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Por Mariano Cuparo Ortiz
- La inversión productiva continuó mostrando su desplome: cayó 15,5% interanual
en agosto. Sigue de ese modo sumergida en el pozo en el que ingresó a partir de
abril del 2018, con el comienzo de las devaluaciones generadas por la crisis de
balanza de pagos, que tuvo justamente en agosto y septiembre su último round.
El dato surgió en paralelo a la discusión en medios de comunicación acerca del
proyecto que Cambiemos enviará en los próximos días al Congreso para
incentivar la inversión productiva.
Aún en esa crisis, los números de agosto mostraron una leve mejora
respecto a los de julio, en la comparación que busca moderar los factores de
estacionalidad: subió 1,3%. Los datos surgieron del último informe del
Indicador Mensual de la Inversión (IMI) del Instituto de Trabajo y Economía de
la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA). "La inversión sigue frenada desde
noviembre de 2018 y no logra repuntar", detalló el informe.
Las medidas oficiales llegaron así en un marco en el que la inversión
sufrió un fuerte desplome, que se centró principalmente entre abril y noviembre
del 2018. En esos meses la contracción fue de 26,1%, según la serie
desestacionalizada del IMI. Y desde entonces permaneció virtualmente estancado,
aunque con subas y bajas, y totalizando una suba de 5,7%. Pero si se compara
con el punto en el que inició la crisis, en el mencionado abril del 2018, la
inversión productiva se muestra hoy operando en un nivel 21,9% más bajo.
El proyecto oficial para incentivar a una inversión que viene golpeada
apuntaría a crear un régimen de promoción de tres años, donde las inversiones
de más de US$10 millones recibirían incentivos impositivos y una amortización
acelerada de sus bienes de uso.
La discusión ahí es si alcanza con medidas de beneficio desde la oferta.
La experiencia muestra que esas medidas de seducción no siempre vinieron
acompañadas de resultados inversores. Los últimos cuatro años son parte de esos
ejemplos. Desde la heterodoxia la idea reinante es la de que primero es
necesario incentivar la demanda, de manera tal que haya consumo y que las
inversiones encuentren un mercado interno al cual venderle los productos. Desde
ese punto de vista una mejora en los salarios reales despertaría el espíritu
inversor.
Otra discusión que también ocurre en paralelo viene desde Frente de Todos y apunta a una nueva reforma al alza en
el tributo de Bienes Personales. Desde la ortodoxia apuntan que semejante
proyecto incentivaría a no invertir e incluso a llevarse los negocios a otros
países. Además la idea es que una suba impositiva a la riqueza incentiva a la
elusión.
Desde la heterodoxia señalan que una suba en un impuesto que es muy
progresivo permitiría realizar política fiscal expansiva y así incentivar la
demanda y por ende la inversión. A la par afirman que la elusión se soluciona
con fiscalización y que la movilidad de capitales no es tan perfecta y simple
como para que los negocios se vayan barato y fácil a otros países. Es decir,
que el concepto "suena bien en los libros pero no en la práctica",
como señaló el economista jefe de Ecolatina, Matías Rajnerman.
El informe del IMI mostró en que forma estuvo compuesta en agosto la
caída de la inversión productiva. Ahí se vio que la construcción cayó 5,9%
interanual.
Por su parte, la inversión equipo durable de producción cayó 26,6%.
Hacia dentro, la compra de nacionales se redujo 18%, con 22 meses de caída
consecutiva. Las importaciones renovaron la fuerza de su ajuste, de la mano de
la nueva devaluación, y se desplomaron 32%, con 16 meses de baja consecutiva.
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