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Por Federico
Cuomo - La actual situación de
las pymes recuerda en parte al juego del ahorcado. Cada día y, eventualmente,
cada medida del Gobierno agregan una letra acercando al fatal desenlace de las
empresas, su cierre.
Un variado y letal
menú para estas empresas –en especial para las más pequeñas y las ubicadas en
las de ciudades más chicas del país– compuesto por apertura indiscriminada de
importaciones, financiarización de la economía con tasas altísimas, tarifazos y
dolarización de los servicios públicos, aumento de la presión impositiva, entre
otros.
Puesto en
números, desde 2018 a fines de agosto de de este año, cerraron 19.072
empresas. El año pasado la Argentina perdió 9.392 pymess y en los 8
primeros meses de este año, unas 8.846. Es decir, un tobogán que no hace más
que acelerar la caída.
Claramente estos
datos oficiales no alcanzan a reflejar la realidad concreta del mundo
empresarial y, en particular, de este grupo de compañías, las más vulnerables a
los vaivenes de la economía.
En primer lugar, no
hay datos luego de debacle devaluatoria post PASO, que sin lugar a dudas
potenció el efecto, toda vez que el descenso del consumo interno en todos los
rubros fue abrumador. El 80% de la facturación de las pymes se vuelca en él.
También la inflación y la incertidumbre del tipo de cambio paralizan negocios,
especialmente en el sector industrial.
Según el último
informe del Estimador Mensual de Actividad del Indec de 2019, que tampoco
contempla las mayores caídas luego de las Primarias, la producción industrial
general cae 8,4%; la automotriz, 36% (cuya cadena de valor es casi en su
totalidad pyme); las ventas en supermercados, 12,8%; y el Índice Construya,
13,5%; sólo por mencionar algunos ejemplos.
El efecto arrastre
de estas variables impactó de lleno en las empresas, independientemente de su
actividad y tamaño. Tampoco hay dudas de que las de menor volumen y capacidad
financiera son las más vulnerables a estas condiciones.
Tendencia creciente
¿Cierran 54
empresas por día como era el promedio oficial hasta agosto? Es muy probable que
no: el número es necesariamente mucho más alto y desde varios sectores ya surge
la tremenda cifra de 100 diarias. ¿Se puede estimar ese dato? Como se dijo, la
pendiente de la macroeconomía no puede menos que acelerar la mortandad
empresaria. No hay que olvidar que un 35% de la economía Argentina esta
informalizada.
Por otro lado, los
números no reflejan la realidad humana detrás del cierre una pyme, en general
nacida de la vocación o necesidad de generar autoempleo para los fundadores,
que enfrenta cada día el enorme desafío de asegurar su continuidad. Se trata de
personas que saben los nombres de sus colaboradores, vecinos, proveedores y
clientes.
No hay que hacer
demasiado esfuerzo para intentar entender lo que pasa por la cabeza, el corazón
y la piel de ese sujeto: tiene una empresa pequeña, embargada por la AFIP,
endeudada con sus proveedores, sin ventas, al límite de poder, o incluso no
pudiendo pagar por completo los salarios. Además, nadie lo representa.
¿Tendrá ánimo para
iniciar los trámites de baja? ¿Guarda una luz de esperanza que los vientos
cambien y por si acaso no se decide a sacrificar su empeño?
El cierre de
empresas es mucho mayor al que se comenta. Los datos oficiales y las estadísticas
no lo muestran, pero lo avalan. La experiencia y las tendencias de mercado
lo afirman. El conocimiento de primera mano lo corrobora.
Cada unidad
productiva que cierre, que cae, le tomará a la Argentina entre 1 y 7 años para
que se vuelva a levantar esa persiana (según sector y localización). No se
equivocan los que acercan la cifra de cierres diarios de pymes a 100.
El autor es
empresario pyme, dirigente gremial empresario y miembro de RIEL (Red Inclusiva
para la Expansión Laboral)
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