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Por Pablo Wende - Las urgencias económicas que enfrenta la
Argentina no permiten darse el lujo de esperar hasta el 10 de diciembre. Por
eso, la atención estará puesta en la convivencia que a partir de hoy y
hasta el cambio de mando se dará entre el Gabinete actual y Alberto Fernández o
quienes él designe para tender puentes con la actual administración.
A diferencia de lo que sucedió luego de las PASO y con las elecciones
aún por delante, todo indica que ahora los intereses e incluso los incentivos
del gobierno de Mauricio Macri en sus últimos 45 días y de Alberto Fernández
estarán mucho más alineados. La nueva transición debería ser mucho menos
traumática que la vivida hasta el viernes.
El funcionamiento del cepo cambiario es el tema más urgente, luego de la
fenomenal corrida cambiaria que se aceleró de una manera dramática en la semana
previa a las elecciones. El viernes la sensación era que resultaba imposible
seguir con el esquema propuesto inicialmente por el Gobierno ni un solo día más. Por
eso el domingo se avanzó en un esquema mucho más restrictivo: apenas USD 200 mensuales por cuenta y USD 100 en
efectivo.
El comportamiento del dólar está directamente relacionado con las
restricciones cambiarias. El objetivo de la transición sería -tal como lo
solicitó oportunamente el presidente electo de Frente de Todos- que no se siga
disparando. Con controles cambiarios más estrictos, el dólar oficial sería
más fácil de estabilizar y con menor pérdida de reservas.
En todo caso, la incógnita es qué podría pasar con los “otros”
tipos de cambio, teniendo en cuenta que el dólar “libre” tocó el viernes los
$75, mientras que el “contado con liquidación” superó los $80. Sin
embargo, aún a pesar de las mayores restricciones no necesariamente deberían
seguir subiendo. Esto se debe a que muchos ahorristas se quedaron sin pesos y
ahora precisarán salir a vender billetes para realizar las compras, alquileres
y otros gastos. Esa mayor oferta que podría ocurrir en el mercado de dólar
“libre", es decir que opera sin controles ni intervención del Central,
debería ayudar a que la cotización no se siga disparando.
Luego será Alberto Fernández a partir del 10 de diciembre quien tendrá
toda la responsabilidad de definir cómo administrará el cepo. Sobre todo
al principio de la campaña se había manifestado en contra de este tipo de
soluciones para administrar el flujo de capitales, con el argumento de que
resultaba una traba para el ingreso de inversiones al país. Sin embargo, para
dar marcha atrás con los controles cambiarios primero habrá que recomponer la
confianza pérdida entre los inversores y los ahorristas.
La inflación es otra de las urgencias. Cuando todavía se estaba
produciendo el proceso de traspaso a precios de la devaluación de agosto, el
dólar volvió a tener otro cimbronazo en los últimos días. No sólo subió el
oficial hasta los $65 pese a la fuerte venta de reservas del Central, sino que
además aumentó fuerte la brecha. Esto generó que en el mercado mayorista
comenzaran a retocar las listas de precios con el dólar a $75 en la cabeza.
Si bien el presidente electo tiene pensado convocar a un Pacto
Social, es probable que hoy mismo comiencen las convocatorias a
empresarios y sindicalistas para evitar remarcaciones excesivas. Muchas
empresas planean hacerse de un “colchón" de precios en preparación a un
virtual congelamiento que no duraría menos de 90 días. Así, el próximo gobierno
piensa atacar la “inercia” inflacionaria.
La deuda es otro de los temas que requieren respuestas inmediatas. Tanto
el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza como los referentes económicos de
Fernández tuvieron mensajes coincidentes en las últimas semanas. Hablaron de
avanzar en un canje “amigable”, evitando una quita del capital de los
bonos. Y además en avanzar lo más rápido posible en las negociaciones con
los bonistas. En este caso tampoco es posible darse el lujo de esperar al 10 de
diciembre para empezar las negociaciones.
Para después del 10 de diciembre quedarán los temas más estructurales.
Qué pasará con el acuerdo con el FMI, si habrá un plan para ajustar las cuentas
públicas y tender al equilibrio presupuestario, cómo serán las futuras reglas
del mercado laboral y si se avanzará con una reforma tributaria o se crearán
nuevos impuestos. Pero la agenda para sacar a la Argentina primero de la crisis
actual y luego del estancamiento de la última década es incluso mucho más
amplio.
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