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Por Juan Gasalla
- En el último año y medio se produjo la devaluación más grande desde
el colapso de la convertibilidad: el peso acumuló una pérdida de valor del
orden del 65%. A comienzos de abril de 2018, el dólar mayorista cotizaba a
$20,20; unos 18 meses después se negocia a $57,73, un 186% más caro.
En el primer semestre de 2002, desatada la crisis económica con
default y “corralito”, el billete verde saltó de 1 peso a $3,90 en la City
porteña, un 390%, que significó una devaluación del peso de 74 por ciento.
El repudio a la moneda trae consigo muchos efectos nocivos sobre la
economía, como hoy se observa en una inflación del 55% anual, la mayor desde 1991, aunque
otros que son favorables también pueden palparse: Argentina recuperó el superávit comercial y redujo el rojo por
el intercambio de servicios con el exterior.
No obstante, la pérdida de divisas por turismo y consumos fuera del
país –contabilizada en la cuenta de servicios- se mantiene abultada,
aún por encima de los USD 5.000 millones al año.
Según el reciente Balance Cambiario del Banco Central, con datos de agosto
pasado, en los últimos doce meses el déficit por turismo acumuló USD 5.103
millones, una cifra que representa el 47,8% del resultado comercial por
bienes, con un saldo positivo de USD 10.674 millones en el mismo período.
Obviamente, en 2017 e inicios de 2018 el atraso cambiario fue fundamental para generar una fuerte
pérdida de dólares a través del turismo emisivo. En abril de 2018, previo al
salto del dólar por la salida de fondos invertidos en Lebac, el déficit por turismo marcó un récord de USD 10.908 millones en
el acumulado anual.
Hoy el rojo se está reduciendo a la mitad, pero continúa elevado si
se considera lo barato de muchos costos argentinos para los visitantes
extranjeros y el encarecimiento de los consumos fuera del país para los
locales, con ingresos en pesos.
“Parece no ser suficiente un tipo de cambio real competitivo para
aumentar las exportaciones por turismo”, indicó un estudio de Ecolatina.
Agregó que “para que el turismo se configure como un sector capaz de aportar de
forma significativa a la generación de divisas son necesario medidas adicionales a
un tipo de cambio real alto”, entre ellas inversiones en infraestructura,
competitividad y promoción.
Durante los primeros ocho meses de 2019, la diferencia entre
los dólares gastados por los extranjeros en el país y las erogaciones de los argentinos
en el exterior arrojó un déficit de USD 3.191 millones, lo que frente
al rojo de USD 5.564 millones del mismo periodo de 2018, significó
una reducción del 43 por ciento. “La mejora se dio en ambas direcciones:
los egresos de divisas se contrajeron 34% anual y los ingresos crecieron
5%″, precisó Ecolatina.
Según el BCRA, en los doce meses transcurridos
desde septiembre de 2018 a agosto de 2019, los turistas extranjeros
dejaron en el país un total de USD 2.168 millones, mientras que
los argentinos realizaron consumos en el exterior por USD 7.270 millones.
En este cálculo se tienen en cuenta los gastos efectuados
con tarjeta fuera del país, pagos a operadores turísticos,
y pasajes de aerolíneas y otros transportes.
Cuando se extiende el análisis a la totalidad de la cuenta de
servicios, el balance no varía demasiado, debido a la importante
incidencia del rubro turismo sobre el resto. El rojo acumulado por servicios en
doce meses, hasta agosto, alcanzó los USD 5.666 millones, que reducen a la
mitad (en un 53%) los ingresos de divisas por el superávit comercial de USD
10.674 millones anual calculado por el INDEC.
En la cuenta servicios, además del turismo, el BCRA releva el ingreso y
egreso de divisas por fletes; honorarios profesionales, empresariales y
técnicos; cargos por el uso de la propiedad intelectual; seguros y siniestros;
comunicaciones, e información e informática, entre otros.
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