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| La oferta que analiza Alberto Fernández: (sin quita) fondos esperarán cuatro años |
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| Texto informativo:
09/10 - 06:41 Ambito Financiero |
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Por Carlos
Burgueño - La oferta que los fondos de inversión
le llevaron (secreta pero oficialmente) a Alberto Fernández para renegociar la
deuda externa privada emitida en el exterior, incluye un capítulo clave que
entusiasma al “albertismo”: una espera inicial de cuatro años. Con esto,
los primeros pagos integrales, se ejecutarían desde el 2024; cuando un eventual
gobierno de Alberto Fernández estaría completando la gestión para la que, si se
repite el resultado de las PASO, resultaría electo el 27 de octubre. La propuesta incluye,
para algunos de los papeles emitidos bajo ley soberana exterior, la posibilidad
de negociar intereses. Si bien no se trata de una
idea de todos los acreedores (de hecho, no están los bancos), sí hay varios de
los fondos de inversión que más apostaron por los títulos públicos que se
emitieron durante los primeros tres años de gestión de Mauricio Macri, especialmente
en los tiempos en los que Luis “Toto” Caputo fue ministro de Finanzas. La oferta formal a la que tuvo acceso este diario, habla de cuatro años
de espera en el pago de los vencimientos de capital de la mayoría de estos
bonos, a cambio que formalmente el gobierno de Alberto Fernández se comprometa
a no ejecutar quitas de capital. Incluso, si la
posición de la Argentina es “de buena fe” están dispuestos renegociar los
intereses aplicados a los bonos.
Desde el albertismo la propuesta de los fondos de inversión
fue tomada como una presentación seria y factible. Entusiasma incluso que se
trata de una primera presentación, y, en consecuencia, una posición de máxima,
ante el inicio de negociaciones inevitables. Si esto es así, incluso las
condiciones podrían mejorar para la Argentina. Lo único que parece pétreo para
los inversores, es que se mantenga el criterio que no se aplique una quita al
capital adeudado. La posición, entienden en las oficinas de la calle México,
tiene su justificación. Para los fondos, no es lo
mismo mirar a los inversores que confiaron en ellos y sus apuestas por la
Argentina; y explicarles que deberán esperar cuatro años para cobrar sus
papeles, pero que igual será un buen negocio mantenerse
en posiciones argentinas ante la caída general de las tasas a nivel
internacional. Y que, en definitiva, no perdieron dinero, “y que 100 dólares
son 100 dólares”, como le explicó uno de los ejecutivos locales de los fondos a
un muy posible funcionario de un eventual futuro gobierno de Alberto Fernández. Diferente sería la situación si
los responsables del fondo, tuvieran que explicarle a los ahorristas que
confiaron en su buen criterio y conocimiento, que deben pensar en que tienen
menos dólares que los que invirtieron.
Hay otro
valor agregado en la propuesta de los fondos de inversión. Saben en las
oficinas de la calle México que abrir un proceso de negociación de quita de
deuda, a pocos años (según los criterios de los mercados financieros
internacionales) de la reestructuración de deuda del 2005- 2006; sería más que
un papelón. Y que llevaría al país al nivel de paria financiero mundial por
décadas. En la calle México se habla de otro escenario. La hipótesis de
máxima, es que en cuatro o cinco años el país pueda volver a los mercados
mundiales colocando deuda a una tasa del mismo nivel que el resto de la región
latinoamericana (no más de 7% de interés en términos actuales), y así demostrar
que se pudo en cuatro años estabilizar la economía y sus variables.
Dentro de los colaboradores
albertistas se evalúa otra ventaja de negociar una estructura de repago de la
deuda externa, sin quita. Un proceso de este tipo no necesitaría de una ley
para aplicarse ya que se trata del repago de deuda ya existente, y sin la
obligación de emitir nuevos bonos. Al menos en los primeros cuatro años. El
nuevo verbo que se utilizará para la operación es la “reconformación” de la
deuda y una de las condiciones para que desde la oposición se aceptara la idea,
es que no figure en ningún momento la obligación de emitir nuevos títulos
públicos sino reprogramar los pagos de los
bonos vigentes.
Una alta fuente del albertismo
explicaba las negociaciones bajo la siguiente premisa: “La idea que trajeron
los fondos de inversión es muy razonable y viable. Se
basa en el ofrecimiento de alargar los tiempos y acotar la presión inmediata.
Los fondos reconocen, avalan y respetan lo que siempre defendimos: que primero
se debe crecer, para luego tener la capacidad de pago suficiente para
garantizar que los vencimientos se cumplirán. Es lo que hicimos cuando fuimos
gobierno y volveremos a hacer”.
La intención de los asesores, es
que en cuatro años, la situación financiera y fiscal del país esté ordenada y bajo
tres criterios básicos: que Argentina esté en crecimiento, que haya superávits
gemelos y que la inflación esté controlada. En este esquema, aseguran, podría
mostrarse un superávit comercial no menor a u$s25.000 millones; una posición lo
suficientemente sólida como para mostrar que el país está en un proceso de
aumento de la oferta de divisas, y no de mayor demanda.
La oferta de los acreedores es
atractiva a los ojos de los vencedores de las PASO. Pero saben en Buenos Aires
que renegociar un acuerdo directo con acreedores privados, sin quita y con un
plazo de espera de cuatro años; tendrá un opositor de peso. El Fondo Monetario
Internacional (FMI), ahora dirigido por Kristalina Georgieva,
ya le envió un mensaje claro al albertismo sobre el tema.
Según el organismo, la negociación
debe hacerse de manera integral, y cuidando la teoría (tal como adelantó este
diario) de “un solo bolsillo”. Esto es, los compromisos
de pago futuros dependerán de los dólares de que disponga el país, sin importar
si se trata de pasivos con privados internacionales, deuda interna o con
organismos internacionales. Lo que reclama el FMI es
que las discusiones se encaren bajo un “enfoque integral” y no por separado, ya
que “todo se conecta con la capacidad
de pago del país” la que, según la visión desde
Washington, “es alarmante”. Se busca que las negociaciones comiencen con la
apertura de las sesiones con el FMI, antes que con los acreedores externos.
Sólo así, afirman, habrá apoyo del Fondo para respaldar el “repago” con los
privados.
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