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Por Roberto
Cachanosky - Existe la falsa creencia que el aumento del gasto
público funciona como un mágico factor multiplicador de la actividad económica.
Los economistas que juegan a ser brujos con poderes mágicos nos quieren hacer
creer que un dólar gastado por el Estado produce más actividad que un dólar
gastado por el sector privado.
En economía no hay
magia, por lo tanto, si el dólar de más gastado por el Estado generara
algún tipo de efecto multiplicador, el dólar de menos gastado por el
contribuyente produciría el mismo efecto desmultiplicador y de retracción
de la economía, en igual intensidad que el supuesto efecto expansivo del
Presupuesto.
A los políticos que
les encanta gastar el dinero del contribuyente este supuesto efecto mágico del
gasto público les viene como anillo al dedo porque pueden vender populismo y
tratar de insensible a todo economista que no solo se oponga a un aumento del
Presupuesto, y peor aún a quienes pedimos reducirlo, porque “no consideramos a
los pobres”.
En la Argentina el
populismo estatista ha llevado el gasto público a niveles que, como veremos
enseguida, ha sido el mayor causante de la pobreza, y hasta tanto no se
entienda que no va a ser la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, ni
sus antecesores ni sus sucesores, la que va terminar con la pobreza revoleando
cheques del contribuyente.
Es que el aumento
del gasto público ha sido la causa de un largo período de déficit fiscal que ha
impactado en 4 variables económicas haciendo explotar la pobreza y
llevarla a los niveles que, la misma dirigencia que la creó, ahora se espanta
de verla.
El gráfico de abajo
muestra la evolución del déficit fiscal consolidado entre 1961 y 2016 en base a
datos del Ministerio de Hacienda.
Tomando los 55 años
que van entre 1961 y 2016, en solo 6 de ellos hubo superávit fiscal. En
rigor esos superávit fiscales estuvieron basados en la llamarada inflacionaria
que generó Eduardo Duhalde con la salida de la Convertibilidad, licuando el
gasto público en salarios y jubilaciones. Si a eso se le agrega que Adolfo
Rodríguez Saá antes había declarado el default y ya no se pagaban los intereses
de la deuda pública; y se establecieron retenciones a las exportaciones con un
tipo de cambio de $4 por dólar, que hicieron licuar el gasto y no pagar la
deuda, más que ordenar el Estado para bajar el gasto público.
Es más, el gráfico
2 muestra la evolución del resultado fiscal en la era K. Como puede verse,
comienza el 2004 con un superávit consolidado del 3,54% del PBI gracias al
viento de cola y al desastre económico institucional que hizo Duhalde, y
terminaron entregando el poder en 2015 con un déficit fiscal de 7,24% del PBI.
Un recorrido de deterioro de las finanzas públicas de casi 11 puntos del PBI.
Ahora bien,
volviendo al largo período de aumentos del gasto público y déficit
fiscal, hubo 5 factores de ese aumento del gasto público que llevaron al
estallido de pobreza impensada en una Argentina que fue pujante y un país
que le ofrecía al mundo un lugar donde prosperar a fines del siglo XIX y
principios del veinte:
Emergencia
permanente
1. Los
recurrentes déficits de las finanzas públicas llevaron a transformar a la
Argentina en un infierno fiscal. El actual Impuesto a las Ganancias nació
como un gravamen de emergencia en 1932 llamado Impuesto a los Réditos.
