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Por Juan Pablo Marino - Con la victoria de Alberto Fernández en las elecciones
presidenciales, se abre hasta el próximo 10 de diciembre una nueva etapa en la
Argentina, en la cual deberán convivir el presidente saliente Mauricio
Macri, y el presidente electo, con miradas y necesidades muy diferentes uno del
otro, en el marco de una situación económica y financiera muy deteriorada, con
elevados índices de desconfianza en los ahorristas e inversores.
Frente a esta
coyuntura, el mercado estará muy atento a cada una de las señales
económicas y políticas que Fernández ofrezca como presidente electo, pero
además será muy importante la forma en que se lleve adelante la transición
política, es decir, si es coordinada, o por el contrario, si se profundizan los
cortocircuitos que se observaron en las últimas semanas.
En principio, la
menor diferencia de votos entre Fernández y Macri podría ser celebrada este por
el mercado bursátil, cuyos precios presagiaban un escenario de mayor distancia
para el actual presidente electo. El resultado además podría ayudar a
descomprimir la fuerte demanda de dólares, de acuerdo a los operadores.
“Al margen de lo
que el BCRA decida, estimamos que los bonos y acciones inicien la jornada del
lunes con subas, aunque sin euforia. Prevemos un dólar estable o levemente
arriba y la brecha igual. La poca diferencia es un dato clave”, dijo Sabrina
Corujo de Portfolio.
Para Diego Martínez
Burzaco, director de MB Inversiones: “Juntos por el Cambio realizó una
elección muy razonable considerando de dónde veníamos. Creo que se le pone un
límite claro al kirchnerismo, sobre todo en las grandes ciudades. Y eso es bueno.
El mercado debería, a priori, festejar con la noticia, al menos de corto
plazo”.
Lo cierto es que
más allá de los gestos, declaraciones o intenciones, que condicionarán los
precios de los activos argentinos, de corto plazo la mirada se centra en
el mercado de cambios, y de eventuales medidas que profundicen los controles
para limitar la sangría de reservas.
Endurecimiento del
cepo
Entre tanto
desconcierto que sobrevuela en el mercado, existía una certeza que se concretó
a última hora del domingo: el BCRA reforzó el cepo.
El Banco Central
decidió limitar desde este lunes a u$s200 por persona la compra de divisas en
forma mensual, con el propósito de frenar la brusca salida de reservas. La
limitación de u$s200 es para aquellas personas que hagan la operación vía
homebanking, mientras que para las compras en efectivo sólo se podrán adquirir
u$s100.
La fragilidad
de la situación se observa nítidamente con el drenaje de reservas que hubo tras
las PASO: se perdieron u$s 22.805 millones, y los activos del BCRA terminaron
el último viernes en u$s43.503 millones, el menor nivel desde enero de 2017. La
llamada fuga de capitales (formación de activos externos del sector privado no
financiero) alcanzó los u$s3.000 millones en septiembre, un nivel menor a los
u$s5.400 millones de agosto debido a los controles cambiarios impuestos, aunque
todavía muestra un ritmo difícil de sostener.
La situación
empeoró en la última semana en la que el Banco Central tuvo que intervenir en
el mercado cambiario spot con más de u$s1.500 millones. “Esto refleja que el
tipo de cambio oficial parece estar en un nivel por debajo de aquel que
estabiliza la cuenta financiera del balance cambiario dado estos niveles
elevados de incertidumbre”, analizaron desde Consultatio. Con todo, vale repasar
las cotizaciones de los distintos tipos de cambio: CCL trepó arriba de $81,
blue y dólar Bolsa subieron hasta $75,75, mientras que los oficiales terminaron
la semana en $65 para el minorista, y $60 para el mayorista. Mientras, la
brecha cambiaria subió unos 10 puntos porcentuales hasta el 35%, máximos desde
el restablecimiento de los controles cambiarios.
A la espera de señales hacia la transición
Luego del segundo
debate presidencial, la expectativa de una transición cooperativa se
deterioró fuertemente y eso, en parte, fue lo que explicó la dinámica
negativa de mercado durante la semana pasada. Por esto, será importante ver qué
señales envía Fernández en los primeros días de esta semana. “Sería positivo
que convoque a una reunión con el presidente en ejercicio para coordinar una
transición y que no le ejerza presión con anuncios de Gobierno y/o enviando
proyectos al Congreso de manera unilateral”, coinciden operadores. Claro que
también jugará la actitud que tome Macri: ayudaría mucho que se muestre predispuesto
a trabajar en la transición de Gobierno.
