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Por Iván Carrino - Tras casi un año de política
de “emisión cero”, la inflación en Argentina finalmente comenzaba a descender.
En marzo de 2019,
los precios subieron 4,7%, lo mismo que suben los precios en Estados Unidos
sumando dos años. Para julio, sin embargo, la tasa de inflación mensual marcó
un 2,2%, el registro más bajo en 14 meses. No era la gran cosa, pero algo
es algo.
Agosto, sin
embargo, revirtió la tendencia. El INDEC informó que el mes terminó con 4% de
suba de precios, y se espera que septiembre muestre un nuevo registro por
encima de 5%.
La relación entre
emisión e inflación
En general, cuando
suben los precios, los economistas solemos mirar lo que ocurre con la cantidad
de dinero. Es un principio con amplio consenso en la profesión y la
academia que la inflación es un fenómeno monetario y que si se emite
demasiado dinero, los precios terminarán subiendo.
Esto es así porque
al igual que ocurre con cualquier bien de la economía, si aumenta su oferta,
pero no aumenta su demanda, entonces su precio tenderá a caer. En el caso del
dinero, su precio es su poder de compra. Si cae el precio del dinero, cae
su poder de compra, que es la inversa del nivel de precios.
Durante su visita a
Buenos Aires en 1959, lo explicó sencillamente el magistral economista del Siglo
XX, Ludwig von Mises:
“Si la provisión
de caviar fuera tan abundante como la provisión de papas, el precio del caviar
– esto es el tipo de intercambio entre el caviar y el dinero o entre el caviar
y otros productos – cambiaría considerablemente. (…) De la misma manera, si se
incrementa la cantidad de dinero, el poder de compra de la unidad monetaria se
reduce, y la cantidad de bienes que puede obtenerse por una unidad de esa
moneda también se reduce.”
Ahora bien, como
decíamos, en la actualidad la cantidad de dinero no sube, pero la inflación ha
subido. ¿Cómo es esto posible? ¿Es que Mises se equivocó?
Entra el dólar
Si se mira la
secuencia de los acontecimientos, la inflación venía desacelerándose al mismo
tiempo que el tipo de cambio se mostraba estable. El 11 de agosto, sin embargo,
ocurrieron las PASO y al día siguiente Argentina apareció con un dólar de
$ 60, 30% por encima del cierre del viernes 9.
Días después las
listas de proveedores de los almacenes comenzaron a llegar con aumentos,
después subieron los electrodomésticos, y los autos 0 Km dejaron de ofrecerse
al público por unos días… Finalmente, ajustaron su precio en pesos al nuevo
tipo de cambio.
Todo esto,
obviamente, lleva a pensar que el causante de la inflación es el dólar. Y, de
hecho, son muchos los analistas y profesionales que consideran que
efectivamente los movimientos del dólar son los que “generan” la inflación.
Esta aproximación,
sin embargo, no es del todo correcta.
El corto y el largo
plazo
Lo que tenemos que
diferenciar es el impacto en el corto plazo y en el largo plazo de una
variación en el tipo de cambio. Es que en el corto plazo, el nivel de precios
puede modificarse sin que aumente la cantidad de dinero.
Si suponemos por
ejemplo que en la economía solamente existen dos productos, la manzana y la
banana, y que ambos se ofrecen por $ 5, tendremos que el nivel de precios
promedio es 5. Ahora bien, si por un cambio en los gustos de los consumidores,
o por un inesperado declive de la producción de bananas, éstas comienzan a venderse
por $ 8: ¿qué ocurriría?
Mi punto es que
como el mercado es un proceso cuyas adaptaciones llevan tiempo, a corto
plazo es posible que la suba del precio de la banana no sea contrarrestada por
una caída en el de las manzanas. Es decir, incluso cuando los consumidores no
dispongan de más dinero en sus bolsillos, la mayor demanda relativa de bananas
aumenta su precio, pero por un tiempo los vendedores de manzanas no reducen el
precio de su producto.
O sea que, durante
ese tiempo, el nivel de precios sube a 6,5 [(8 5) / 2] y la “inflación” es 30%.
Inflación e IPC
Ahora bien, este
aumento del Índice de Precios del caso anterior no debería técnicamente
llamarse inflación. De acuerdo con los manuales de economía la inflación es el
aumento generalizado y sostenido de los precios.
En este caso, solo
subió el precio de la banana, por lo que no se trata de una suba
generalizada. Además, si el aumento de las bananas responde a un cambio de
preferencias, entonces con el tiempo las manzanas deberán caer de precio.
Finalmente, el nivel de precios volvería a su nivel original. Es decir que el
aumento no generalizado, ni tampoco sostenido.
Por otro lado, si
el aumento de las bananas estuviera explicado por una caída de la producción,
aquí el nivel de precios no bajaría de 6,5, pero tampoco seguiría aumentando.
Es decir, el nivel de precios tendría un salto de una vez, pero no sería algo sostenido
en el tiempo. Distinto es cuando todos los precios suben en un periodo, en el
siguiente, y en siguiente… ahí sí estamos frente a un fenómeno inflacionario.
El mismo
razonamiento puede aplicarse al dólar y la inflación. Dado que el dólar es
un bien más de la economía, éste puede subir por causas que no sean
exclusivamente la emisión monetaria. De ocurrir esto, se afectarán varios
precios, principalmente los bienes importados, y en el corto plazo no habrá
nada que contrarreste esta suba.
Sin embargo, si no
cambia la cantidad de dinero en la economía, a largo plazo se restablecerá el
equilibrio, y en el peor de los casos el nivel de precios no volverá al nivel
previo, pero tampoco seguirá aumentando.
Para concluir, a
corto plazo el índice de precios puede variar por múltiples causas, entre ellas
la suba del dólar. Ahora como fenómeno de largo plazo, las subas sostenidas
y generalizadas de los precios solamente se explican por el aumento excesivo de
la emisión monetaria.
Argentina es una
prueba de ello. No de lo contrario.
(*) Titular de
Iván Carrino y Asociados. Subdirector de la Maestría en Economía y Ciencias
Políticas de ESEADE
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