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Por Pablo Wende - La decisión
del FMI de dejar “en suspenso” futuros desembolsos a favor de la Argentina
tendrá “efectos secundarios”. Así lo reconocían ayer en el equipo económico
luego del primer día de reuniones en Washington. Concretamente, habrá un
impacto sobre los futuros préstamos que deben desembolsar tanto el BID (Banco
Interamericano de Desarrollo) como el Banco Mundial. Todavía será más
complicado que en el futuro cercano aprueben nuevas líneas, al menos hasta que
no se normaliza la relación con el Fondo.
Seguramente esta
preocupación será planteada por el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, en los
encuentros programadas por los festejos del 60 aniversario de la institución.
Sin embargo, será poco lo que pueda conseguir, más allá de plantear la
inquietud. Ya el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, había escuchado
estos planteos cuando visitó Buenos Aires hace diez días. Incluso también
el candidato a Presidente de Frente de Todos, Alberto Fernández, le preguntó la
inquietud en relación a los futuros desembolsos del organismo.
Para el próximo
gobierno el apoyo de los organismos multilaterales es fundamental, sobre todo
en momentos de falta de acceso a los mercados voluntarios de crédito. De
acuerdo al programa financiero 2019, este año debían llegar U$S 4.500 millones
y el año próximo otros U$S 3.000 millones del BID y el Banco Mundial. Pero este
año sólo desembolsaron una fracción.
Para ambos
organismos, pero sobre todo para el BID, tuvo un impacto muy fuerte la baja de
la calificación de deuda que sufrió la Argentina. Esto lo obliga a aumentar las
previsiones sobre la cartera ya prestada, con lo cual pierde capacidad
prestable. Pero más allá de este aspecto técnico, también hay cuestiones
políticas de peso.
Detrás de la
decisión del FMI de postergar definiciones sobre la Argentina se encuentra el
gobierno norteamericano. Y tanto en el BID como en el Banco Mundial, el voto de
los Estados Unidos es decisivo. Sin el apoyo de la principal potencia, es
prácticamente imposible que la entidad apruebe préstamos frescos a favor de la
Argentina.
Lo mismo le sucedió
a la Argentina durante los años del default que fueron del 2002 al 2005. El
Gobierno seguía cancelando deuda con los organismos, pero sin recibir nuevo
financiamiento. El año próximo podría pasar algo parecido, ya que vencen USD
3.000 millones con organismos multilaterales, sin contar el FMI. Tanto el BID
como el Banco Mundial, además, tienen condición de “acreedores privilegiados”,
es decir que en caso de complicarse para el país la devolución de la deuda, ellos
son los primeros en cobrar.
Quien gane el 10 de
diciembre tiene otro tema para preocuparse. No sólo se trata de
eventualmente renegociar el acuerdo con el FMI, sino también negociar nuevos
préstamos con los restantes organismos. Al menos para evitar una reducción neta
de la financiación que llega por esa vía. Si efectivamente se dificulta la
llegada de fondos frescos de los organismos, el impacto sobre las reservas del
Banco Central será mayor y obligaría a medidas más drásticas para evitar un
impacto muy fuerte sobre el tipo de cambio.
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