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Por Claudio
Zlotnik - Un destacado economista argentino, conocedor de los pasillos de los
organismos en Washington cuenta que, apenas fue designada al frente del Fondo,
Kristalina Georgieva pidió que la pusieran al detalle del acuerdo vigente con
la Argentina. La economista búlgara ya tuvo su primer acercamiento durante su
reciente encuentro protocolar con el ministro Hernán Lacunza.
Pero sabe que la
relación con su principal acreedor -la Argentina concentra nada menos que 60%
de los préstamos que tiene asignados el FMI; un total de u$s44.100 millones- entrará en una nueva
dinámica a partir de la asunción del próximo gobierno.
Georgieva, una
dirigente con carrera en los organismos multilaterales, está al tanto de que la
historia suele ser dura con quienes desde el Fondo Monetario encaran procesos
que llegan precedidos de rotundos fracasos. El último fue Dominique
Strauss-Kahn, doblemente castigado: por la crisis en Grecia que él atendió con
un singular ajuste en 2010; y porque luego Strauss-Kahn quedó postergado
por las denuncias en su contra por integrar una red de prostitución.
Y, mientras la
flamante directora del FMI analiza el caso antes de plantear explícitamente su
opinión, ya se empiezan a detectar señales indirectas en el sentido de que el
organismo prevé una etapa más dura en su relacionamiento con Argentina.
En
Buenos Aires, el jamaiquino Trevor Alleyne maneja la oficina que el Fondo abrió
hacia finales del año pasado. El economista, con dos décadas y media trabajando
cerca del directorio del organismo, no deja lugar para las dudas: "Si el
próximo gobierno quiere una refinanciación de los vencimientos tendrá que poner
en marcha un programa de reformas a paso acelerado", dice ante quien lo
consulta.
Trevor
Alleyne no hace más que reproducir la línea que "baja" directamente
su flamante jefa. "Esto sugiere que la Argentina podría reprogramar
su deuda a largo plazo. Pero, eso sí, el país debería
adelantar las reformas inmediatamente", completa.
Después de las
PASO, la agenda de Trevor se intensificó. El jamaiquino es un hombre de
consulta permanente por parte de economistas e inversores. Quieren saber de
primera mano los próximos pasos del FMI, ahora que Alberto Fernández quedó muy cerca de la Casa
Rosada.
Para que sus
interlocutores comprendan en qué punto se posiciona el "nuevo mando"
del Fondo, el jamaiquino menciona el término "front load".
Se trata de una expresión muy utilizada en el mundo de las finanzas para
expresar que los pagos o cargos deben realizarse de antemano o bien al
principio de un crédito, por ejemplo. Según la visión del Fondo, la Argentina
se encuentra en esa situación.
"No alcanzan
con las señales o las promesas. Como el país necesita dólares sobre la mesa,
entonces deben preparar un programa con reformas a aplicarse de manera
acelerada", asevera Trevor en su contacto con colegas suyos; e incluso
cuando se junta con inversores.
Trevor, al respecto,
afirma que en la agenda de Washington existen tres demandas básicas, que la
Argentina debería cumplir si busca una reprogramación de los vencimientos del
colosal crédito:
1.
Pasar de un rojo de las cuentas públicas a un superávit primario ya en el año
2020.
2.
La aprobación en el Congreso de una reforma previsional que alivie la carga
fiscal del país.
3.
Una ley de reforma laboral.
La agenda de Alberto, a contramano
Esta agenda
impartida desde Washington choca contra los planes de Alberto Fernández. No
solamente por lo que el candidato viene prometiendo durante la campaña
electoral. Si no que también lo rechazan algunos de los economistas que forman
parte de su equipo y que tienen vínculo directo con los inversores
internacionales.
En las últimas semanas,
tanto Guillermo Nielsen como Emmanuel Álvarez Agis descartaron la posibilidad
de una reforma jubilatoria, cada vez que se contactaron con grupos de
inversores que están ávidos por conocer los planes de "Los
Fernández".
El propio Alberto
F. se mostró a favor de "estudiar" una suba en la edad jubilatoria
para los futuros jubilados, pero sin que ello signifique quitarle derechos a
las personas que ya perciben sus haberes.
Sobre
la reforma laboral, algunos de sus asesores le recomendaron la flexibilización
que se puso en práctica en Vaca Muerta, y que permitió la creación de puestos
de trabajo. Esos mismos asesores le dijeron que en la Argentina de hoy no
resulta políticamente viable una reforma laboral generalizada sino que -a lo
sumo- pueden analizarse cambios sector por sector.
