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Por Juan Pablo Marino - No es cierto que
durante los casi cuatro años del Gobierno de Cambiemos no haya habido una
lluvia de inversiones -slogan de la campaña de
2015-: la llegada de divisas financieras atraídas por tácticas de carry trade
marcó un récord histórico en 2017 (u$s15.782 millones, según BCRA), mientras
que la expectativa de un mejor clima de negocios allá por el 2016 -ya sin cepo
y tras terminar con un default de 14 años- impulsó una catarata de anuncios de
inversiones productivas por más de u$s153.000 millones durante la era Macri,
según datos de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional.
Sin embargo,
quedará largamente en el debe de la gestión macrista la concreción efectiva de
una gran parte de esos anuncios (la “lluvia” prometida devino en “garúa”), que
en muchos casos fueron “congelados” ante distintos signos de fragilidad
observados -principalmente- en la macroeconomía argentina, como lo fue, entre
otros, la abrupta y relevante salida en 2018 (u$s17.453,1 millones) de aquellas
inversiones de cartera (golondrina), que habían marcado un hito por su ingreso
un año atrás.
Si hablamos
estrictamente de la Inversión Extranjera Directa (IED), la Argentina
recibió en 2018 (último dato disponible) u$s11.873 millones, un nivel similar
al registrado en todo 2015 (u$s11.759 millones), último año con cepo
kichnerista, de acuerdo a datos de la CEPAL (Comisión Económica para América
Latina y el Caribe). “En 2018 se vio cierta recuperación, sin embargo, los
números están en tono a los u$s10.000 millones desde hace mucho tiempo. De
hecho, en los ´90 la Argentina ya recibía ese monto, y el país era el principal
receptor de IED de la región”, afirma el consultor en economía y negocios
internacionales, Marcelo Elizondo. Hoy la realidad es otra para el país: en el
ranking de IED de la región se ubica cómodo tercero después de Brasil y México,
e incluso en algunos momentos ha sido el cuarto.
lDe la poca IED que
arribó al país en 2017 y 2018, la mayor parte estuvo destinada a recursos
naturales y al sector agropecuario, segmentos que están lejos de ser los de
mayor valor agregado. Los expertos coinciden en que para que haya un mayor
impacto positivo en la economía, es necesario que la IED sea captada por otros
sectores, vitales en la generación de empleo, como el de la industria
manufacturera.
“Definitivamente no
se concretó la lluvia de inversiones productivas que prometió el Gobierno en
2016. La Inversión Extranjera Directa en la era Macri no solo no fue un motor,
si no que tampoco fue un aliciente”, describe Matías Rajnerman, Economista
jefe de Ecolatina.
De acuerdo al
especialista, esta situación obedeció a que “la economía argentina es mucho más
incierta que sus pares de la región, si bien podría haber estado un poco mejor
que su historia reciente, concretamente porque no había cepo”. Pero no fue
así, la realidad marca que los desequilibrios macro que emergieron durante la
actual gestión (algunos de ellos con cierta mejoría, tras la brutal devaluación
del peso) atentaron directamente con la posibilidad de recibir inversiones de
mediano plazo. Así, para Rajnerman “atraer hoy capitales parece una misión casi
imposible en este contexto y a esta altura de los acontecimientos”.
En la misma línea,
el analista financiero Salvador Di Stefano enfatizó que “durante la
época en que gobernó Macri no hubo un buen ambiente de negocios y no se
pudieron llevar adelante inversiones que sean rentables”. En otras palabras,
“como no era rentable invertir básicamente lo que sucedió es que la gente no
invirtió y terminamos en una posición de inversión internacional acreedora con
el mundo de u$s63.528 millones”, detalló.
Según datos del
INDEC, la inversión directa de los argentinos en el exterior pasó de u$s37.843
millones en diciembre 2015 a u$s42.987 millones en el segundo trimestre de 2019
(última cifra disponible). A su vez, la inversión de cartera de argentinos en
el exterior pasó de u$s41.172 millones a u$s63.432 millones.
Los analistas
concuerdan en que la verdadera “lluvia” de inversiones durante la era Macri no
fue productiva, como prometía y esperaba el Gobierno, sino que fue solo
financiera (por las altas tasas de las Lebac), y para colmo de males, trajo
consecuencias negativas. “Esas inversiones no tuvieron un impacto directo en el
nivel de actividad, porque no ensanchó la capacidad productiva del país, ni
generó un crecimiento genuino, si no que por el contrario produjo un atraso
cambiario que fue lo que desencadenó, entre muchas otras cosas, la crisis de
2018 y de 2019. Entonces el humor fue pan para hoy, pero hambre para el
siguiente día.”, analizó Rajnerman.
“En definitiva, no
hubo lluvia de inversiones directas, hubo sí una lluvia de inversión de cartera
que fue a financiar gasto público y también se registró una gran migración de
inversiones de argentinos hacia el exterior. Evidentemente no hubo ningún tipo
de atractivo en la gestión Macri para que la Argentina fuera la receptora de
inversiones”, añadió Di Stefano.
La esperanza con el Mini Davos
En el primer año de
su gestión, el gobierno de Mauricio Macri organizó en la Ciudad de Buenos Aires
una especie de “Mini Davos” (Foro de Inversión y Negocios de Argentina )
con el fin de atraer mayores inversiones: era la forma de demostrar que
Argentina se insertaba en el mundo y que el mundo podría comenzar a creer
nuevamente en nuestro país.
En el marco de este
encuentro se estimaba una potencial llegada de inversiones por un monto
de u$s130 mil millones al cabo de los cuatro años del mandato del
actual presidente y se fundamentaban en las oportunidades que Argentina
ofrecía.
