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Por Santiago Fraschina - Después del agosto
negro desatado tras las elecciones primarias, los activos argentinos se
recuperan, a modo de “rebote del gato muerto”, facilitado por la
nueva estabilidad del tipo de cambio. El salto del dólar post-PASO volvió a
acelerar la inflación y a profundizar la recesión, en un contexto donde la moneda
estadounidense parecía no tener techo. El Central debió elevar por encima del
80% la tasa de política monetaria (ahora debajo del 70%) y salir a vender
dólares para evitar una corrida mayor. Además después del shock electoral y de
medidas desacertadas del gobierno, se inició una fuerte salida los depósitos en
dólares de los bancos, que sumó presión sobre las reservas internacionales.
Esto, sumado a la agudización de la compra de dólares para atesoramiento, que
en agosto marcó un récord para la fuga de capitales, llevó al gobierno nacional
a tomar medidas que no estaban dentro de su marco ideológico pero que se
volvieron inevitables, aunque no suficientes para contener la sangría de
dólares y la presión sobre el tipo de cambio. El ejecutivo a las pocas semanas
ya había implementado un todavía laxo control de cambios y dio el primer paso
para un reperfilamiento de la deuda pública, que en la jerga financiera se
conoce tradicionalmente como cesación de pagos o default.
Vale decir en
cambio que las condiciones para una crisis bancaria como la de 2001 todavía
aparecen como lejanas. Sin embargo, la sangría de dólares, principalmente por
fuga de capitales y el aplazamiento del pago de vencimientos de la deuda (en
dólares y en pesos) producen una gran incertidumbre de cara a los próximos
meses. Además, las elecciones generales del próximo 27 de octubre serán
otro punto crítico para los movimientos financieros. El comportamiento y las
medidas que lleve adelante el ejecutivo nacional entre el 28 de octubre y el 10
de diciembre en caso de un resultado adverso electoralmente serán fundamentales
para determinar cuanto más se podría agudizar la actual crisis económica que
azota a los hogares, pero también a las empresas pequeñas, medianas y grandes.
En este marco, la
situación cambiaria y financiera actual continúa siendo crítica, a pesar del
superávit en la balanza comercial tras del derrumbe de las importaciones. No
obstante, los dólares genuinos adicionales que puedan estar ingresando por el
comercio exterior terminan dilapidándose producto del stress financiero extremo
que enfrenta la economía doméstica. El debate está puesto en cuáles son las
políticas económicas que deberá implementar el próximo gobierno en materia
cambiaria y financiera para poder evitar que el tipo de cambio continúe
devaluándose, acelerando la inflación y azotando el poder adquisitivo de los
hogares, ya castigados durante los últimos cuatro años de políticas económicas
erráticas. Los analistas tienen opiniones variadas sobre si se debería endurecer
el control de cambios, sostener el actual nivel del dólar y reducir la tasa de
política monetaria. También es una incógnita que tratamiento recibirá la deuda
pública.
Mientras, el clima
a unas semanas de las elecciones generales presenta claroscuros. Por un lado,
las empresas que cotizan en el Merval al igual que los ADR’s que cotizan en
Nueva York han recuperado terreno tanto en moneda doméstica cómo en dólares,
luego de uno de los peores desplomes de la historia en agosto. A su vez, los
bonos argentinos que estaban a precio de default tuvieron un repunte, lo que no
modifica la situación de cierre del financiamiento voluntario que enfrenta la
economía nacional. Por otro lado, la sangría de reservas y depósitos en dólares
no ha cesado. Las reservas brutas cayeron cerca de u$s 19 mil millones (-28%)
desde las elecciones primarias. A su vez, los depósitos en dólares cayeron en
más de u$s 12 mil millones en el mismo periodo (-35%). Y en un año donde el
BCRA prácticamente no había realizado ventas en el mercado de cambios, desde
agosto lleva vendidos mediante ventas directas u$s 4 mil millones. Además, en
dicho mes la fuga de capitales alcanzó la cifra record de los u$s 6 mil
millones.
El oficialismo ha
argumentado en reiteradas ocasiones que la pésima situación financiera es
debido a que el candidato ganador de las elecciones primarias no tiene la
confianza de los mercados, lo que sería el motivo principal de la devaluación
post-PASO. Sin embargo, lo que se omite en esta afirmación es que la crisis de
la “desconfianza” de los mercados ya había acontecido el año pasado
cuando los mercados voluntarios de crédito le cerraron la canilla del
endeudamiento a la Argentina, lo que derivó en la vuelta de urgencia al FMI. En
todo caso, la corrida cambiaria y la volatilidad financiera post-PASO son
producto de que los inversores internacionales estén descontando que las
políticas económicas que renovaron la especulación financiera en la Argentina
hayan recibido un golpe de knock out en las elecciones primarias y que estén en
trayectoria de tomar un nuevo rumbo. Si se terminan los incentivos para la
fiesta financiera es lógico que los inversionistas escapen justamente de las
inversiones financieras. De lo que se tratará en la próxima etapa es que
vuelva a ser rentable la inversión en la producción y en el trabajo.
(*) Director de
la Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional de Avellaneda e
Integrante del colectivo EPPA.
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