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Por Lucila Lopardo -
Volver a acercar a la NASA a la comunidad, sobre todo, a los más jóvenes.
Determinar cómo iba a ser el plebiscito del Acuerdo de Paz en Colombia y dar
con el resultado exacto. Carlos Bayala, fundador
y director de la Agencia New -donde trabaja en asociación con Alex Pentland,
científico y profesor del MIT, y con el productor musical Gustavo Santaolalla-,
es uno de los creativos argentinos más cotizados en el mercado internacional.
Radicado en Londres desde hace seis años, en su paso por la Argentina participó
de la cuarta edición de "Negocios con el mundo" y habló de los nuevos
parámetros que mueven a la publicidad.
-Vos querías entrar
a una agencia internacional y ya tenías un track record en la
Argentina. ¿Cómo fue la primera entrevista en Londres?
-Es divertido,
porque fue mintiendo. En realidad fue una mentira blanca. Nosotros hacía años
que trabajábamos en la Argentina y nos iba bien. Pero en esa época todavía no
estaba globalizada la publicidad. Nos fuimos con Gabi [su dupla creativa y
compañera de vida, Gabriela Scardaccione] a Londres y yo no hablaba una palabra
de inglés. Nos vendieron como "dos hermanos italianos que estudian".
Hicimos un trainee fantástico, porque nos
liberó de todo compromiso y nos permitió observar cómo funcionaba todo. Alguien
con cierta intuición nos dijo: "¿Por qué no se meten en este pitch?", que era para una marca de Coca-Cola. Lo
hicimos, lo ganamos y ahí vino el dueño de la agencia Mother y nos dijo:
"¿Quiénes son, de dónde salieron?".
-¿Cómo llegaron a
lo más alto?
-Fue un camino
largo, porque en Mother nos fue muy bien y me llamaron de Wieden Kennedy, en
Portland, Estados Unidos. Entonces nos mudamos y ahí ocurrieron una serie de
eventos derivados del 11 de Septiembre. Llegamos en agosto de ese año, pasó lo
de las Torres Gemelas, hubo un gigantesco cambio dentro de la agencia y quedé
como director creativo de Nike en Estados Unidos. Luego me pasaron como
director creativo mundial en Amsterdam de Nike Fútbol. Después volvimos a abrir
Madre, en Buenos Aires.
-Después de ese
recorrido llega New, con un concepto distinto...
-Lo más importante
es haber leído una transición en la actividad publicitaria, de comunicación y
de marketing, de cómo actuás hoy en el mundo en el área de servicios, que
tienen que ser siempre creativos. La lectura fue una inquietud en cuanto a que
lo que se venía dando iba a cambiar. Entonces me crucé con el MIT Media Lab y tengo
una confesión que hacer: cuando todavía estaba en Mother me llamaron de una
agencia en Boston, fui a una entrevista y aproveché para ver a la gente del
MIT. Pero no fue suficiente, hasta que hice lo que debería haber hecho: la
segunda vez que fui a Boston me encontré con la "mafia argentina del
MIT", que son PhD metidos en el MIT, y uno de ellos me dijo que si los
apadrinaba en la tesis, me presentaban a Alex Pentland, que es un genio.
-En el nuevo
paradigma de la publicidad, los datos son muy importantes. En las PASO, los
encuestadores decían que el resultado iba a ser uno y terminó siendo otro. Y
cuando ustedes miraron lo que pasaba con las FARC, también. ¿Cuál es la fórmula
para demostrar que la gente no dice lo que piensa?
-Usamos una cosa
que se llama blended learning, que es una
herramienta de aprendizaje múltiple, pero lo hacemos como outsiders de ese mundo. Lo que hicimos fue
establecer tres o cuatro variantes todas mezcladas, pero unidas y guiadas por
el sentido común. Primero fuimos físicamente a lugares, a la calle. La variable
más importante de todas fue hablar con chicos. El gobierno nos abrió las
puertas de los colegios para hablar con chicos de 10 años. Hay un video en el que
les preguntamos: "¿Y las FARC?". Cuando les mencionás a las FARC, ves
a los chicos haciendo este gesto [se tapa la cabeza con las manos, a modo de
protección]. Ahí ves que no es tan fácil como se supone que la gente va a
perdonar determinadas cosas. Unimos todo a una tercera herramienta producto de
una picardía que está perdida en el mundo de las investigaciones. Le
preguntamos a la gente dos ruedas de cosas, hicimos poca cantidad en la calle,
presencial. Primero, preguntamos si votarían por el sí o por el no. Un 60%
decía que votaba por el sí a la paz y el resto (40% o menos) decía no. Hicimos
un truco y dimos una segunda pregunta: "Si pudieras asentar que estás
votando el acuerdo por el sí a la paz, pero con rabia, ¿lo harías?". Un
15% de los que iban a votar por el sí dijo que iba a votar con rabia. Eso
significaba que no te decían la verdad, o que no iban a votar, o que, de alguna
manera, estaban en crisis. Ese 15% si lo trasladabas a lo que te decían que no,
quedaba el porcentaje de gente que efectivamente votó por el no. La ventaja fue
que lo dijimos una semana antes en un acto público donde estaba la televisión.
-Ahora estás con la
marca Porongo. ¿Qué es?
-Es un tema que
pareciera un poco risueño y es muy serio. Es la respuesta que encontramos a un
dilema que se está dando en la crisis de la industrialización del alimento. Hay
un regreso gradual a lo que podríamos llamar "lo normal", lo
orgánico. Porongo es una yerba orgánica. Greenpeace se nos acercó hace un
tiempo y nos habló de la gran catástrofe que está ocurriendo alrededor del tema
de la yerba, desde el punto de vista laboral y desde la injerencia de
agroquímicos. Nos dimos cuenta de que había una enorme oportunidad para contar
que hay una yerba mate orgánica, sin decir que lo es.
-¿Cómo empezaste a
trabajar para la NASA?
-La NASA tiene una
serie de inconvenientes que tienen que ver con qué es lo que pasó cuando Obama
decidió redireccionar su rol. El gran tema es cómo llegar más allá del espacio
conocido. Han llegado a la luna, pero no se han ido del espacio relacionado con
la Tierra. Decidieron llamar a Silicon Valley y les dijeron a ciertos actores
que se dediquen al espacio cercano, que la NASA se iba a dedicar grandes
proyectos lejanos. Eso generó un boom aeroespacial
desde lo privado y un opacamiento del rol de la NASA. Esto empieza a cambiar,
estamos reinaugurando Cabo Cañaveral y nuestra estrategia tiene que ver con
algo muy simple, que es usar nuestra curiosidad determinada por un ojo de
cerradura para irnos a desentrañar lo que hay en el espacio lejano. Lo más
importante de la campaña es la actriz, que es una chica de 5 o 6 años.
-¿Cómo ves a la
Argentina desde el mundo?
-Hay que aislar
estas semanas de la lectura. La veo bien en sus impulsos individuales. Tenemos
que aceptar el impulso individual y amigarnos con que nos cuesta más como
equipo. La Argentina tiene que pensar un quality plan. Lo que
la va a diferenciar, si somos vivos, es la calidad: quality products, quality services y quality creativity.
Si tenés calidad en lo que hacés y la privilegiás, entrás en la discusión de la
economía mundial. La única economía posible es la de valor real, auténtico, que
tengas algo para dar, no verso.
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