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Por Francisco
Jueguen - La cita será mañana por la mañana en la Unión Industrial Argentina ( UIA). En la sede fabril de Avenida de Mayo, los
industriales presentarán el "modelo de país" que imaginan para los
próximos años, sea de un reelegido Mauricio Macri o
para un eventual gobierno de Alberto Fernández. Pero,
entre líneas, también comenzarán a mostrar las cartas para las condiciones
necesarias -dicen en la entidad que conduce Miguel Acevedo- para
establecer un posible acuerdo de precios y salarios.
El encuentro
oficial, que servirá para difundir la "Agenda productiva 20/23. Propuestas
para generar y exportar valor al mundo", se fundamenta en un documento de
300 páginas en que el trabajaron el director ejecutivo de la UIA, Diego Coatz,
y su equipo, y al que ayer pudieron echar una ojeada el candidato
presidencial Roberto Lavagna y su eventual
vicepresidente, Juan Manuel Urtubey.
Sin embargo, pese a
las estrategias de largo plazo que difundirán ante los protagonistas de la
carrera electoral, la urgencia está puesta en marcar la cancha con relación a
las propuesta que generalizó el ganador de las PASO, Alberto Fernández,
con quién el comité directivo de la UIA se reunió la semana pasada.
¿Cuáles son las
condiciones necesarias para un acuerdo de precios y salarios? Los industriales
no dudan. Lo primero será un "reperfilamiento" o reprogramación de la
deuda con los acreedores privados y con el Fondo Monetario Internacional ( FMI); volver a los mercados voluntarios con un riesgo país
más bajo, y comenzar a acumular reservas a través de un agresivo "plan de
exportaciones". Para que ese último plan exista, creen, habrá que
discriminar el peso de las retenciones a los productos de valor agregado de
aquellos que no lo tienen. Lo mismo pasará con la política de reintegros que
pedirán impulsar los industriales. Es una política que Mauricio Macri minimizó.
Solo en ese
contexto de mayor certidumbre, creen los empresarios, se podrá comenzar a
trabajar en el segundo paso: dar previsibilidad a los "costos de
producción" que sentarían las bases para instrumentar un acuerdo de
precios y salarios como el que pretende Fernández y negociarán la UIA y los
sindicatos.
Los costos de
producción que necesitan prever los empresarios son tres: tipo de cambio, tasas
de interés y tarifas de servicios públicos. Para el dólar pretenden un esquema
de flotación sucia, con subas previsibles y secuenciales por debajo de la
inflación en 2020. Como en el Gobierno, consideran que hay colchón, aunque para
algunos productos para exportar esperan el restablecimiento de los reintegros.
La tasa de interés,
creen, puede bajar (puede estar ocho o diez puntos por encima de la devaluación
esperada) si se restablece la confianza tras un proceso de acumulación de
reservas y baja del riesgo país, mientras que las tarifas de los servicios
podrían comenzar a tener un precio que discrimine la producción (para cuidar
Vaca Muerta) del transporte y la distribución. La fórmula no es clara.
Solo con
previsibilidad sobre el tipo de cambio, las tarifas y las tasas de interés,
creen los empresarios, se llega a la tercera etapa: negociar con los gremios
aumentos de salarios inferiores a los que actualmente están previendo. En ese
contexto, las compañías encontrarían incentivos en que sus precios, y la
inflación en general, estén levemente por debajo de los sueldos. "Podemos
tener un aumento de 30% de los sueldos y de 25% de la inflación", se
esperanzó ayer un analista. Esa recuperación real de los salarios, indicaron,
mejoraría el consumo interno.
Los acuerdos
estratégicos y de precios y salarios, creen entre los industriales, deberían
ser institucionalizados. En la entidad recuerdan el último que consideran
"exitoso". No fue el de José Bel Gelbard (en 1973), recordado por
Cristina Kirchner en su presentación del libro Sinceramente, sino el de Juan
Vital Sourrouille, dicen, pero "ordenando el tema del gasto". Entre
los empresarios consideran además que deberán pelear el relato en algunos
espacios políticos en los que creen que la inflación se relaciona más con la
concentración empresaria que con inconsistencias macroeconómicas. Miran de
reojo, por ejemplo, los discursos enfocados en asociar la variación de precios
mensual con una eventual proyecto de ley de góndolas (como ayer mismo lo dejó
entrever Alberto Fernández).
El control de
cambios a nivel mayorista y las obligaciones de liquidar divisas, estiman,
llegaron para quedarse por lo menos por un tiempo. No prevén un pacto
antidespidos ni una reforma laboral, pero sí una revisión en los convenios de
diferentes sectores y el mantenimiento de la lucha contra la "industria
del juicio".
La reforma
tributaria de 2016 deberá "reenfocarse hacia las pymes", mientras que
debería debatirse la "sustentabilidad" del sistema previsional.
¿Cierre de importaciones? "No", dicen entre los industriales.
¿Variantes? Con el actual tipo de cambio, valores criterio y medidas
antidumping, por ahora, alcanza.
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