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Por Leandro
Gabin - La apuesta que no fue. Uno de los grandes perdedores de la debacle
económica que arrastró al Gobierno es el sector financiero. Las sociedades de
bolsa y los bancos de inversión, muchos de estos últimos extranjeros que
empezaron hace algunos años a volver a Buenos Aires, saben que lo que viene
será un desierto en términos de las posibilidades de hacer negocios.
Si bien los brokers
locales mantendrán su presencia, no será lo mismo para los representantes de la
banca internacional. En las oficinas de varios de estos jugadores que
desembarcaron ilusionados por el "cambio" de ciclo económico y
político, se respira resignación.
"No
va a tener sentido mantener una presencia demasiado activa en la Argentina. La
realidad es que nunca dio para mucho el negocio del mercado local, pero uno
hizo pie para empezar a armar algo, creyendo que había un potencial de
crecimiento. Ahora, con el inminente cambio de gobierno, no sabemos qué pasará.
Seguramente quede una mínima representación en Buenos Aires pero no descartamos
mudar a los analistas a otras oficinas en América latina", explicó el
ejecutivo de un banco europeo a iProfesional.
Todos los que
accedieron a hablar con este medio pidieron mantener el anonimato porque,
dicen, la decisión final no está tomada. "Cuando haya algo quer anunciar,
se hará", repiten.
"Es difícil
mantener esta estructura de 10 personas cuando los negocios no están ni van a
estar. Además, está el tema de cómo se paga el salario. Ahora con el cepo, y
con el cepo que creemos que vendrá más restrictivo, es muy engorroso para la
casa matriz girar los dólares y acreditarlos en Argentina. Además, se liquida
en pesos al tipo de cambio oficial cuando los dólares en el contado valen más
por la brecha. Ya nadie va a querer trabajar acá si no puede dolarizar su
sueldo. O les pagás directamente afuera y les dejás algo acá para vivir, o
directamente los mudás a otro país", agregaba el mismo ejecutivo.
El
banquero le muestra a iProfesional las oficinas ubicadas sobre la Avenida
Libertador. Es en un piso con varias oficinas para reuniones que ya no se
harán. "Ves todo esto", dice a este cronista señalando el espacioso
lugar donde pensaban que se multiplicarían los negocios. "¿Para qué todo
esto ni acá no va a venir ni el loro?", se respondió.
Otra apuesta frustrada
Lo cierto es que
durante los primeros dos años del macrismo, la expectativa fue tal que muchos
grandes fondos del exterior abrieron oficinas en Buenos Aires. Envalentonados
por el cambio de signo político, un gobierno claramente pro mercado y con ideas
económicas que esquivaban el populismo K, la banca internacional volvió a mirar
a la Argentina.
"Luego del
ostracismo de los 12 años del kirchnerismo, cuando el negocio financiero
virtualmente no existió o sólo consistía en vender dólar blue, hubo quienes
buscamos crecer en la Argentina por el potencial que veíamos", decía un
financista de banca privada.
Entre
los casos más resonantes que llegaron al país por la apuesta al macrismo, se
puede detectar al gigante neoyorquino BlackRock. El año pasado desembarcó de la
mano de Francisco Rosemberg, quien se unió a ese fondo proveniente de Schroders
(otra financiera internacional que ya opera localmente).
La
firma, un gigante de la Costa Este de los Estados Unidos, venía operando para
clientes argentinos y uruguayos pero desde sus oficinas en Chile. BlackRock,
con cerca de u$s6 billones en activos, jugó fuertemente por el Gobierno de
Macri.
De hecho su CEO,
Larry Fink, se reunió personalmente con Macri tanto en Buenos Aires como en
Nueva York. Fue decisivo cuando compraron junto a otro viejo conocido, bonos en
pesos (los Botes 2023 y 2026) para salvar una operación a Luis "Toto"
Caputo, en 2018.
Otro
que ya estaba pero que empezó a moverse más fue Franklin Templeton. El fondo
ahora conocido porque perdió miles de millones apostando por la deuda
argentina, había empezado a acercarse a brokers locales para crecer en el país. Firmó junto a Grupo SBS un convenio para
gestionar fondos a clientes locales. Para eso llegó Lionel Modi, un ex Orígenes
AFJP, quien es la cara visible de Templeton en la Argentina.
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