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El ministro de
Hacienda, Hernán Lacunza, reveló hace un par de semanas cuál fue el pedido
específico que le hizo el presidente Mauricio Macri al designarlo, hace ya dos
meses: “Me dijo que la devaluación de agosto tenía que ser la última”,
contó. El objetivo se cumplió, pero el precio fue alto: se reestablecieron
los controles cambiarios y adicionalmente el Central tuvo que vender USD 4.000
millones desde el día siguiente a las PASO.
De ese total
utilizado para la intervención cambiaria, mas de la mitad (USD 2.300 millones)
fueron vendidos por el BCRA entre el 12 de agosto, el día siguiente a las PASO
y fin de mes. Fue una clara muestra de la desconfianza que se apoderó de
ahorristas e inversores luego de la contundente victoria de Alberto Fernández
en las primarias. El cepo para la compra de dólares que comenzó en septiembre
resultó insuficiente para evitar el drenaje de reservas. Desde entonces el BCRA
ya vendió unos USD 1.700 millones adicionales. En octubre la tendencia se
mantiene y hay un peligro real de que se acelere a medida que falten menos días
para las elecciones.
La conclusión de
este panorama es bastante obvia: las medidas cambiarias no alcanzaron para
“blindar” al Central, que se vio obligado a continuar con la venta de dólares.
Estas intervenciones, más el retiro de depósitos en moneda extranjera de los
bancos (que se desaceleró sustancialmente) y el pago de deuda generaron una
continua caída de las reservas internacionales, actualmente debajo de los USD
48.000 millones. El stock de reservas “netas”, sin embargo, es inferior a
los USD 15.000 millones, incluyendo las que el FMI había prestado como garantía
y que supuestamente eran “intocables”.
Los controles
cambiarios y la intervención del BCRA en el mercado contado más venta de
contratos a futuro consiguieron que el tipo de cambio se mantuviera “planchado”
prácticamente hace más de un mes y medio. El mayorista subió marginalmente en
los últimos días y se ubicó apenas de los $ 58, mientras que el minorista en la
mayoría de las entidades no pasó los $ 60. Cada atisbo de suba que se verificó
en el mercado resultó rápidamente sofocado por la entidad que preside Guido
Sandleris.
Es claro que este
“set” de políticas continuará hasta las elecciones presidenciales, es decir que
se mantendrá inalterado en los seis días hábiles que quedan hasta el 27 de
octubre. La gran incógnita es cómo sigue después. Sobre todo si el
candidato de Frente de Todos confirma el gran resultado obtenido en las PASO y
resulta presidente electo. En ese escenario, será difícil que el esquema
diseñado por Lacunza no sufra modificaciones.
El propio Alberto
Fernández pidió públicamente que el Central “cuide las reservas” y llegó a
decir que “parecía a propósito” que se siguieran utilizando para intervenir en
el mercado cambiario. Algo parecido planteó hace pocas horas el candidato a
diputado del mismo frente, Sergio Massa.
Hay distintas
posibilidades que se abren, pero básicamente son tres:
. Restringir
más los controles cambiarios para que el Central deje de vender dólares o
pierda la menor cantidad de reservas posibles. Una opción sería disminuir
el monto mensual que se autoriza al público para comprar dólares, actualmente
estipulado en USD 10.000 mensuales. Resultaría más complejo al menos en esta
etapa ponerle alguna traba al uso de la tarjeta en el exterior o la compra de
pasajes. El momento para hacerlo sería automáticamente después de los comicios,
ya que en noviembre se habilitaría una nueva ventana para la adquisición de
divisas. Imponer nuevos controles tampoco es gratis, ya que provocaría un
salto adicional del dólar "blue¨, es decir el que se opera en el mercado
informal, como también del “dólar Bolsa”, que es el que surge de los precios
implícitos de los activos argentinos que cotizan en el mercado. Este último ya
roza los $ 70 y amenaza con seguir aumentando.
. Dejar los
controles cambiarios como están, pero reducir la participación del BCRA en el
mercado de cambios. El problema es que esto generaría automáticamente un
salto del dólar en el mercado oficial, provocando en forma inmediata otro
fuerte salto en los precios. Algunos especulan con la posibilidad de que
Alberto Fernández preferiría esta opción para que la devaluación la soporte el
gobierno anterior, pero no parece ser el caso. Ayer uno de sus principales
referentes económicos, Matías Kulfas, reiteró su visión de que el dólar a $ 60
“está bien”.
. No modificar
nada, es decir que todo siga como está al menos hasta el 10 de diciembre. Esto
implicaría que el tipo de cambio se mantenga alrededor de los $ 60 y el Central
perdería otros USD 1.500 a USD 2.000 mensuales. Podría ser una postura que
decida mantener el actual gobierno para irse de la mejor manera posible, es
decir sin perjudicar más a los pequeños y medianos ahorristas. Otra
cuestión a considerar es el resultado de la elección en la ciudad de Buenos
Aires. Si hay balotaje, es casi imposible que el Gobierno tome nuevas medidas
que perjudiquen a la clase media, favoreciendo así las chances de Horacio
Rodríguez Larreta.
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