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Por Liliana Franco - La Argentina prácticamente
ha perdido una década de crecimiento.
El producto bruto interno por habitante se encuentra en niveles cercanos a los
alcanzados en 2009, de acuerdo con cálculos de la consultora Ecolatina. De
ahí que una de las demandas que enfrentará el futuro presidente es retomar la
senda del progreso.
Las bases para un
futuro crecimiento son débiles: en los últimos 8 años la inversión cayó
25% y en los últimos 4 años la deuda pública subió en 75.000 millones de
dólares – hasta alcanzar 95% del producto bruto interno, una proporción
que limita las posibilidades de endeudamiento externo.
Para colmo se da en
un marco de deterioro de las condiciones sociales y por lo tanto de mayores
demandas. El salario retrocedió cerca de 18% durante la actual gestión de
gobierno y la pobreza alcanza a más de uno de cada tres argentinos.
Esta restricción
parece clara para Emanuel Álvarez Agis, uno de los referentes del
candidato opositor del Frente de Todos, Alberto Fernández. Este economista
señaló que “hoy no hay que redistribuir porque no hay nada para distribuir”.
Debate
En este contexto,
los economistas debaten sobre cuándo empezó a perder posiciones la economía
argentina. Según mediciones realizadas por Carlos Leyba, un histórico del
peronismo, “si nos basamos en las estadísticas del PIB por habitante, la
decadencia tiene 45 años de edad”, es decir comenzó en 1975.
Según la
interpretación de este economista, “hasta 1975, Argentina fue un país de
progreso económico y social”, aunque advierte “no exento de problemas”. Leyba
toma datos de un análisis comparativo elaborado por Federico Sturzenegger, para
afirmar que “el PIB por habitante de la Argentina se mantuvo en el 75% del de
Australia desde 1900 hasta 1975, año a partir del cual nos separamos
drásticamente de la trayectoria australiana”.
Así interpreta que
la desindustrialización forzada que arrastramos hace 45 años ha destruido la
capacidad de generar empleo productivo urbano: 19 caídas del PIB por
habitante entre 1975 y 2018.
Las series
históricas muestran que efectivamente la Argentina efectivamente tuvo un
proceso sostenido de crecimiento entre 1930 y 1975, según datos
recopilados por la consultora Orlando Ferreres y Asociados. En ese
lapso la expansión fue relativamente menor que la registrada por los países
emergentes, pero se mantuvo en paralelo con los países desarrollados.
Igual que Estados Unidos
Las mediciones de
Leyba son coincidentes: el PIB por habitante de la Argentina entre 1944 y
1975 creció a la misma velocidad que el de Estados Unidos, “ni más ligero ni
más despacio”.
Hubo progreso
comparado (y absoluto) hasta 1975 y particularmente desde 1945, sostiene este
economista. Las tasas de expansión comparadas lo demuestran: desde 1900
hasta 1945, el PBI per cápita creció 1,03% anual acumulativo y desde 1945 hasta
1974, 1,98% y de entonces a hoy, 0,58%.
Argentina tuvo una
recesión cada tres años lo que suman un total de 25 años de contracción de la
actividad desde 1960 indica el economista Martin Rapetti, director del
programa de Desarrollo Económico de CIPPEC (Centro de Implementación de
Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento).
La experiencia
reciente muestra que la Argentina se ubicó en el podio de las oportunidades
perdidas: junto con la República del Congo fue la nación que más recesiones
sufrió en las últimas décadas.
Claramente
Argentina es un país de oportunidades perdidas si se toma en cuenta que
en 1919 la enciclopedia Larrouse decía “todo hace creer que la
Republica Argentina está llamada a rivalizar en su día con los Estados Unidos
de América del Norte, tanto por la riqueza y extensión de su suelo como
por la actividad de sus habitantes y el desarrollo e importancia de su
industria y comercio cuyo progreso no puede ser más visible”.
Más cerca en el
tiempo hacia fines de los años 1950 Argentina producía más autos que Corea
del Sur. En 2018 la producción automotriz de Argentina alcanzó los 467.000
vehículos en tanto que Corea superó las 4 millones de unidades, es decir casi
10 veces más.
Con todo, la
Argentina supo tener no hace mucho un crecimiento a tasas “chinas”. Fue entre
2003 y 2007 cuando registró aumentos del producto bruto interno del 8/9% anual,
que se lograron tras caer casi 11 % en 2002.
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