Sin embargo, sobre
esta cifra, un informe del Centro de Economía Política (CEPA) relevó en su
momento que sólo se podían cuantificar compromisos de inversión por un
monto cercano a los u$s18.000 millones. Es decir, al momento de precisar
cuáles son las empresas, los rubros y montos de las inversiones, las
mismas se reducen a menos del 14% de lo anunciado. “El objetivo era
derribar el mito instalado de que con la llegada de un nuevo gobierno con un
discurso amigable y supuestas reglas claras alcanzaría y lloverían las
inversiones. Los pronósticos positivos no fueron suficientes para garantizar la
llegada de inversiones”, evaluó el informe de Alejandra Fernández Scarano de
CEPA
De dicho al (poco) hecho
Desde que asumió
Mauricio Macri la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional
contabilizó anuncios de inversión por u$s153.160 millones, de los cuales el 50%
se encuentra en etapa concretada o en ejecución, correspondientes a 1.349
proyectos de 931 empresas, aseguraron a este medio fuentes del Gobierno con
datos relevados hasta fines del mes pasado.
Hubo, sin embargo,
muchas otras compañías que debieron congelar sus planes hechos públicos a la
espera de mejores condiciones macro y de negocio (aún mantienen su intención,
pero demoran la decisión), confiaron fuentes de la agencia estatal.
Como puede
observarse, la diferencia con los u$s130.000 millones de inversiones ya
anunciadas en 2016 apenas aumenta u$s23.000 millones tres años más tarde, y esa
diferencia se explica por una inversión de YPF por más u$s30.000 millones.
En lo que respecta
a los anuncios que se realizaron durante estos casi cuatro años de macrismo,
las empresas del sector de petróleo y gas lideran los anuncios de inversión por
un monto cercano a los u$s63.000 millones. En segundo lugar, aparece el segmento
de la minería, con un total de u$s16.000 millones. Es decir, que en la suma de
ambos sectores -dos rubros extractivos de recursos naturales- se explica más
del 50%. A su vez, los planes de YPF acaparan casi el 50% de la totalidad de
los anuncios del sector de oil & gas (u$s30.400 millones).
El resto de los
anuncios los realizaron los sectores de telecomunicaciones, medios y
tecnología, con u$s14.000 millones; energías renovables, con u$s11.000
millones; desarrollos inmobiliarios, con u$s9.500 millones; generación-servicios
públicos, con u$s9.000 millones; transporte e infraestructura, con u$s 8.000
millones; bienes industriales, con u$s6.000 millones; bienes de consumo, con
u$s 5.500 millones; la agroindustria, con u$s4.000 millones; el sector
financiero, con u$s3.000 millones; el sector de salud, con u$s1.700 millones;
retail, con u$s1.300 millones; turismo, con u$s 900.000; y servicios
profesionales, con u$s 500.000.
Desagregado año por
año, se observa que los anuncios de inversiones son altos hasta 2017 para luego
caer en 2018 y 2019: en 2015 (10 al 31 de diciembre) alcanzaron los u$s4.800
millones; en 2016 se ubicaron en u$s40.000 millones; en 2017 subieron a
u$s57.500 millones; pero en 2018 cayeron los u$s39.000 millones; mientras que
los primeros nueves meses de 2019 apenas alcanza los u$s12.000 millones.
En cuanto al
destino de los proyectos, la mayor parte se localizan en la provincia de Buenos
Aires (u$s35.000 millones) y Neuquén (u$s26.700 millones), seguidos por Ciudad
de Buenos Aires (u$s 8.400 millones), Salta (u$s7.000 millones), y Chubut y
Córdoba (u$s5.400 millones cada una).
El 58% de los
anuncios de inversión que recibió el país corresponden a empresas argentinas,
con lo cual se deja en evidencia que gran parte de ellos no implican el ingreso
de dólares al país. Del 42% de anuncios de inversores extranjeros, los
principales países son Estados Unidos (u$s11.000 millones), de Canadá (u$s6.200
millones), de España (u$s5.700 millones), de México (u$s5.000 millones), de
Australia (u$s4.400 millones), de Reino Unido, de Países Bajos y Alemania
(u$s4.200 millones), y de Francia (u$s4.000 millones), entre otros.
Los anuncios de
empresas de otros países implican u$s64.180 millones y según el relevamiento
del BCRA, tomando la IED y neteando los giros de utilidades y dividendos para
el período diciembre de 2015 a agosto de 2019 (último mes publicado), la cifra
de ingresos de inversiones directas “netas” se reduce a u$s2.509 millones, es
decir, sólo un 4% de los anuncios de compañías foráneas, según un estudio de
CEPA. A su vez, las inversiones directas “netas” representan sólo el 27% del
total de las inversiones, por lo que la mayor parte de las inversiones
extranjeras que ingresaron se fueron en la remisión de utilidades y dividendos,
estimaron desde CEPA.
La incidencia de la
formación bruta de capital fijo en el PBI
Por último, resulta
interesante analizar la “formación bruta de capital fijo” (FBCF) sobre PBI
a precios constantes que mide el INDEC que comprende: a) construcciones y
otras construcciones b) maquinaria y equipo nacional e importado, c) equipo de
transporte nacional e importado y d) formación de capital en otros activos
fijos. La misma es parte de la demanda global que conforma el cálculo del PBI
en las cuentas nacionales.
Al tomar la
evolución de la FBCF se observa una reducción en los últimos años. “Si se
toma el promedio 2011-2015, ronda el 20,2% y en 2015 era de 19,5%. Con relación
al período que se inicia en 2016 el promedio fue de 18,5% y en el segundo
trimestre de 2019 llegó al 16,5%. Es decir, que con este indicador también se
observa una caída de la inversión en términos del PBI”, destacaron desde CEPA.
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