Hace 87 años que estamos en emergencia. El IVA, que comenzó con una tasa
del 13% en 1975, fue aumentando hasta el actual 21%. Recordemos que en 1995
se pasó de una alícuota del 18% para llevarla al 21% para enfrentar la
emergencia por la crisis del Tequila. Es decir, llevamos 24 años de
emergencia. Lo mismo ocurre con el impuesto a los créditos y débitos
bancarios, creados como emergencia en 2001, tenemos 18 años de emergencia. Y
podríamos seguir con los ejemplos mostrando la creciente presión tributaria a
nivel nacional, provincial y tasas municipales que transformaron a la Argentina
en tal infierno fiscal que condujo a tener cada vez menos inversiones;
2. el aumento del
mercado informal de la economía (la curva de Laffer funciona en la
realidad) y la fuga de capitales en busca de países que no
expropiaran impositivamente al sector productivo. Pero la salida de capitales
no se produjo solamente por la presión tributaria. Las recurrentes crisis
fiscales derivadas del déficit estatal llevaron a continuas confiscaciones
de activos líquidos. En 1987 el ahorro forzoso; en 1989 el plan BONEX; en
2001 el corralito; en 2002 el corralón y la pesificación asimétrica; en 2008 la
expropiación de los fondos en las AFJP; los balances que no se ajustan por
inflación, deteriorando parte del capital de trabajo de las empresas y los
ingresos de las personas.
3. la sistemática
violación de los derechos de propiedad con confiscaciones que hicieron que
la gente buscara resguardar el fruto de su trabajo lejos de la mano del Estado.
Por esa razón hoy en día los depósitos en el sistema financiero argentino no
representan más del 14% del PBI cuando en países como España representan el 96%
del PBI, en Irlanda el 90% o en Chile el 52%. El argentino atesora o vuelca sus
ahorros en países donde le respetan el derecho de propiedad, países que son
desarrollados, con lo cual el populismo gastador compulsivo ha logrado que los
argentinos terminemos financiando la inversión y el consumo en economías
maduras. Encima, el escaso ahorro interno que se vuelca al sistema financiero
local es absorbido por el estado vía Lebac, Leliq y cuanto instrumento de deuda
interna pueda inventar el estado.
4. Como la carga
impositiva infernal no alcanza para financiar el gasto público, como tampoco
alcanzan los recursos confiscados, como tampoco es suficiente el endeudamiento
interno, también el Estado toma deuda externa para financiar el
gasto. Los populistas viven protestando contra la deuda pública, pero no
despotrican contra el gasto público que lleva al déficit fiscal y al
endeudamiento que se transforma en más gasto público por los intereses que hay
que pagar.
5. Pero no
conformes con todo esto, además el Estado ha financiado el déficit con
emisión monetaria destruyendo 5 signos monetarios y produciendo períodos
de alta inflación, megainflación e hiperinflación. Sin moneda es imposible
hacer cálculo económico y sin cálculo económico no hay posibilidad de estimar
si un proyecto de inversión es viable. O sea, la ausencia de moneda es otro
impedimento para que se produzcan inversiones. Sin moneda la economía trabaja
en el día a día y no proyecta períodos largos dado que no se pueden hacer
estimaciones por falta de un instrumento de medición.
La tormenta
perfecta
Tenemos entonces
que el gasto público ha transformado a la Argentina en un infierno fiscal, en
un Estado que es un confiscador serial ahuyentando el ahorro hacia plazas donde
se respeten los derechos de propiedad dejando sin crédito interno la economía
argentina, al tiempo que el estado, para financiar su gasto público, absorbe el
escaso crédito interno y encima toma deuda externa y destruye la moneda con
emisión monetaria.
En definitiva el
gasto público ha creado la tormenta perfecta para hundir la economía argentina
en la pobreza que vemos como viene creciendo desde hace décadas. No es este
gobierno el que hizo explotar la pobreza, en todo casi ni empezó a
solucionarla, son décadas de gobiernos gastadores que destruyeron todos
los instrumentos económicos básicos para que haya inversiones, se creen puestos
de trabajo, mejore el salario y baje la pobreza. El gasto público destruyó la
calidad institucional de Argentina dejándola sin inversiones y con una pobreza
insospechada.
La pobreza actual
es hija de un Estado depredador que espanta las inversiones, y ese Estado
depredador es consecuencia de una dirigencia política que solo sabe gastar y
confiscar el fruto del trabajo de la gente laboriosa e innovadora. Son los
políticos, con su competencia populista, los que llevaron el gasto público a
niveles extremos haciendo explotar la pobreza. Son los verdaderos responsables
de esta decadencia argentina.
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