EL GOBIERNO EMITIRÍA U$S 1.000 MILLONES, LA MITAD EN MARZO Sería en moneda extranjera y bajo legislación del exterior, pero se pagaría localmente, para evitar embargos. La meta es explotar la alta liquidez, antes de que se termine
Mientras sigue de reojo la evolución de los juicios por la deuda en default y las posibles acciones de los acreedores que rechazaron el canje (holdouts), el Gobierno está evaluando qué forma darle a un nuevo bono, que se emitiría en moneda extranjera y bajo legislación internacional, pero cuyo settlement (el canje dinero-por-bonos) se haría en la Argentina, para minimizar la posibilidad de embargos. El inversor enviaría su dinero a través de un agente, que recibiría el bono aquí y lo transferiría al nuevo titular, a donde éste decida.
Según fuentes cercanas al debate, la idea del equipo del secretario de Finanzas, Alfre-
do Mac Laughlin, es colocar
u$s 1.000 millones del nuevo bono en 2006, pero emitir sólo u$s 500 millones en marzo, de modo que los inversores se queden con "apetito" para una segunda emisión.
Sin embargo, no está del todo claro si el formato es posible y si es tan a prueba de embargos. Desde adentro podría cuestionarse la legalidad de que un contrato celebrado en la Argentina tenga jurisdicción extranjera. Por ser un emisor "soberano", sería la objeción más fácil de superar de hecho. De afuera, en tanto, podrían intentar embargar el dinero en tránsito, por ser un pago a la Argentina y, por ende, considerárselo un activo del país.
Una emisión internacional (la legislación podría ser Londres o Nueva York) tendría al menos tres ventajas: costaría menos, aumentaría la ponderación argentina en el índice EMBI de mercados emergentes y achicaría la dependencia del programa financiero respecto de los petrodólares de Hugo Chávez, que ya lleva suscriptos u$s 2.100 millones en bonos argentinos.
En cuanto al costo de emisión, un financista de amplia experiencia en la colocación y negociación de deuda, tanto del lado público como del lado privado señaló que en los noventa un bono internacional era medio punto anual (0,50%, 50 puntos básicos) más barato que uno con legislación argentina. Probablemente, agregó, ahora la diferencia sea algo menor, pero sigue existiendo.
La emisión de un bono internacional, por otra parte, permitiría ir dándole más espacio a la Argentina en la ponderación del EMBI, ensanchando el mercado para futuras colocaciones, lo que, a su vez, permitiría bajas adicionales de costo financiero.
Los altos rendimientos de los bonos argentinos los han hecho muy apetecibles, al punto que –como informó ayer El Cronista– en 2005 la Argentina fue el quinto emergente más negociado en Wall Street y, según Gautam Jim, analista de Barclays, este año podría ser el segundo o tercer mercado emergente "más operado".
En el fondo, de lo que se trata es de que el país aproveche la alta liquidez internacional para achicar su costo de financiamiento antes que se termine fiesta de liquidez internacional.
La conducta de otros países latinoamericanos sugiere alguna preocupación al respecto. Según datos de JP Morgan, de u$s 14.865 millones de "emisiones planeadas" para 2006, los países de la región colocaron u$s 14.404 millones (el 98% del total) antes del fin de enero.
La premura se debería a que en materia de financiamiento internacional los analistas plantean dos escenarios: una suba gradual de las tasas o una bastante más abrupta, si el clima político se recalienta debido a las tensiones por el programa nuclear de Irán. En tal caso, habría una "fuga a la calidad" que encarecería bruscamente el financiamiento de los países emergentes.
La conexión entre esa posibilidad y los petrodólares chavistas es más directa de lo que podría suponerse. Venezuela es, junto a Cuba, uno de los pocos países que apoya abiertamente a Teherán, con el que hace unos días suscribió incluso un acuerdo de cooperación de u$s 200 millones. Por eso, dicen algunos que frecuentan al secretario de Finanzas, Mac Laughlin quiere achicar cuanto antes la dependencia de los petrodólares de Venezuela.
|