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Por Claudio
Zlotnik - Cuentan desde su equipo de asesores económicos que Alberto Fernández quiere tomar rápidas decisiones apenas
asuma, con el objetivo de ganar la confianza tanto dentro como fuera del país.
Mostrar gestos concretos de que quiere domar la crisis. "Dejar de correrla
desde atrás", señala uno de sus colaboradores.
Como cuando Néstor
Kirchner, a 48 horas de asumir, viajó a Entre Ríos para solucionar un conflicto
docente que ya llevaba 70 días. Aquella decisión le permitió al entonces
mandatario marcar la impronta de su gobierno.
Ahora Alberto F.
tendrá la suya. Está convencido de que las primeras decisiones que tome serán
fundacionales para su administración.
A diferencia de
aquel Néstor K., que asumió con una economía que había dejado lo peor de la
crisis y ya había empezado a despegar, ahora se desconoce si la recesión ya
tocó su fondo o si todavía hay margen para empeorar. Incluso, al día de hoy, no
hay nadie que pueda asegurar cuál será el valor del dólar ni la cantidad de reservas internacionales que
quedarán en el Banco Central el 10 de diciembre. Se vienen seis semanas
determinantes.
Por eso mismo,
ahora una de las claves para enfrentar la crisis será el abordaje de la
cuestión financiera. En concreto, una de
las cuestiones analizadas refiere a lo siguiente: ¿Cómo hacer para que la
emisión monetaria para poner pesos en los bolsillos de los argentinos no vaya a
alimentar una demanda de adicional de dólares o provoque un shock
inflacionario?
Por
eso mismo, uno de los primeros objetivos que tiene Fernández será que el Banco
Central se quede con los dólares del superávit comercial. Y, de esa manera, se
empiecen a reforzar las reservas.
No es lo que sucede
ahora: si bien la Argentina finalizará este año con un superávit comercial de
unos u$s14.000 millones, el BCRA pierde reservas a diario por culpa de los
pagos de los vencimientos de la deuda y de la dolarización de los argentinos, que no se
frenó a pesar del cepo y de la suba del tipo de cambio.
Precisamente, en el
equipo técnico del Frente de Todos asumen que existen "dos cables
sueltos" que son vitales para lograr la ansiada estabilización financiera.
Uno de esos
"cables" es la deuda (tanto con bonistas privados como con organismos
multilaterales), que obliga a pagos prácticamente a diario. La otra variable
que busca solución es la "bola de Leliq", que está en poder de los
bancos y que -de no resolverse- impedirá que el sistema financiero vuelva a
prestar a costos razonables para una economía que busca retomar el crecimiento.
A fortalecer la "caja verde"
En el arranque, la
administración Fernández buscará ir hacia una normalización financiera. Por lo
pronto, el refuerzo de las reservas le permitiría al nuevo gobierno emitir
dinero con respaldo de divisas en el Banco Central.
Esa
mayor emisión (controlada) permitiría "lubricar" la economía e
iniciar un descenso "en serio" de las tasas de interés.
El
superávit comercial, entonces, serviría como ancla para comprar dólares y
emitir pesos sin el riesgo de un nuevo shock inflacionario.
Juega a favor de
esa estrategia, creen en el equipo de AF, que hoy en día hay muy pocos pesos
dando vueltas por la economía, producto de la estrechez monetaria ensayada por
Guido Sandleris.
La pregunta del
millón, bajo esa premisa, es cómo lograr que los dólares del superávit del comercio
se queden en el Banco Central y no se escurran, como sucedió hasta ahora.
Al respecto,
existen dos respuestas contundentes, de parte de los economistas del candidato:
-Una,
que los controles de cambio se endurecerán lo necesario para que tanto el atesoramiento
de dólares como los gastos por turismo en el exterior se achiquen o se realicen
a un precio diferenciado del tipo de cambio "oficial".
¿Habrá
desdoblamiento formal? Las fuentes no responden, argumentando que no hay
decisión tomada al respecto, al menos hasta que se realicen las elecciones y se
tome noción de la cantidad de divisas que queden en el Banco Central.
