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Por Luis Beldi - Como el
Bopomo en pesos que vence este lunes está en pocas manos, incluido un fondo
inversión de Estados Unidos, se prevé que se va a transformar en dólares a
través de operaciones de contado con liquidación, que el mercado bursátil se
está disputando para no perderse las comisiones.
El movimiento se
va a sentir en el mercado financiero que va a asistir a una inusual
triangulación de pesos, dólares billetes y bonos en dólares que están en
el exterior. El contado con liquidación puede subir o no de precio. Todo
depende de la paridad, porque si el dólar sube, neutraliza el alza de la
paridad a que el bono cotiza en pesos a pesar de esta emitido en dólares.
Pero lo que más
temen, los que van a cobrar el bono, es que el Banco Central comience a trabar
las operaciones de contado con liquidación, con inesperados cambios de reglas y
restricciones. No es la primera vez que la autoridad monetaria, acorralada por
las circunstancias, patea el tablero y rompe el reglamento sin ponerse
colorado.
La inflación y el
riesgo país, en tanto, crecen como amenazas para que el Banco Central pueda
mantener bajo control al dólar.
Quedó demostrada la
ineficacia de este particular cepo porque la inflación no cedió. Los precios
jamás siguieron el rumbo de los precios del dólar en el mercado oficial, sino
que se calcularon por los dólares MEP, los que comercializan con
bonos en la Bolsa, y el contado con liquidación. La economía está ajustada a un
dólar de casi 70 pesos.
Los alimentos
fueron los más castigados en la primera quincena del mes. Las frutas fuera de
estación que se importan, son el emblema de este movimiento. Un kilo de bananas
ecuatorianas -las otras son incomibles- puede llegar a $100 tanto en la ciudad
de La Plata como en las zonas de clase media de Buenos Aires. La uva toca
precios escandalosos. Viene de Chile y se vende a más de $300 el kilo. Por
supuesto, bananas y uvas importadas son de consumo masivo, pero hace tres
semanas la banana cotizaba a $65 y la uva a $120 y ahora contagiaron al resto
de frutas y vegetales.
Los alimentos que
se fabrican en la Argentina, tienen una enorme dispersión de precios por la
sencilla razón de que se rige por el mismo sentido con el que se manejan los
inversores en la plaza financiera: los vendedores no quieren los pesos y por
eso recargan los precios.
El dólar duplicó su
salida del país y la demanda desde las derrotas de las PASO. El remedio fue
peor que la enfermedad. Poner un mercado controlado para evitar que el precio
del dólar se traslade a la inflación, fue un fracaso.
El dólar mayorista
allí cotizó a $56,67, pero los empresarios ajustan por el contado con
liquidación o el dólar MEP que se aproximan a $70 porque saben que es el único
que van a conseguir cuando lo necesiten. No quieren pasar por la experiencia de
IRSA o las de una compañía de Gas a las que el Banco Central les trabó el giro
de divisas para pagar los bonos de deuda que emitieron.
Los importadores
mantienen sus existencias y las entregan con cuentagotas a precios inaccesibles
o pactan con el comprador que el día de pago le extienden la factura al valor
del dólar que se elija. El comprador no puede saber si cuando venda el producto
ganará dinero.
Por supuesto, la
sobrefacturación en este sector para cubrirse de las trabas del Banco Central,
a quien deben pedirle autorización para pagar lo que importan, están a la orden
del día.
Los
exportadores agropecuarios avisaron que no se van a quedar desnudos y van a
llegar al próximo Gobierno con un stock de soja, maíz y trigo que
los preserve. Como acto de colaboración, liquidarán alrededor de USD 100
millones diarios que es la tercera parte de lo que opera el mercado mayorista.
El Central tiene que vender una cantidad similar para evitar que la divisa se
escape.
La suerte del
Gobierno está atada al dólar. Si no hay reservas es imposible gobernar. Y
quedan pocas reservas. Con esa preocupación
Hernán Lacunza, el ministro de Hacienda, viajó a Washington con los números del
balance fiscal en un postrer intento de que el FMI le dé los
USD 5.400 millones que faltan del crédito comprometido para este mes. No se los
van a entregar. Es el objeto del deseo que guardan para el próximo presidente
con el que van a renegociar los plazos de la deuda ya sin Christine Lagarde en
la presidencia y con, supuestamente, hombres más duros y sin el apoyo de Donald
Trump.
Pero si el FMI no
tiene nada para entregar, esa re negociación van a ser ardua. Y hoy, aunque
para la Argentina USD 5.400 millones sepan a poco en comparación a todas las
divisas que debe conseguir en los próximos meses, son una botella de agua en
medio del desierto.
Cabe recordar que
ningún país entró en default con el FMI. Solo Sudán e Irán cuando estaban en
medio de una guerra. Los deudores del FMI son países, el resto de la deuda
externa está en manos privadas.
El Riesgo País, si
bien descendió unos puntos, seguirá su marcha alcista. Los bonos de la deuda,
tras el proyecto de reperfilamiento, caminan por un barranco que, a veces se
interrumpe, por alguna compra especulativa.
Lo que suceda esta
semana será un capítulo distinto a los que se vivieron en el mercado
financiero.
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