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Por Julián
Guarino - Ya es vox populi que el Tesoro argentino utilizó una parte
de los dólares del FMI para
pagar deuda. No eran dólares comunes… Pertenecían a un depósito
que el Tesoro había hecho en el Banco Central de forma precautoria para
"fortalecimiento de las reservas" por recomendación del Fondo.
Es decir que, si bien hasta ahora eran “intocables”, bueno, ahora ya no lo son
más. Sin acceso al mercado financiero, el Gobierno utilizó u$s1.936
millones, el 27% de esos recursos totales que se colocaron bajo esa etiqueta.
A eso se agrega un
dato no menor: esta semana,
usará otros u$s600 millones para pagar el cupón del Bonar 2020 (AO20) que
implica una renta de u$s 117,8 millones y culmina el viernes con el pago de la
Lete U1109 que, aun luego del reperfilamiento compulsivo, implica el desembolso
de u$s464 millones.
Por supuesto, todos
estos números no dicen nada si no se toma en cuenta que desde las
PASO, las reservas caen casi el 30% del total y que el desembolso
prometido por el FMI de u$s5.400 millones parece haber quedado suspendido en el
tiempo y espacio hasta nuevo aviso. En rigor, la posibilidad de utilizar los
dólares “intocables” del FMI parecen ser una “compensación” del FMI por el
desaire (el verbo es excesivo) al gobierno de Cambiemos.
Paradoja mediante,
el dato que seguramente comenzará a horadar las proyecciones más ajustadas es
que gracias a esos dólares “frescos”, podría pensarse que, a pesar de la caída
de las reservas, el Gobierno podría seguramente darse la ventaja de no
tener que restringir más algunas variables del control de capitales (o cepo).
Sin embargo, debido precisamente a esa instancia, el escenario para el
próximo gobierno parece, ahora, incluso un poco más restrictivo aún. Es que al
ritmo que caen las reservas, utilizadas en gran medida para “controlar” el tipo
de cambio en la zona de los $60, seguramente se consumirá buena parte de las
reservas de libre disponibilidad. El detalle a tener en cuenta es que si bien
hasta la semana pasada esa partida rondaba los u$s12.500 millones, si se le
suman los dólares precautorios del FMI termina arrojando casi u$s18.000
millones.
Por supuesto, como
suele pregonar la metafísica, en toda versión del mal existe la posibilidad del
bien, pero sólo si existe un espacio para ello. Y en las reservas del Banco Central, el hecho
que esos u$s18.000 millones sean ahora de “libre disponibilidad”, no hace más
de resaltar un rasgo que ha pasado algo desapercibido: que sacando los
dólares encajados de los bancos en el Banco Central (resguardo de los depósitos
de los dólares del sector privado) que superan los u$s7.000 millones, y tomando
nota de unos u$s1.600 millones de préstamos varios a favor del BCRA, lo que
queda son los u$s18.000 millones del swap con China.
No es que sea poco.
Sí, en cambio, que se trata de un instrumento algo tortuoso, que parece haber
perdido su sentido original con la llegada del FMI. El dato a tener en cuenta
es que los yuanes chinos (dólares, en su versión superadora) tienen usos
mínimos porque el propio FMI no permite que con esas divisas se cancelen pagos
de bonos de la deuda o se utilice para intervenir en el mercado de cambios.
La única utilidad
que tienen es la de participar del intercambio comercial entre la Argentina y
China: las operaciones de comercio exterior que deberían hacerse con yuanes y
pesos, sin pasar por el dólar. Además, cada vez que se compensan las
operaciones, hay que recordar que se “activan” los yuanes utilizados y comienza
a regir una tasa que es la Shibor (Shanghai Interbank Offered Rate), que tiene
un costo de alrededor de 7,60% anual. Por otro lado, el uso del swap con China,
quedó condicionado por primera vez el año pasado a la vigencia del stand by de
Argentina con el FMI. El acuerdo estipuló que si por cualquier razón el stand
by se suspendiera o cancelase, el Banco de China rechazaría nuevos retiros de
fondos o renovaciones.
Los memoriosos
recuerdan que el primer acuerdo por u$s10.200 millones a tres años fue firmado
en 2009 durante la presidencia de Martín Redrado en el BCRA, con el
objetivo de reforzar las reservas. En paralelo, se activó la licitación para
levantar la represa santacruceña Cepernic-Kirchner (llamada luego “Condor
Cliff” por el macrismo), que la constructora china Gezouba ganó con la local
Electroingeniería. Pero llegarían más dólares. El segundo movimiento con China
se activó en el tercer trimestre de 2014, con Axel Kicillof en Economía y fue
por unos u$s3.800 millones. En los primeros meses de 2015 se concretó un nuevo
desembolso por unos u$s3.700 millones.
Finalmente con el
cambio de gobierno, se renovó el mecanismo por unos u$s11.000 millones con una
vigencia de tres años más, con lo que las reservan en yuanes llegaron a unos
u$s8.000 millones. El año pasado volvió a negociarse con Luis
Caputo al frente del Banco Central, con un nuevo desembolso por unos
u$s10.000 millones.
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