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Si bien desde
mediados del año pasado se derrumbaron casi todos los indicadores económicos,
entre los que se encuentran el consumo interno, la inversión y el gasto
público, hay una variable que mejoró sustancialmente, en parte por el deterioro
de las demás: la balanza comercial de bienes. En ese marco, dado que la
recesión sigue sin encontrar su piso, la mejora del este domingo.
Según la
consultora, este resultado sería explicado por una importante caída de las
importaciones (-22% i.a.), que cerrarían 2019 en la zona de u$s51.000 millones
y un tibio avance de las ventas externas ( 5% i.a.), que acumularían u$s65.000
millones este año, impulsadas en parte por la baja base de comparación que dejó
la sequía de 2018 y los mayores saldos exportables que arroja una demanda
interna deprimida.
“Más allá de las
falencias locales, vale destacar que la mejora del resultado comercial sería
aún mayor si la economía brasileña finalmente creciera –sus proyecciones de
crecimiento pasaron de 2,5% a comienzos de año a menos de 1% en la última
semana- y si nuestros términos de intercambio, es decir, los precios de
nuestros productos de exportación respecto de los de importación no estuvieran
cayendo (-17% i.a. en el acumulado a agosto) producto de la cosecha récord que
apuntaló la oferta internacional de productos oleaginosos y la guerra comercial
entre Estados Unidos y China, que retacea el crecimiento del gigante asiático”,
analizó.
El superávit
comercial se dará, según el informe, pese a que en el primer semestre del 2018
el déficit comercial se agravó en relación a igual período de 2017 (pasó de
u$s-2.600 millones a u$s-4.900 millones).
La mejora respondió
mayormente a un desplome de las importaciones, que roza el 30% interanual en el
acumulado a agosto (último dato disponible), y no a un avance de las
exportaciones, que crecieron poco menos de 4% i.a. en los primeros ocho meses
del año, detalló Ecolatina.
“En consecuencia,
la recuperación del frente externo es más un subproducto de la crisis que el
resultado de una mayor competitividad cambiaria o la apertura de nuevos
mercados. Para que estas dos políticas arrojen resultados concretos, será
necesario que las mismas sean sostenidas en el tiempo”, añadió.
“Lamentablemente, el desempeño económico no
mejoraría en 2020”, sostuvo la consultora. Y a modo de ejemplo, señalí que el
último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central arrojó una
caída del PBI de 1,5% i.a.
Además, indicó que
pese al control de cambios y la obligatoriedad de liquidar las divisas
provenientes de las exportaciones en no más de cinco días hábiles, “el dólar
cerraría el año próximo en la zona de 90 ARS/USD según el informe”. De esta
manera, agregó que marcaría un avance cercano al 35% en 2020 -conforme al REM,
diciembre 2019 terminaría con una divisa en la zona de 65 ARS/USD-, levemente por
debajo de la inflación ( 40% i.a.).
En otro orden
destacó que el tipo de cambio real permanecería relativamente estable a lo
largo del año próximo. Si consideramos los elevados pagos de deuda pública
relevante (al sector privado y organismos financieros internacionales) en
moneda extranjera que debe afrontar nuestro país en 2020 (u$s25.000 millones,
más de 5% de PBI) y que los mercados de crédito permanecerán virtualmente
cerrados, esta evolución parece lógica: el peso no se fortalecería, aun en un
contexto de importantes restricciones a la demanda de moneda extranjera.
“Proyectamos un
superávit comercial cercano a u$s19.000 millones para el año que viene, un
récord histórico medido en dólares corrientes. Un resultado positivo de esta
magnitud será fundamental por dos motivos”, remarcó.
Ene se sentido,
observó que por un lado, por su impacto tradicional sobre los sectores
transables. ¡Por el otro, porque el sector privado aportará dólares frescos
para los pagos de deuda que el sector público debe realizar”, sostuvo.
“Al igual que este
año, a la mejora del saldo comercial de 2020 se llegaría tanto por una caída de
las importaciones (que estimamos no menor al 5% i.a.), que rondarían u$s48.000
millones, como por un avance de las exportaciones (en torno al 3,5% i.a.), que
acumularía u$s67.000 millones”, reiteró el informe.
Destacó que las
explicaciones detrás de estas dinámicas serían similares a las de 2019: una
demanda interna en rojo y un peso depreciado, que impactan negativamente en la
coyuntura doméstica pero generan brotes verdes en el frente externo.
Y concluyó al
afirmar que en 2020 el frente externo será otra vez una estrella solitaria
dentro de una economía argentina golpeada en la mayoría de sus partes.
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