|
Por Carlos Burgueño - La oferta que los fondos
de inversión le llevaron (secreta pero oficialmente) a Alberto Fernández para
renegociar la deuda externa privada emitida en el exterior, incluye un capítulo
clave que entusiasma al “albertismo”: una espera inicial de cuatro años. Con
esto, los primeros pagos integrales, se ejecutarían desde el 2024; cuando un
eventual gobierno de Alberto Fernández estaría completando la gestión para la
que, si se repite el resultado de las PASO, resultaría electo el 27 de
octubre. La propuesta incluye, para algunos de los papeles emitidos bajo
ley soberana exterior, la posibilidad de negociar intereses. Si bien no se
trata de una idea de todos los acreedores (de hecho, no están los bancos), sí
hay varios de los fondos de inversión que más apostaron por los títulos
públicos que se emitieron durante los primeros tres años de gestión de Mauricio
Macri, especialmente en los tiempos en los que Luis “Toto” Caputo fue ministro
de Finanzas. La oferta formal a la que tuvo acceso este diario, habla de
cuatro años de espera en el pago de los vencimientos de capital de la mayoría
de estos bonos, a cambio que formalmente el gobierno de Alberto Fernández se
comprometa a no ejecutar quitas de capital. Incluso, si la posición de la
Argentina es “de buena fe” están dispuestos renegociar los intereses aplicados
a los bonos.
Desde el albertismo
la propuesta de los fondos de inversión fue tomada como una presentación seria
y factible. Entusiasma incluso que se trata de una primera presentación, y, en
consecuencia, una posición de máxima, ante el inicio de negociaciones
inevitables. Si esto es así, incluso las condiciones podrían mejorar para la
Argentina. Lo único que parece pétreo para los inversores, es que se mantenga
el criterio que no se aplique una quita al capital adeudado. La posición,
entienden en las oficinas de la calle México, tiene su justificación. Para
los fondos, no es lo mismo mirar a los inversores que confiaron en ellos y sus
apuestas por la Argentina; y explicarles que deberán esperar cuatro años para
cobrar sus papeles, pero que igual será un buen negocio mantenerse en
posiciones argentinas ante la caída general de las tasas a nivel internacional.
Y que, en definitiva, no perdieron dinero, “y que 100 dólares son 100 dólares”,
como le explicó uno de los ejecutivos locales de los fondos a un muy posible
funcionario de un eventual futuro gobierno de Alberto Fernández. Diferente
sería la situación si los responsables del fondo, tuvieran que explicarle a los
ahorristas que confiaron en su buen criterio y conocimiento, que deben pensar
en que tienen menos dólares que los que invirtieron.
Hay otro valor
agregado en la propuesta de los fondos de inversión. Saben en las oficinas de
la calle México que abrir un proceso de negociación de quita de deuda, a pocos
años (según los criterios de los mercados financieros internacionales) de la
reestructuración de deuda del 2005- 2006; sería más que un papelón. Y que
llevaría al país al nivel de paria financiero mundial por décadas. En la calle
México se habla de otro escenario. La hipótesis de máxima, es que en
cuatro o cinco años el país pueda volver a los mercados mundiales colocando
deuda a una tasa del mismo nivel que el resto de la región latinoamericana (no
más de 7% de interés en términos actuales), y así demostrar que se pudo en
cuatro años estabilizar la economía y sus variables.
Dentro de los
colaboradores albertistas se evalúa otra ventaja de negociar una estructura de
repago de la deuda externa, sin quita. Un proceso de este tipo no necesitaría
de una ley para aplicarse ya que se trata del repago de deuda ya existente, y
sin la obligación de emitir nuevos bonos. Al menos en los primeros cuatro años.
El nuevo verbo que se utilizará para la operación es la “reconformación” de la
deuda y una de las condiciones para que desde la oposición se aceptara la idea,
es que no figure en ningún momento la obligación de emitir nuevos títulos
públicos sino reprogramar los pagos de los bonos vigentes.
Una alta fuente del
albertismo explicaba las negociaciones bajo la siguiente premisa: “La idea que
trajeron los fondos de inversión es muy razonable y viable. Se basa en el
ofrecimiento de alargar los tiempos y acotar la presión inmediata. Los fondos
reconocen, avalan y respetan lo que siempre defendimos: que primero se debe
crecer, para luego tener la capacidad de pago suficiente para garantizar que
los vencimientos se cumplirán. Es lo que hicimos cuando fuimos gobierno y
volveremos a hacer”.
La intención de los
asesores, es que en cuatro años, la situación financiera y fiscal del país esté
ordenada y bajo tres criterios básicos: que Argentina esté en crecimiento,
que haya superávits gemelos y que la inflación esté controlada. En este
esquema, aseguran, podría mostrarse un superávit comercial no menor a u$s25.000
millones; una posición lo suficientemente sólida como para mostrar que el país
está en un proceso de aumento de la oferta de divisas, y no de mayor demanda.
La oferta de los
acreedores es atractiva a los ojos de los vencedores de las PASO. Pero saben en
Buenos Aires que renegociar un acuerdo directo con acreedores privados, sin
quita y con un plazo de espera de cuatro años; tendrá un opositor de peso. El
Fondo Monetario Internacional (FMI), ahora dirigido por Kristalina
Georgieva, ya le envió un mensaje claro al albertismo sobre el tema.
Según el organismo,
la negociación debe hacerse de manera integral, y cuidando la teoría (tal como
adelantó este diario) de “un solo bolsillo”. Esto es, los compromisos de
pago futuros dependerán de los dólares de que disponga el país, sin importar si
se trata de pasivos con privados internacionales, deuda interna o con
organismos internacionales. Lo que reclama el FMI es que las
discusiones se encaren bajo un “enfoque integral” y no por separado, ya
que “todo se conecta con la capacidad de pago del país” la que, según
la visión desde Washington, “es alarmante”. Se busca que las negociaciones
comiencen con la apertura de las sesiones con el FMI, antes que con los acreedores
externos. Sólo así, afirman, habrá apoyo del Fondo para respaldar el “repago”
con los privados.
|