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Por Walter Graziano - El 12 de agosto pasado,
un día después de las PASO, daba la impresión de que íbamos a ser testigos de
una de las transiciones de gobierno argentino más largas de la historia. No
tanto por la cantidad de días que separan al 11 de agosto del 10 de diciembre,
sino por los momentos críticos que se vivieron la primera semana después de las
PASO. Ahora estamos prácticamente a mitad de camino de los 4 meses que separan
ambas fechas y las noticias no han sido escasas en el terreno
financiero: la reprogramación compulsiva de las letras en pesos y dólares
y el control de cambios han sido los dos momentos más álgidos y difíciles
enfrentados en estos dos primeros meses. Lo cierto es que aunque las reservas vienen
bajando todos los días a un preocupante ritmo de casi u$s100 millones al día,
todo indica que de aquí hasta la entrega del mando difícilmente vivamos
momentos como los experimentados directamente tras las PASO, con un riesgo país
creciendo descontroladamente, un dólar subiendo más de 30% y las tasas de
interés superando cómodamente el 80% anual. Ahora esos momentos duermen en el
desván de los recuerdos y bien puede asegurarse que difícilmente vivamos
momentos similares. Veamos cada uno de los factores que podrían desestabilizar
financieramente el momento previo a la entrega del mando y analicemos su
posible evolución.
Compra de dólares al Banco Central
Esta ventanilla
está medianamente controlada con el expediente de vender solo a particulares
hasta u$s10.000 mensuales y nada a las empresas salvo por importaciones. Desde
este punto de vista, buena parte del dinero depositado en pesos en los
bancos es una especie de “dinero muerto” a los fines cambiarios en el sentido
de que no puede tener incidencia en el dólar oficial, que determina la suba o
baja de la tasa de inflación. Esa es la única ventaja –entre muchas
desventajas– que posee el troglodita control de cambios impuesto por el
gobierno de Mauricio Macri, al costo de seguir goteando reservas todos los
días. Y aunque no hubo ni un solo día desde el control de cambios –entiéndase
bien: ni uno solo– en el que se ganaran reservas, los plazos fijos en pesos
susceptibles de comprar dólares no superan prácticamente el valor de u$s20.000
millones, por lo que el “goteo” actual de reservas bien puede continuar y hasta
reforzarse. Pero lo que no puede es convertirse en un torrente. Para ello
se necesitaría una cifra de alrededor del doble de los plazos fijos en pesos
que actualmente hay en los bancos. Lo cual no significa, obviamente, que el
control de cambios no sea reforzado tras el 27 de octubre, lo que luce
probable.
Fuga de depósitos
en dólares
La salida de las
cajas de ahorro y los plazos fijos en dólares era la causa más preocupante de
todas por el doble efecto que la misma tiene en las reservas del BCRA y en la
necesidad casi perentoria de los bancos de cancelar créditos en dólares a
clientes que no los pueden devolver de un día para el otro. A pesar de que hoy
hay cerca de u$s8.000 millones de los bancos depositados en el Banco Central en
concepto de encaje de los “argendólares” y casi otros u$s4.000 millones en las
entidades para atender la devolución diaria de estos depósitos dolarizados, es
perceptible que la fuerte fuga de este tipo de depósitos ha disminuido de
manera notable hasta convertirse en una cifra ahora baja. Por lo tanto, este
factor de gran peligrosidad –que debiera hacer replantear la conveniencia de
permitir estos depósitos en Argentina– hoy no tiene incidencia en el
desenvolvimiento diario del mercado financiero. ¿Puede volver a tenerla antes
del 10 de diciembre? Hay que ser un tanto escépticos con respecto a tal
posibilidad. Ocurre que el tenedor de un depósito en dólares en los bancos
argentinos es un ahorrista sumamente conservador al cual no le gusta asumir
riesgos. Ni el riesgo de poner sus ahorros en pesos, ni el riesgo de que le
roben sus ahorros en su casa, ni el riesgo electoral. Los ahorristas que
visualizaron el regreso del peronismo-kirchnerismo al poder como un factor de
gran riesgo ya retiraron sus depósitos de los bancos. Hay otro segmento
que no considera ese riesgo demasiado apreciable y ha decidido, hasta el
momento, mantener esos dólares en los bancos. ¿Porqué? Puede ser porque sabe
que en el gobierno de CFK nunca se tocaron los depósitos en dólares que
existieron a lo largo de los doce años de gobierno de Néstor y Cristina
Kirchner y también puede ser porque no se percibe a Alberto Fernández como un
factor de riesgo potencial para este tipo de depósitos. Puede parecer
paradójico –o quizás no lo sea tanto– pero el porcentaje de fuga de depósitos
en dólares tras las PASO, superior al 30% de los mismos, prácticamente equivale
al porcentaje de votos que sacó Macri en esas elecciones. En otras palabras:
muchos –muchísimos- tenedores de depósitos en dólares votaron por la fórmula
Fernández-Fernández, por lo cual cabría preguntarse porque decidirían huir
despavoridos con sus ahorros ante la novedad de haber votado al candidato
ganador… No tendría mucho sentido. Cabe concluir que una buena parte de los
depósitos en dólares no va a huir del sistema financiero, quizás ya estemos
cerca de ese porcentaje.
