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Por Daniel Blanco Gómez n agosto las reservas internacionales
del Banco Central cayeron
un 20,3% del stock total o u$s13,799 millones (de u$s67.899 M a u$s54.100 M).
De esta manera, anotaron la peor caída mensual desde que el gobierno de
Néstor Kirchner canceó en enero de 2006 el crédito con el Fondo Monetario
Internacional (FMI), según el último informe de PXQ.
En este
contexto, la consultora que dirige el exviceministro de Economía Emmanuel
Álvarez Agis dio cuenta de las tres causas por las cuales mermaron
significativamente las reservas del BCRA en agosto. Y son las
siguientes: ventas de
Si bien
la disparada del tipo de cambio después de las elecciones PASO ( 33% en el mes)
y las dificultades para renovar deuda pública de corto plazo llevaron al
Gobierno a reperfilar los vencimientos de las letras en pesos y en dólares con
el objetivo de contener la demanda de dólares y evitar una caída mayor de las
reservas, la medida no hizo más que incrementar la desconfianza y el
pánico, llevando a un aumento en el ritmo de salida de los depósitos en dólares
y dolarización de activos en pesos, remarcó la consultora.
Afirmó
que con esa “insólita medida de reperfilamiento, el gobierno le agregó una
corrida bancaria a la ya desatada corrida cambiaria, además de no lograr evitar
la peor medida desde el punto de vista de los intereses políticos del
oficialismo: el control de cambios”.
Cabe
destacar que con el reperfilamiento de los vencimientos de letras en dólares el
Gobierno se ahorró casi u$s7.000 millones que hubiese tenido que pagar entre
fines de agosto y diciembre de este año y los “pasó” al 2020. Para PXQ, esta
medida tuvo como objetivo contener la salida de dólares por la cancelación de
deuda del Gobierno y así mitigar el impacto sobre las reservas.
No
obstante, consideró que la inclusión de las letras en pesos dentro del
reperfilamiento (las cuales sumaban cerca de u$s 5.400mill hasta fin de año)
respondió a un objetivo diferente: “evitar que los pesos que iban a quedar
en manos del sector privado fueran usados para demandar dólares generando, por
lo tanto, presión sobre el tipo de cambio y, eventualmente, caída de reservas”.
En
particular, agregó que en agosto la demanda neta de billetes y divisas del
sector privado no financiero (formación de activos externos) fue la más alta
desde que el BCRA publica los datos de balance cambiario (2003). Y que la
salida neta fue de u$s5.000 millones.
“Separando entre compra neta de billetes y
divisas vemos que en agosto la salida de billetes fue de u$s2.400 millones,
mostrando un aumento de 16% con respecto a julio de 2019, mientras que el
aumento más importante se observa por el lado de las divisas, cuya salida neta
creció 245% en agosto llegando a u$s3.500 millones”, destacó la consultora.
Del
informe se deprende además que las personas humanas y el sector real
(excluyendo oleaginosas y cereales) son los mayores demandantes de billetes y
divisas en términos netos, explicando juntos casi el 80% de la FAE total por
estos conceptos.
“En
particular vemos que la demanda de personas humanas es más importante en el
segmento de billetes (62% de la demanda neta total) mientras que el sector real
(ex oleaginosas y cereales) explicó casi el 55% de las compras netas de
divisas”, detalló.
En ese
contexto, añadió que según datos del BCRA, en promedio el 98% de los clientes
(personas humanas) que compran billetes lo hacen por menos de u$s10.000 y, en
términos de operaciones, el 60% de las mismas se realizan por debajo de ese
monto. Esto implica que el nuevo “control” de capitales implementado por
el Gobierno Nacional afecta nada más que al 2% de las personas humanas.
Por
otro lado, sostuvo que se puede apreciar el rol que tuvieron los fondos del FMI
para sostener el esquema anterior, y cómo la cuenta corriente cambiaria también
empezó a aportar divisas por el lado comercial, aporte que se espera que sea
mayor en los próximos meses tras el último salto en el tipo de cambio y la
consecuente recesión.
Y
concluyó al afirmar que el resultado de la propuesta de reperfilamiento de la
deuda de mediano plazo y la negociación con el FMI “serán claves para
determinar si alcanza con el esquema de control de cambios actual y cuánto
superávit de bienes y servicios se necesita para asegurar la sustentabilidad de
las cuentas externas”.
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