Durante el reciente
encuentro de Alberto F. con la cúpula de la Unión Industrial, el candidato
evitó cualquier mención a una futura flexibilización. Tampoco hubo promesas que
impliquen costos fiscales. Al contrario: "Les prometí -a los empresarios-
mucho esfuerzo para sacar adelante el país y poner de pie a la industria y
dejar de maltratarla como se hizo en estos años", dijo Fernández tras el
encuentro con los empresarios.
De vuelta a Trevor
Alleyne: cuando le consultan sobre las proyecciones que están evaluando en
Washington sobre el programa de la Argentina, más allá de lo conceptual,
responde: "No estamos en condiciones de hacer los números. La tarea por
delante pasa por realizar un plan integral; completo, sustentable".
El jamaiquino no
suele hablar de política. Ni siquiera ensaya un mea culpa relevante sobre la
actuación del Fondo en la actual crisis argentina.
Está claro que se
vienen meses conflictivos en el caso de que Alberto F., finalmente, se consagre
como jefe de Estado.
El candidato ya lo
dijo de manera taxativa. "Quienes han generado esta crisis, el Gobierno y
el FMI, tienen la responsabilidad de poner fin y revertir la
catástrofe social que hoy atraviesa a una porción cada vez mayor de la sociedad
argentina", culpó a la salida de su último encuentro con los
representantes del Fondo, a mediados de agosto.
"Puede ser que
nosotros hayamos sido muy ambiciosos con la expectativa del descenso de la
inflación", asume Trevor como única autocrítica, en línea con lo que en su
momento ensayó su exjefa Christine Lagarde.
La especulación que
hacen en Washington refiere a que, más temprano que tarde, la Argentina
intentará llegar a un acuerdo con el FMI, ya que sería la manera abordar un
"reperfilamiento" de la deuda con los acreedores privados.
"El
país necesita el sello del FMI para renegociar bien con los dueños de los
bonos", analiza Trevor en su diálogo con economistas. En general, relata
el hombre del Fondo, esos inversores también creen que la Argentina necesitará
ir de la mano del Fondo para encarar una reestructuración amigable.
Tratando de ablandar a un directorio duro
Desde el equipo de
Fernández no siguen esa misma lógica. Algunos, como Guillermo Nielsen, suelen
plantear que habrá que plantarse muy duro en las conversaciones con el FMI.
El economista
menciona, en charlas que suele mantener con inversores del exterior, que el
próximo gobierno debería abrir el diálogo con la administración Trump y con el
gobierno de Alemania en simultáneo.
Que esa estrategia
serviría para "ablandar" la férrea postura del "board" del
Fondo, que ha quedado muy golpeado tras el fracaso del plan seguido en la
Argentina.
En ese Directorio
existe hoy una seria disputa entre los directores que tienen línea con el
Tesoro de los Estados Unidos, que siguieron sin objeciones los pedidos de
Donald Trump para habilitar fondos extraordinarios hacia la Argentina. Y que
desembocaron en una deuda que, al día de hoy, ya trepa a los u$s44.500 millones
y podría ampliarse hasta los u$s53.000 millones si el FMI aprueba los desembolsos pendientes.
Para algunos
observadores, esa pelea interna sería perjudicial para la Argentina. Sería la
génesis del planteo que le escucharon en Buenos a Trevor: no habría un acuerdo
de reprogramación posible a menos que el próximo gobierno acelere las reformas
y el superávit primario.
Por
eso mismo, y tal como hace algunas semanas publicó iProfesional,
Alberto F. piensa alternativas. En concreto, analiza poner la relación con el
Fondo Monetario "en modo pausa".
En
caso de que ese desembolso del Fondo no se concrete en las próximas semanas,
Alberto F. baraja la posibilidad de suspender el pedido de esos u$s5.400
millones (y los aproximadamente u$s1.000 millones que deberían
"bajar" en diciembre) y, a partir de ahí, relanzar la relación con
ese organismo.
La idea pasa por
limitar los pagos de Argentina sólo a los intereses de la deuda contraída, pero sin la apertura de una discusión
por un nuevo acuerdo que permita diferir los giros del capital de esos pasivos.
El año que viene,
por caso, habría que abonar unos u$s1.500 millones sólo en concepto de
intereses. No hay vencimientos de capital.
Todo está a la
vista: cuando todavía restan tres semanas para las elecciones.
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