-La
otra gran cuestión que la próxima administración deberá resolver pasa por
la deuda. En las principales consultoras de la City porteña
asumen que el próximo gobierno tendrá poco tiempo para encarar una
renegociación de la deuda pública.
No más de cuatro a
cinco meses, estima uno de los principales consultores, que incluso mantiene
contacto con el candidato kirchnerista. Ese es el período que tendría AF para
desarmar la bomba de la deuda.
El mercado no ve una salida
"uruguaya"
La
urgencia tiene que ver con el incentivo por evitar el default. Un acuerdo
rápido -y ordenado- de la deuda despejaría incertidumbre siempre y cuando, como se
supone, imponga una "pausa" en los pagos de los vencimientos durante
tres a cuatro años.
La clave ahí será
la quita, que el mercado descuenta, pero sobre la que Fernández no dio ninguna
señal, más que hablar de una "salida a la uruguaya" que no consistió,
precisamente, en esa opción.
Como en su momento
mencionó Carlos Melconián, una quita sería saludable para despejar el panorama
y no volver a plantear el "problema de la deuda" durante los próximos años.
Por lo pronto, el
propio Fernández reveló que ya recibió diferentes propuestas desde bancos de
Wall Street para encarar una renegociación "amigable". Ahora bien: una
cosa es lo que les conviene a bancos de inversión, que intentan cerrar un
negocio millonario; y otra muy distinta son los intereses y la capacidad de
repago de ese eventual arreglo.
Otra vez: cualquier
ensayo previo al 10 de diciembre puede naufragar, ya que se desconoce la
cantidad de reservas que quedarán en el BCRA.
Por
eso mismo, el candidato del Frente de Todos le reclama públicamente a Macri,
cada vez que puede, que deje de vender divisas en el mercado cambiario para
sostener una cotización que puede ser imposible de sostener.
En simultáneo será
muy importante ver la "solución" que busque la nueva administración
con el Fondo Monetario.
Como reveló
iProfesional, en principio, la idea que ganó espacio en el equipo de Alberto F.
pasa por poner "en pausa" la relación con el FMI. Es decir, abonar
durante 2020 los vencimientos de intereses con el organismo -por un total de
u$s1.500 millones- pero demorar un acuerdo por el global de la deuda tomada durante los años de Mauricio Macri -unos
u$s44.000 millones por ahora-.
Un factor a favor y uno en contra
En el equipo de
Alberto F. creen que hay una situación que juega poderosamente a favor de un
arreglo rápido con los acreedores privados. Y un escenario en contra.
A
favor está el hecho de que la tasa de interés internacional se mantiene en
niveles históricamente bajos. Esto, llegado el caso, puede arrimar a un canje a
los inversores.
Cuando
la Argentina encaró la anterior renegociación, la tasa internacional había
arrancado en niveles en torno al 1% anual pero rápidamente se elevó al 5%, sin
saber si ése sería su techo (que lo fue).
También colabora el
hecho de que los precios de los bonos argentinos en el mercado ya sufrieron un
fuerte ajuste, lo que también incentiva a un arreglo.
En el sentido
opuesto, juega en contra que la Argentina mantiene en rojo sus cuentas
públicas. En el mercado creen sustancial que el país vaya a una negociación con
las cuentas ordenadas, algo que se supuso para este año pero que, otra vez,
terminará en un desvío.
¿Habrá, finalmente,
un ancla fiscal? ¿Se va hacia un desdoblamiento o bien a "mercados
paralelos" del dólar? ¿Cómo se solucionará la bola de Leliq?
Son algunas de las
dudas que subsisten en el mercado financiero. A la espera de que llegue el 10
de diciembre, en el equipo de Fernández se trazan objetivos. Hay entusiasmo
para "dar vuelta" la dinámica económica. No es fácil en medio del la
desconfianza que recae sobre la propia moneda. La única forma es restituir
dicha confianza con medidas consistentes.
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