Con acotado margen
de maniobra, en el mercado creen que el “plan peronista” que lance Alberto
Fernández deberá contener tanto medidas heterodoxas como ortodoxas. El mismo
candidato lo admitió en el primer debate. La gran incógnita es saber cuáles de
esas medidas podrían aparecer primero, ya que ello podría tener alta
repercusión en los precios de los activos financieros.
“La necesidad
política, la lectura sobre la situación social en nuestro país y los sucesos
acontecidos en Chile y Ecuador podrían actuar a favor de que primero se
difundan medidas heterodoxas, que lleven alivio a la gente. El problema es que
estas medidas podrían ser interpretadas como fiscalmente expansivas, poniendo
en dudas las chances del Reperfilamiento con el que tanto sueña el “lobby”
financiero internacional”, advierten desde Delphos Investent.
Respecto a los
nombres del futuro ministro de Economía: ¿nombrará a una figura fuerte? ¿Con un
perfil "productivista" o "financiero"? En el mercado no dan
demasiadas vueltas y creen que la complejidad de la situación demanda un
"súper ministro" en Economía con un perfil "financiero",
dado que la situación macro se podrá encarrilar a partir de cómo se resuelva la
cuestión de la deuda pública. De ahí los nombres de Redrado o Nielsen, (Lavagna
o Melconian suenan por ahora más inverosímiles). Por el contrario, Kulfas y
Todesca estarían más en línea con un perfil más productivista y una figura no
tan fuerte para el actual momento que transita el país.
Por su parte, para
los especialistas la estrategia de Macri debería ser la de buscar como objetivo
llegar al 10 de diciembre lo más entero y con las cosas lo menos deterioradas
posibles. “Los nuevos aires del #sisepuede lo han hecho pensar en ser la cabeza
de la oposición, en una especie de renacer político dentro de la desgracia de
salir derrotado de su reelección”, sostuvieron desde Delphos.
Las dudas del mercado sobre la deuda y el
FMI
Desde las PASO del
11 de agosto, el mercado y la economía argentina transitaron una verdadera
odisea. El deterioro de las valuaciones de los activos marchó al compás de
la suba del riesgo país, la volatilidad cambiaria y la pérdida de confianza.
“Además del shock político, el posterior reperfilamiento de la deuda, que incluyó
un default inédito de pesos transaccionales, y el control de cambios de
principios de septiembre aceleraron la agudización de un cuadro de situación
que ya era complejo”, resaltaron desde GMA Capital.
En ese marco, la
mayor incertidumbre de ahora en más pasará por el manejo de la deuda con
acreedores privados y la relación con el FMI. En las últimas semanas se deslizó
la posibilidad desde un canje “a la uruguaya” hasta uno con una quita de 40%
promovido por el Fondo.
Los inversores
esperan este mismo lunes algunas definiciones sobre cómo se refinanciará la
deuda. ¿Fernández viajará próximamente a EEUU? “Hay muy poco margen de acción
si no se dialoga con el Fondo”, advierten en la City, al recordar que los casos
exitosos de renegociación de la deuda, como los de Ucrania, Uruguay, o
Portugal, el FMI fue clave.
Mientras
tanto, en las valuaciones actuales de los bonos (paridades de 45% para la
Ley NY y de 38% para títulos Ley Argentina) se descuenta un canje que no sería
amigable para los tenedores.
“La explicación
descansa en el hecho de que la deuda debe ser sustentable y no parecería haber
voluntad para iniciar un proceso de ajuste fiscal que alivie esa carga”, leen
los analistas entre las cartas que jugó hasta ahora Fernández. Entre las
prioridades que debería perseguir Argentina, asoman según los especialistas:
encarar una renegociación de deuda preventiva (sin entrar en default), tanto
con el FMI como con acreedores privados, y comenzar a mostrar indicios de un
programa económico integral con consistencia fiscal y monetaria, algo inédito
en la historia reciente del país.
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