sólo criticó a Cambiemos por la crisis,fue que además le echó la
culpa al FMI de prestarle fondos para la fuga de capitales.
– Pero como usted dijo, Alberto Fernández, si es
electo presidente, le podrá decir al FMI que sus dichos deben leerse en clave
de campaña electoral, y que está dispuesto a continuar con la asistencia del
organismo. ¿En ese caso, cree que le podrá pedir una ampliación de la
asistencia financiera, o sólo el estiramiento de plazos de devolución?
– El estiramiento de plazos, seguro. Pero lo ideal sería,
una vez que gane las elecciones, que se siente a destrabar el sexto desembolso
de USD 5.400 millones que fueron postergados, porque lo necesita
desesperadamente, porque se ha cerrado todo el financiamiento externo, ya antes
de las PASO era mínimo, y después pasó a ser cero. E incluso el financiamiento
interno de las Letras del Tesoro también se frenó. Y Alberto Fernández
comenzará con una situación muy compleja de corto plazo, porque el Gobierno
reperfiló los vencimientos inmediatos de las Letes, Lecap y Lecer, en pesos y
dólares. Por
eso necesitará mantener la relación con el FMI, pero eso le exigirá mucha
diplomacia porque empezará con el pie izquierdo, más allá de que sus dichos
fueron parte de la campaña, y en diciembre se calce el traje de Presidente.
“Alberto Fernández necesitará mantener la relación
con el FMI, pero eso le exigirá mucha diplomacia porque empezará con el pie
izquierdo, más allá de que sus dichos fueron parte de la campaña, y en
diciembre se calce el traje de Presidente”
– ¿Qué podría ocurrir si se volviera a desistir de
la asistencia del FMI, buscará sólo estirar los plazos de pago de los USD
45.000 millones que ya recibió la Argentina?
– No creo que eso ocurra, pero si sucediese se iría a un escenario del tipo de
la crisis de 2002, de default unilateral, que costó mucho salir, recién en 2005
se logró un acuerdo con más del 70% de los acreedores, y en 2010 se completó el
93%. Si se quiere ir por el camino de renegociación amigable, como la de
Uruguay en 2003, o con quita moderada, se requerirá del apoyo del Fondo
Monetario, con una relación aceitada.
– ¿El control de cambios vino para quedarse?
– Sí, por la situación endeble que tenemos desde el inicio del año que viene,
por las Letras del Tesoro que fueron reprogramadas con inversores
institucionales y empresas.
– ¿Cree que se podría flexibilizar el control de
cambios para la liquidación de divisas de los exportadores, en particular de
las pymes que no pueden hacerlo a los 5 días del embarque, sino del cobro a 90
o 120 días?
– Es que si se flexibiliza el cepo cambiario, se corre el
riesgo de seguir perdiendo reservas en el Banco Central. Me parece que hay
margen para corregir el sesgo anti personas jurídicas y muy favorable para las
personas humanas, a diferencia de lo que ocurría con el kirchnerismo desde
fines de 2011.
Es un cepo muy duro para las empresas, incluso para girar sus depósitos en
dólares. En cambio, es más flexible para el pago de importaciones.
– ¿En el caso de que el 27 de octubre se confirme
el resultado de las PASO, que le parecen los supuestos macroeconómicos del
Presupuesto 2020 respecto de las proyecciones de Ecolatina?
– Me parece que son muy optimistas, con mucho crecimiento de las exportaciones,
aumento del PBI, recuperación del consumo privado. Ojalá que eso suceda, pero
me parece que el gran problema para el presidente electo es ver cómo resuelve
la exigencia de los vencimientos de deuda de corto plazo, si va a pagar las
Letras reprogramadas o las volverá a refinanciar. Hoy
la percepción del mercado es que se está en default y lo que habrá que hacer es
demostrarle lo contrario.
– ¿Ese escenario, que no parece de rápida resolución
afectará más a la actividad o a la inflación?
– A las dos cosas. Cuando se enfrentan este tipo de crisis es
muy difícil controlar el tipo de cambio, la inflación y evitar la recesión,
como ocurre desde mediados de 2018 y lo que va de este año.
|