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Por Enrique Lew - Es innegable que estamos en medio de una crisis.
Por eso, es hora de dejar a un lado las disputas y encarar nuevas políticas que
promuevan el desarrollo. Para eso, la economía argentina necesita algo más que
solo dominar el dólar.
Si
bien las medidas provisorias adoptadas por el Gobierno parecen exitosas, se
necesita también bajar la altísima tasa de interés, controlar definitivamente
la endémica inflación, cambiar la asfixiante modalidad de AFIP, mejorar aún más
los ingresos de los trabajadores y fundamentalmente generar una política que
permita el pleno empleo.
Porque
solo con la creación de empleo se podrán solucionar una parte sustancial de
nuestros problemas, encabezados por la pobreza y la indigencia en la que
están sumergidos más del 35% de nuestros compatriotas, pero cuyas raíces
persisten desde hace varias décadas. En otro contexto, así lo creyó el
economista John Maynard Keynes cuando tituló su famoso libro “La Ocupación, el
Dinero y el Interés”, al considerar al empleo como el gran dinamizador de la
economía.
Actualmente,
las pequeñas y medianas empresas están pasando momentos sumamente difíciles,
con producciones y negocios inferiores a la mitad de su capacidad, en parte por
la inédita tasa de interés que impide el crecimiento. Sin mencionar las que
cesan o quiebran, que aunque sin estadísticas concretas, parecen ser numerosas.
Sin
embargo, el principal motivo que afecta nuestra actividad
económica es la anticuada legislación laboral que promueve la
conflictividad entre empleados y empleadores, con la consecuencia de lo que
vemos: un país otrora de los más desarrollados y ricos, con prosperidad y
bienestar de sus habitantes, que absorbió millones de inmigrantes, transformado
por causa de esa conflictividad en un país con problemas endémicos y que es el
que menos creció en los últimos 70 años entre 200 países analizados en un
reciente informe del Banco Mundial.
¿Por
qué? Fundamentalmente por las leyes que van a contramano de lo que la economía
requiere para su despegue. Porque con estas legislaciones, que enriquecen
a los abogados laboralistas y perjudican al país, se desalienta el
emprendimiento y como consecuencia la generación de empleo. Por ello, los
salarios son menores y hay más pobres.
Sobre
todo, cuando es conocido que los emprendedores son los
creadores de empleo y de la riqueza de las naciones.
Ahora
bien, ¿hay algún caso a seguir en la Argentina? Sí, la excepción en las leyes
laborales -y que funciona en forma correcta- es el régimen de los Trabajadores
de la Construcción,
en el que no hay confrontación entre empleado y empleador. En este sector, pese
a que se despide sin pago indemnizatorio alguno, trabaja casi el 10% de los
trabajadores registrados del país. En ese rubro, no existen los cientos de
miles de juicios, ni la mafia de los juicios laborales.
Por
todo lo expuesto, propongo promover a los emprendedores y al mismo tiempo
aumentar la protección a los trabajadores y sus familias para el caso en que
pierdan su empleo, con el Seguro de Desempleo, tal como funciona en los países
desarrollados. Gracias a este instituto, estos países tienen tasas de
desempleo menores al cuatro por ciento y sus trabajadores ganan entre dos y
tres veces los salarios argentinos.
Las
tareas pendientes son muchas. Por eso, resulta inconcebible la inacción en esta
dirección. Es hora de poner manos a la obra.
(*)
Empresario. Autor de “Pleno empleo, la riqueza de las naciones y desarrollo
económico”
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