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Por Daniel Sticco - El Fondo
Monetario Internacional es un organismo de crédito multilateral creado en 1944
para financiar a los países afectados por la Segunda Guerra Mundial. La
integran 189 Estados miembros, de unos 220, que con sus cuotas de USD 692.000
millones generan una capacidad prestable de 1 billón de dólares, equivalente a
2 veces el PBI de la Argentina de un año.
Actualmente, el
organismo tiene comprometidas asistencias por un total de USD 189.000 millones,
de los que desembolsó sólo USD 55.000 millones, en su mayor parte a la
Argentina, que le adeuda hasta hoy USD 44.400 millones, como parte del
crédito stand.-by acordado inicialmente por USD 50.000 millones en junio de
2018, y ampliado en septiembre de ese año a USD 57.000 millones, con
vencimientos concentrados entre 2022 y 2023, y pequeños remanentes en 2020 y
2023.
Hasta el presente
el organismo desembolsó 5 giros del plan de asistencia financiera, mientras que
se encuentra demorado el sexto por unos USD 5.400 millones que intenta destrabar el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, en Washington;
y restarían 7 trimestrales por unos USD 1.000 millones cada uno, desde
diciembre próximo.
Sin embargo, todo
esto último está condicionado al resultado de las elecciones generales del 27
de octubre o, eventualmente el 24 de noviembre, habida cuenta de que la fórmula
ampliamente ganadora en las PASO, Alberto Fernández – Cristina Fernández de Kirchner, se ha manifestado crítica
a los pagos de los vencimientos de la deuda al FMI: “no será a costa del pueblo
argentino”.
Frente a ese
posible escenario de atrasar los pagos al Fondo, el economista argentino de la
Universidad de Columbia, Guillermo Calvo, dijo a fines de julio “la Argentina es hoy para el Fondo
Monetario Internacional (FMI) la inversión más importante que tiene”,
por el volumen del préstamo otorgado, próximo a los USD 57.000 millones. “Si
Argentina no le paga al FMI, el FMI se funde. Como decía Keynes cuando uno debe
poca plata al banco, uno tiene problemas, pero si uno debe mucha plata al banco,
el banco tiene problemas”, graficó.
Vencimientos con el FMI
Los últimos datos de la deuda pública de la Argentina al 30 de junio último daban
cuenta de obligaciones contraídas en firme con el FMI por USD 38.940 millones,
que se elevó con el desembolso de julio a USD 44.4000 millones; y estaban
pendientes de giro hasta junio de 2021 por un total de unos USD 12.400
millones.
En tanto, los
vencimientos comprometidos son de unos USD 400 millones por trimestre en
concepto de pago de intereses desde noviembre próximo hasta fines de 2021;
parciales de devolución del “capital” girado por USD 3.688 millones en 2021;
USD 16.760 millones en 2022; USD 15.782 millones en 2023; y USD 8.400 millones
en el año siguiente.
Penalidades del
organismo y del mercado
Caer en la
instancia de incumplimiento de los pagos comprometidos por el gobierno actual
con el FMI no estará exenta de costos, en particular si se optara por un
default liso y llano, como el que tuvo Perú en 1985 y muchos países africanos y
algunos menores de Asia; Grecia en 2015; y actualmente Somalia por USD 332
millones y Sudán USD 1.319 millones, entre muchos otros que tuvieron atrasos
generalizados con todos los acreedores, y no con el organismo de crédito
multilateral individualmente.
A Perú esa
instancia le costó varios años de aislamiento para poder volver al mercado
voluntario de deuda, y acceder a las líneas de asistencia especial de
organismos como el Banco Mundial para obras de infraestructura, en general para
cobertura de necesidades sociales básicas; y también del BID; y quedarían
suspendidos los desembolsos comprometidos de préstamos anteriores que están en
ejecución, básicamente con provincias y municipios.
Y en el caso
de Grecia en 2015, el incumplimiento de dos vencimientos lo colocó en la
lista de morosos, y estuvo a tiro de sanciones y acciones crecientes, aunque la
notificación del organismo no llegó a usar la palabra “impago”
(default) si no “retraso” o “mora”.
Dos semanas después
de que un país no cumple con uno de los pagos del FMI, el organismo envía un
documento al ministro de Finanzas o al presidente del Banco Central reclamando
el pago “inmediato”.
A los dos años de
no haber cumplido con el vencimiento inicial, el FMI puede comenzar un proceso
para expulsar al país en mora del organismo, y derivar en el deterioro
acelerado de la situación financiera de las finanzas públicas.
Mientras que en lo
referente a los atributos del FMI el Director Gerente deberá informar al
Directorio Ejecutivo de cualquier hecho que a su juicio indique que un
participante no está cumpliendo sus obligaciones conforme al Convenio del
Fondo, y esa inobservancia pudiera determinar una suspensión como país miembro.
A partir de ahí, el
Directorio Ejecutivo recomendará a la Junta de Gobernadores las medidas que
considere apropiadas, aunque se le concederá un plazo razonable para que el
país exponga sus alegaciones, tanto verbalmente como por escrito.
Si la justificación
no prospera, de modo de posibilitar un plan de asistencia financiera destinado
a acompañar medidas de administración fiscal y monetaria que conduzca a la
regularización del pago de la deuda, el país podrá ser expulsado del
organismo.
Desde los 80 el FMI
ha tenido que ocuparse de la resolución de más de 30 casos de atrasos
prolongados.
Si bien cada caso
ha sido diferente, para resolver los atrasos se ha requerido de alguna
combinación de reversión de las malas políticas, mejor desempeño económico, el
establecimiento de un registro de cooperación en políticas y pagos con el FMI,
que posibilitaran la reestructuración de la deuda en mora y facilitar el
movimiento hacia la sostenibilidad.
Efectos secundarios
inmediatos
Las tres
principales agencias de calificación de deudas soberanas (Moody’s,
Standard & Poor’s y Fitch) no consideran que incumplir los plazos con
el FMI se pueda considerar default, porque reservan ese término para los
acreedores privados.
Sin embargo, en ese
escenario bajarán la nota crediticia del país a nivel de bono basura al
considerar que es un país con un alto riesgo de impago, como ocurriera tras la
crisis de 2001 y 2002 que disparó el índice de riesgo países a más de
5.000 puntos básicos, equivalente a una sobre tasa de más de 50% anual en
dólares.
Y provocó que tanto
el gobierno nacional, como el resto del sector público, tuvieran vedado acceso
al mercado internacional de deuda, y también restringiera al mínimo a las
empresas del sector privado.
Camino de salida
Frente a esa
instancia, el camino de salida más recomendado es volver a un acuerdo de
Facilidades Extendidas con el FMI, con compromisos de reformas estructurales:
del Estado; Previsional, Laboral y de exigentes metas en búsqueda del
equilibrio de las finanzas públicas, clave para recuperar la confianza de los
inversores locales e internacionales.
Y como parte de ese
proceso para la estabilización, proponer un plan amigable de reperfilamiento de
la deuda pública, de modo de no dejar un antecedente que impida un rápido
regreso al mercado de capitales internacional y volver a crecer, como hizo
Uruguay en 2003, que le permitió superar la crisis en 2 años.
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