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Por Carlos Burgueño - El muy bajo nivel de
operaciones en el mercado de capitales argentinos que fue decayendo desde la
crisis de 2018; la poca certeza que este se pueda recuperar en el mediano plazo
y cierta desconfianza ante lo que pueda avanzar un eventual próximo gobierno de
tono opositor (especialmente a los negocios financieros en Argentina en
general) provocaron que una de las casas que más apostaron por el Gobierno de
Mauricio Macri tomara hace unos días una decisión terminante. El JP Morgan
devolvió el 2 de octubre (la noticia se conoció en los últimos días) su
licencia para operar en el mercado local, a través de una carta enviada a la
Comisión Nacional de Valores (CNV)
donde el banco internacional se dio de baja como agente de Bolsa. Si bien
era una casa de operaciones que prácticamente no estaba en uso, la renuncia a
operar y la entrega de la licencia marcan, de alguna manera, un fin de
época. La licencia había sido abierta a comienzos de 2016 para operar en
lo que se preveía era un mercado de capitales expansivo y en crecimiento tanto
en volumen como en ganancias generalizadas. Se esperaba una espiralización
del interés local y mundial por apostar por las ofertas que teóricamente se
multiplicarían ante un país que, de la mano del nuevo gobierno, volvería al
capitalismo luego de la experiencia populista, especialmente luego de los
últimos cuatro años de gestión de Cristina Fernández de Kirchner.
El JP Morgan no
sólo abrió una representación en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (se había
retirado en 2002, luego de la crisis de la convertibilidad), sino que además
apostó en grande por el éxito del macrismo. La entidad norteamericana
había sido lugar de trabajo de varios de los funcionarios más importantes del
macrismo. Entre otros habían pasado por sus oficinas de Wall Street y el resto
del mundo Alfonso Prat Gay, Luis “Toto” Caputo y Vladimir
Werning, todos hombres de responsabilidad máxima en diferentes etapas de los
primeros tres años de Gobierno de Mauricio Macri, quienes además
mantuvieron relaciones de gestión con el banco durante su tarea en la función
pública. Había sido también un aliado estratégico fundamental en los primeros
dos años de gestión de Cambiemos. Había abierto a mediados de 2015 una oficina
en la Argentina e intervenido en la operación más importante del Gobierno de
Mauricio Macri: la colocación de los Bonos de la República Argentina al
comienzo de la gestión Cambiemos para pagarles a los holdouts. En total, el JP
Morgan había intervenido en colocaciones de deuda voluntaria por unos
u$s2.300 millones en el primer año de Macri en el poder, superando a otras
casas como el Citigroup, Santander, BBVA y el Deustche Bank y el HSBC, todas
entidades que, con mayor o menor presencia, siempre habían operado en el país y
nunca habían abandonado la plaza local, aún en los tiempos de default y del
kirchnerismo. La buena relación se prolongó (e intensificó) durante todo
2017 y hasta marzo de 2018 el JP Morgan recomendaba a sus clientes en sus
informes apostar a la Argentina. Incluso, en un trabajo entregado a las
gerencias del banco en el mundo en la primera semana de abril de 2018 (ya con
la novedad del alza de las tasas de interés de la Fed consolidada), recomendaba
las posiciones en pesos a largo plazo emitidas por el Gobierno argentino y el
Banco Central. Incluyendo las Lebac.
Sin embargo, el 25
de abril de 2018 el romance terminó. Ese día comenzaron a llegar al
mercado de capitales, y de manera violenta (a cualquier precio de salida)
órdenes de compra de posiciones en Lebac de parte de “manos grandes”,
las que por definición, pueden decidir, para bien o para mal, la suerte de todo
un período de operaciones. El rumor que circulaba ese día en los bancos
internacionales que más operaban Lebac (tanto norteamericanos como
europeos) era que los vendedores eran pocos. No más de tres. Y que la intención
era desprenderse de toda la tenencia en ese título del Banco Central y comprar
dólares rápidamente, cerrando el circuito del “carry trade”. El precio
ofrecido a comienzos del día era de $20,50, casi un peso más arriba que la
cotización de sólo un día antes, con lo que la convicción de las órdenes creaba
aún más zozobra en los operadores argentinos. Mayor fue la sorpresa cuando
se conoció, casi por un descuido de uno de los vendedores de los bonos ante una
de las autoridades del Banco Central, que en el centro de las ventas estaba el
banco norteamericano JP Morgan. Ese día comenzaba a desprenderse del
títulos más simbólico del macrismo: las Lebac del BCRA, el instrumento por
el cual, además, se sostenía la estabilidad cambiaria de la Argentina.
La crónica
financiera del 25 de abril describía una “tormenta perfecta”. Coincidieron
en una sola jornada todos los fantasmas adormecidos en algún costado de las
pantallas de los principales operadores del país y el mundo: la suba de tasas
de marzo en los Estados Unidos, el comienzo de la crisis comercial con China,
el fantasma local de la indomable inflación y su batalla contra las tasas de
interés en pesos, los pagos de fin de mes a importadores, el retraso de la
liquidación sojera, el comienzo de la aplicación del impuesto a la renta
financiera y su influencia en la ganancias de las Lebac, el debate eterno
dentro del macrismo por la suba de las tarifas, la amenaza de nuevas alzas en
los combustibles y la eventual falta de dólares por la sequía. Los
analistas ya cuestionaban públicamente los efectos de aquella fallida
conferencia de prensa del 28-D (2017) en la que Marcos Peña en vivo y en
directo le quitaba al BCRA a la vista de todo el país la responsabilidad de
controlar la base monetaria y de fijar las metas para enfrentar el más
importante problema de la economía argentina: la inflación. Desde aquella
jornada poselectoral, Peña tomaba el control personal del manejo oficial de la
economía argentina, una decisión que aún no había sido digerida por los
mercados, y que generaba dudas sobre la verdadera convicción oficial de colocar
el combate contra la inflación en el ranking máximo de prioridades oficiales.
La llamada
del JP Morgan de desprenderse de las Lebac, comprar dólares y salir
del mercado argentino generó un temor generalizado en el Gobierno. Al punto tal
que la decisión de aceptar la operación fue consultada con el propio Mauricio
Macri, que autorizó la salida de los dólares del BCRA para abastecer la demanda
del banco norteamericano. Inmediatamente después de avalada la venta de dólares
al JP Morgan, hubo otras dos grandes operaciones que completaron la necesidad
de ventas de divisas salidas de las reservas del BCRA por u$s1.472 millones. Un
número récord, que con las semanas sería superado. Unas semanas después de
aquel 25 de abril, el propio JP Morgan distribuía un lapidario informe a sus
clientes vip. En él consideraba si la herramienta que había implementado el
BCRA para enfrentar la corrida (la suba de la tasa de interés) podría ser
insuficiente antídoto ante la evidente fuga de capitales que se había iniciado
y revisaba para peor todos sus pronósticos para la economía argentina de 2018:
un 2,4% de crecimiento y el 22% de inflación. Además adelantaba un dólar a 24
pesos a diciembre. Visto lo sucedido al final de 2018, los anticipos fueron
hasta infantiles.
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