Vencimientos de deuda pública en dólares
Este es el tercer
factor de posibles convulsiones en los mercados dado que los vencimientos de
deuda pública entre octubre y diciembre alcanzan los u$s 6000
millones. Este factor podía entonces -con sobrada razón- llegar a convertirse
en el indudable primer punto de preocupación cuando se calmó la fuga de
depósitos en dólares y el FMI trabó el desembolso de u$s 5400 millones que
correspondía que ingresaran el 15 de septiembre. Sin embargo el hecho de que el
FMI haya recientemente autorizado el uso de los u$s 7200 millones de las
reservas que ese organismo había prestado con la condición de no usar sin su
permiso para el pago de vencimientos de deuda descomprime la acuciante
situación.
En síntesis, podría
decirse entonces que tres enormes frentes de tormenta que amenazaban convertir
a los cuatro meses entre las PASO y la entrega del mando en un tembladeral,
aunque siguen en el horizonte, se han disipado considerablemente. Ello no
significa, claro está, que todo esté solucionado. Ocurre que las reservas
siguen descendiendo y lo hacen día tras día de manera incesante, sin
intermitencias. El FMI por su parte se muestra renuente a seguir desembolsando
fondos. Y el mercado monetario está trabado por el rústico control de cambios
utilizado por este gobierno, lo que morigera la compra de dólares especulativa
pero ocasiona todo tipo de trastornos. Así dadas las cosas, lo más probable es
que este “impasse financiero” se mantenga hasta la entrega del mando acompañado
por la depresión económica que implica mantener los jirones del deshilachado
“Plan Doble Cero” que había sido pergeñado entre el gobierno saliente y el FMI.
¿Podemos dormir tranquilos entonces al menos en los aspectos financieros? No.
Lamentablemente no. Aún cuando este pronóstico de “calma chicha” en los
mercados pueda mantenerse hasta el 10 de diciembre, Mauricio Macri va a dejarle
a Alberto Fernández un muy bajo nivel de reservas en el Banco Central, amén de
un incierto retorno del atraso cambiario. Entre los pagos de deuda y las ventas
de dólares que el Banco Central realiza diariamente, lo más probable es que las
reservas de libre disponibilidad se ubiquen, al momento de la trasmisión de la
banda presidencial en solo u$s 3000 a 5000 millones, como máximo. Por lo tanto,
el presidente entrante no tendrá más remedio que atender los problemas sin
demora, a fin de calmar no solo a los depositantes de pesos y dólares sino
sobre todo a la población que no sabe ni entiende nada de depósitos bancarios
pero que bien puede sufrir los avatares de un descontrol con el dólar a través
de más inflación y recesión. Todo ello, viéndoselas en figurillas con el
siempre espinoso tema del tipo de cambio real. Uno de los primeros problemas a
atender será decidir como se pagan los cerca de u$s10.000 millones que vencen
en los primeros meses del nuevo gobierno, en buena medida debido a las Letes y
Lecap compulsivamente reprogramadas por Macri, cifra que Alberto Fernández
hereda. Lamentablemente, estos cálculos implican que no habrá reservas para
esos pagos…. A no equivocarse: el nuevo gobierno solo hereda deudas y asumirá
casi sin reservas.
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