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Por Claudio
Zlotnik - Alberto Fernández analiza poner la relación con el Fondo Monetario
"en modo pausa". La resolución final dependerá, en buena parte, del
resultado de las conversaciones que, hoy mismo, Hernán Lacunza, concluirá en
Washington con los máximos responsables del organismo.
"Si, como creemos, Lacunza se vuelve con las manos vacías, sin los
u$s5.400 millones del desembolso del FMI, tendremos la responsabilidad de
definir el futuro de la relación a partir del 10 de diciembre", afirma
a iProfesional uno de los miembros del equipo del candidato que sigue
de cerca el vínculo con el organismo.
El equipo de asesores del candidato le acercó en
los últimos días un plan que implica un cambio respecto de las versiones
manejadas hasta ahora, y que apuntaban hacia la búsqueda de un
acuerdo de facilidades extendidas, que ampliaría el plazo de pago al FMI. La
nueva visión surgió como consecuencia de los sucesos de las últimas semanas y
ante la alarma por una situación financiera peor a la prevista.
Ahora, el candidato del Frente de Todos analiza si seguir el consejo de
su equipo en el sentido de cambiar drásticamente la relación con el Fondo.
En concreto, en caso de que ese desembolso del
Fondo no se concrete en las próximas semanas, Alberto F. baraja la posibilidad
de suspender el pedido de esos u$s5.400 millones (y los aproximadamente
u$s1.000 millones que deberían "bajar" en diciembre) y, a partir de
ahí, relanzar la relación con ese organismo.
La idea pasa por limitar los pagos de Argentina
sólo a los intereses de la deuda contraída, pero sin la apertura de una
discusión por un nuevo acuerdo que permita diferir los giros del capital de
esos pasivos.
El año que viene, por caso, habría que abonar unos u$s1.500 millones
sólo en concepto de intereses. No hay vencimientos de capital.
Hacia 2021, las obligaciones resultan un poco más exigentes: además de
los u$s1.500 millones de intereses habría que abonar otros u$s3.250 millones
por vencimientos de capital.
Los vencimientos con el Fondo Monetario explotan recién a partir de
2022. Ese año ya habría que abonar, además de los intereses, cerca de u$s18.000
millones del súper crédito otorgado por el organismo a partir de mediados del
año pasado.
Un cronograma de
pagos recargado
A diferencia de lo que se creía hasta ahora,
Fernández desistiría de abrir una renegociación para lograr una postergación de
los vencimientos. En el mercado suponen que el FMI podría darle hasta diez años
de plazo para pagar la deuda.
Sin embargo, varios de los asesores financieros del candidato le están
sugiriendo que, aun en ese escenario, las obligaciones con el FMI serían
"impagables".
"A la Argentina se le haría muy cuesta arriba pagarle al FMI a
razón de u$s5.000 millones cada año, para dejar saldada la deuda en una década.
Porque, además, hay que tener en cuenta la deuda con los acreedores
privados", analiza uno de los asesores que frecuenta al candidato y que
está cerca de las cuentas públicas.
"¿Los inversores privados aceptarían una reestructuración si saben
que estamos ahorcados con los pagos al FMI? Seguro que no", reflexiona la
misma fuente.
De hecho, al equipo de Alberto F. no se les escapa que durante el año
que viene habrá que abonar alrededor de u$s5.550 millones a organismos
internacionales, a saber: intereses por u$s2.900 millones (al FMI, BID, BM y
otros) y otros u$s2.650 millones al Club de París, entre intereses y
amortización de capital.
En simultáneo, existen vencimientos con acreedores privados por otros
u$s14.500 millones -entre títulos con jurisdicción local e internacional-, que
habría que abonarlos a menos que se haga una reestructuración que vaya más allá
del reperfilamiento anunciado y que espera en el Congreso.
Es en este contexto súper complicado que algunos
asesores de Fernández le dijeron al candidato que lo mejor sería "poner en
pausa" la relación con el Fondo Monetario y apuntarle a la renegociación
con los privados.
