Por Pablo Wende
- Dos factores se están mezclando para sostener la presión sobre el tipo de
cambio. Por un lado la típica demanda de dólares para protegerse antes de las
elecciones presidenciales, un clásico de la Argentina faltando pocas semanas
para los comicios. Pero ahora
también juega un rol importante la posibilidad de aplicar el sueldo para
comprar hasta USD 10.000 por mes, tal como fue autorizado por el Banco Central.
Los controles cambiarios están demostrando ser insuficientes
para contener al dólar, aún teniendo en cuenta que la economía se mueve con un
alto superávit comercial, que supera los USD 1.000 millones mensuales y
significa una mayor oferta de divisas. Ayer se repitió algo que viene
ocurriendo en las últimas jornadas. Primero es el Banco Nación el que sale a
vender dólares para evitar un salto en el arranque de la jornada y luego es
directamente el Banco Central a través de la venta de reservas el que termina
de “planchar” el tipo de cambio mayorista.
Con esta estrategia de intervención cambiaria el Gobierno consiguió que
el dólar se mantenga por debajo de los $ 58 en el mercado mayorista, aunque el
promedio del minorista cerró firme, a $ 60,22. El tránsito hasta
las elecciones seguirá siendo turbulento, aunque el cepo cambiario ayuda para
minimizar la pérdida de reservas. Ayer el stock volvió a caer aunque algo menos
que en las últimas jornadas: USD 146 millones para finalizar en USD 48.340
millones.
La intención oficial es mantener al dólar oficial a raya, aunque lentamente se
empieza a escapar la cotización implícita que surge del mercado de bonos o
acciones, lo que en la jerga financiera denominan “dólar Bolsa”. Esa brecha ya está en el orden del 17% y será
difícil que se achique en la medida que las restricciones cambiarias se
mantengan.
Más allá de la fecha clave, que es el 27 de octubre, los
inversores ya empiezan a mirar un poco más allá, específicamente a lo que se
viene después del 10 de diciembre. Si
bien habrá una fuerte expansión de pesos para cubrir las necesidades fiscales,
también a fin de año aumenta la demanda de moneda local lo que podría
amortiguar ese shock. Pero luego habrá que ver si el Banco Central -ya dentro
de la órbita de la nueva administración- puede o quiere absorber esos pesos
excedentes. En caso que no lo haga, el peligro es que esos pesos
terminen demandando más dólares y le pongan aún más presión al tipo de cambio.
Los analistas esperan por
delante que el impacto de la devaluación de agosto continúe. Según reflejó ayer
el Relevamiento de Expectativa de Mercado (REM) que elabora el Central a partir
de la respuesta de especialistas, la inflación terminaría el 2019 en 54,8%.
Pero dentro de ese número es alarmante cómo sigue la proyección para los
próximos meses.
Luego del 4,2% de agosto, el índice de inflación treparía a 5,8% en
septiembre y luego descendería pero en forma muy lenta: se aguarda un índice de
4,4% en octubre, mientras que para diciembre caería a 3,6%. De esta
forma, el proceso de desinflación sería mucho más lento que el observado el año
pasado, después de la devaluación que también había sucedido en agosto.
La gran incertidumbre
política y económica, la negativa del FMI para desembolsar los USD 5.400
millones en el corto plazo y la sostenida demanda de divisas juega en contra de
la estabilización de la inflación. Y sigue latente la posibilidad de un nuevo
salto cambiario, aunque ya no en el oficial sino a partir de la evolución del
dólar implícito en las operaciones bursátiles.
No se descarta, incluso, que en el caso de que no afloje el clima de
desconfianza, quienes asuman al frente del Central en diciembre (hay muy
escasas chances de que continúe su actual presidente, Guido Sandleris),
terminen restringiendo aún más el cepo cambiario. Si eso sucede,
esa demanda excedente de dólares no desaparecerá pero terminará presionando al
tipo de cambio “libre”, algo que ya ha sucedido en reiteradas experiencias de
controles cambiarios en la Argentina.