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Por Rubén Rabanal - Las chances de un cambio en
las perspectivas electorales hoy son mínimas, aunque el macrismo, debe decirse,
termina esta semana con ilusiones que no tenía hace un mes. De todas formas,
los riesgos para el argentino de a pie en el corto plazo serán tan grandes ya
sea que gane Alberto Fernández en primera vuelta o se dé la rareza de un
balotaje. El problema es lo que vendrá después en cada caso.
El peronismo más
moderado celebra la idea del cambio interno en el kirchnerismo que está seguro
vendrá de la mano de Alberto F., pero al mismo tiempo advierte: “el
realismo mágico no se lleva bien con la economía”.
¿A qué se refieren?
Nadie discute hoy si habrá o no restricciones en el mercado de cambio (cepo);
el dilema hoy solo pasa por la dimensión que estas tendrán. Y de hecho no es un
secreto ya que la propia Cristina de Kirchner lo describió como una virtud en
su acto en El Calafate: “Si los únicos períodos sin endeudamiento fueron cuando
hubo regulación cambiaria, ¿no será que los que quieren la libertad cambiaria
la quieren para llevarse los dólares afuera del país?”, dijo allí. El control
de cambios pasa así a ser una virtud cuando hasta ahora lo teníamos como
remedio amargo.
Macri terminó
poniendo su cepo, aunque ligth, el nivel de reservas indica que la sangría
actual puede terminar en un escenario aún más grave. Un cepo fuerte viene,
entonces, y la actividad con el billete en estos días si no lo anticipa seguro
lo precipitará.
También se anticipa
una discusión entre todos los sectores por la distribución del ingreso que por
estos años estuvo contenida. Habrá que revisar de cerca como actúa un
mercado de cambio con restricciones, en línea con una política de acuerdos de
precios, mientras al mismo tiempo se analiza equiparar la inflación con el
promedio de las paritarias.
Ayer Alberto
Fernández no ayudó demasiado al apelar a una de esas frases poco felices que
suelen aparecer (sin entenderse como) en medio de las crisis argentinas; “A los
argentinos, que estén tranquilos porque vamos a cuidar sus ahorros, vamos a respetar
sus depósitos en dólares. No tienen por qué estar nerviosos”, se le escuchó
ayer. (Ver nota aparte).
La política puede
ir al auxilio de situaciones como la que estamos viviendo; el problema es saber
si será suficiente ese apoyo. El radicalismo está en campaña con Macri, pero
algunos de esos correligionarios ya le hicieron llegar mensajes a Alberto F.
para ofrecer ayuda parlamentaria en la transición. Uno de ellos fue Federico
Storani. Emilio Monzó también esta dispuesto a dar una mano. El resto es todo
para discutir desde la próxima semana, pero una nueva Transversalidad parece
nacer allí, como la que tejieron Néstor Kirchner y el propio Alberto F., con
otros radicales en su momento.
No está confirmado
un viaje de Alberto F. a México y Estados Unidos; aunque si está hablado y los
bonistas y bancos que solo están interesados en cerrar la renegociación de la
deuda con la menor quita posible (hace un mes no aceptaban ninguna y hoy ya
hablan de tijeretear intereses) lo recibirían con los brazos abiertos.
Kristalina Georgieva estará esperando también allí y, como siempre dice el
Fondo, prometerá ser permisivo con la negociación de deuda con bonistas, pero
no tolerará quita con la deuda propia. Y allí volverán las recetas.
Enfrente hay otro
país. Cristina de Kirchner subió ayer al escenario de la campaña
bonaerense la crisis con Chile. La caída del modelo chileno como ejemplo
virtuoso en medio de la inestabilidad de Latinoamérica se constituyó quizás en
uno de los máximos peligros que deben enfrentar los gobiernos de la zona.
También para Alberto F., al que se le multiplicarán las demandas.
No piensa lo mismo
la expresidenta que ve el final de la “prolijidad” económica chilena como un
triunfo. Está en línea con lo que piensan algunos de los invitados que fueron
tentados a viajar a Buenos Aires para los festejos de un triunfo del peronismo
como Dilma Rousseff, Fernando Lugo, los chilenos Ominamis, o eventualmente
hasta José Luis Rodríguez Zapatero. Es otra Argentina, claramente, la que
amanecerá el lunes.
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