Un plan B sin la auditoría del Fondo
¿Qué se ganaría? De acuerdo a esa visión,
aprovechando que no hay vencimientos de capital con el FMI durante 2020 (sólo
los u$s1.500 millones de intereses que habría que abonar sí o sí para no caer
en default), la idea sería eludir una discusión de fondo que obligue a la
Argentina a aplicar un fuerte ajuste de sus cuentas públicas y, en
simultáneo, el planteo de reformas estructurales, como la laboral y también la
previsional.
Si, finalmente, opta por esta posibilidad que está analizando, Alberto
F. le diría al Fondo que no envíe los u$s5.400 millones pendientes, siempre y
cuando -obviamente- ese dinero no llegue antes del 10 de diciembre, cosa por
demás improbable.
Es más: también queda bajo análisis que si Fernández se consagra como
Presidente, le reintegre al Fondo Monetario los u$s7.200 millones que están en
las reservas y que el FMI mandó en su momento para reforzarlas.
En concreto, este verdadero "Plan B" le permitiría al
(eventual) próximo gobierno ganar tiempo y postergar una renegociación con el
FMI mientras no haya vencimientos de capital con ese organismo.
De esa forma, evalúan cerca del candidato, tendría un mayor margen de
maniobra para tomar medidas en medio de la crisis.
Una fuente del entorno de Alberto Fernández lo define así: "Sería una demostración de que no se quiere
patear el tablero, pero sí tomar distancia del Fondo hasta que la economía
muestre signos de reactivación".
Si, por el contrario, el nuevo gobierno quisiera enfocarse en una
renegociación de los vencimientos de la deuda, eso habría que hacerlo, sí o sí,
en el marco de un nuevo programa. Algo que se quisiera evitar al menos durante
el primer año de mandato.
Peores números que los previstos
Lo que también debe quedar en claro es que esta alternativa de
"Plan B" surgió como consecuencia de que los números lucen más
críticos de lo evaluado en un primer momento. Y no como una postura ideológica.
"Alberto venía diciendo ‘no al cepo’ pero
la realidad se impuso. El escenario es muy complicado", califican desde el
equipo del candidato.
Justamente, la evaluación que se formula es que, al día de hoy, se sabe
que la economía que heredará el próximo Presidente será como la de 2015 pero
"recargada". Con abultados vencimientos de la deuda, una relación con
el FMI y un shock inflacionario. Además de una brecha cambiaria que, si bien
por ahora no es tan amplia como hace cuatro años, ya existe.
Sobre esa cuestión, el economista Pablo Goldin imagina que, así como
están la cosas, "la economía de fin de año se parecerá a la de 1989. Sin
la hiperinflación, pero con el ajuste hecho a mitad de camino", dice, al
diferenciar este escenario con el que recibió Néstor Kirchner en 2003, con la
actividad ya en recuperación.
Esto no significa que, llegado el caso de un gobierno de AF, no se les
preste atención al ordenamiento de las cuentas públicas.
Los asesores del candidato aseguran que si no se
dan claras señales de un mayor equilibrio fiscal no hay chances de una
reestructuración con los acreedores privados. "Pero una cosa es intentarlo
con un plan propio, y otra muy distinta con el FMI como auditor y queriendo
imponer su agenda", dicen.
Lejos de imaginar una economía ordenada, algunos
de los principales asesores de Alberto F. se preparan para la administración de
la emergencia. En el marco de un "revival" del "vivir con lo
nuestro".
Con el objetivo central en la estabilización financiera. Un objetivo
que, al día de hoy, se le vino escapando a la administración Macri, que no pudo
encontrar el ancla de las expectativas ni siquiera con un programa histórico
con el Fondo Monetario.
Como aseguran desde el entorno del candidato peronista, se vienen
tiempos de negociaciones "multi bandas". Con los acreedores privados
primeros en la lista para evitar un escenario traumático como el de 2001.
El terreno de juego está totalmente abierto. En las próximas semanas,
Alberto F. definirá si, en este esquema, el Fondo Monetario va a parar último
en esa hilera.
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