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Por Francisco Seminario - Alberto Fernández logró sostener
hasta la elección los misterios que cultivó durante la campaña. Esto es, sus
planes de gobierno si resultaba ganador y quiénes integrarán su equipo de
colaboradores. En particular quién será su ministro de economía, el frente más
delicado y que más inquietud despierta entre los analistas norteamericanos, los
inversores y los estrategas del mercado.
Ese misterio, funcional a la estrategia de Fernández el candidato, es
desde anoche –desde el momento en que se convirtió en Fernández el presidente
electo– un interrogante que los observadores externos miran con enorme
ansiedad. El mes y medio de transición parece una eternidad.
En Washington creen que corrido el velo de las elecciones llegó la hora
de las certezas. Quieren saber cuanto antes quién tomará las riendas de la
economía, qué orientación le dará Fernández a su gestión y cuándo y cómo
iniciará las negociaciones para resolver el problema de la deuda, que es visto
como el punto más acuciante en la agenda de los primeros días.
“Hay mucha expectativa sobre las señales iniciales”, dijo a Infobae Daniel
Kerner, director para América latina del Eurasia Group. “Creo que lo primero es
quiénes van a ser los miembros de su equipo. Hay muchos nombres dando vueltas,
pero falta saber quién va a estar a cargo de la política económica”, agregó. El
nombre que elija dará una primera señal de la orientación que busca.
Según Kerner, una vez definida esa designación Fernández enfrentará dos
planos de decisiones: uno más general, vinculado a la deuda, la meta fiscal y
la relación con el Fondo Monetario, en el que “va a necesitar un plan consistente
para estabilizar la economía”, y otro más urgente, con la transición como
primer desafío de corto plazo y donde el tema cambiario va a ser central.
“Hay expectativas de coordinación
con el equipo saliente, para calmar los ánimos, pero dada la diferencia de
visiones veo difícil algo sostenible y efectivo”, evaluó el experto.
La renegociación de la deuda es para Mark Jones, especialista en
América latina de la Rice University, de Texas, “la prioridad número uno de
Alberto Fernández a partir de hoy, tanto para obtener una extensión de los
plazos como una quita importante de capital”. La situación actual, señaló el
experto a Infobae “no es sostenible, y es obvio que para tener
posibilidades de volver a crecer en serio, Argentina necesita no sólo patear la
pelota sino también recortar una porción importante de la deuda”, agregó.
Una duda compartida es cuál, de los distintos Fernández que se
insinuaron en la campaña, será finalmente el que gobierne. Los analistas
atentos a la política argentina suponen que el presidente electo será más bien
pragmático y probablemente no se atará a modelos ideológicos rígidos.
Pero al mismo tiempo lo ven como un dirigente imprevisible, capaz de
tomar caminos muy diferentes, apoyado en un esquema de poder donde el
cristinismo será la fuerza dominante.
“Aunque él es visto como una
figura moderada, la presencia de Cristina Kirchner provoca pésimos recuerdos en
Washington”, sostuvo Benjamin Gedan, director del Argentina Project en el
Wilson Center, de la capital norteamericana. “Los contactos con sus asesores en
Nueva York y Washington han sido tranquilizadores, pero dada la diversidad que
hay en el Frente de Todos, nunca quedó claro quién hablaba por él”, observó.
“Mi impresión es que viene un primer Alberto más bien heterodoxo. Creo
que ha sido muy claro en que hay que dejar atrás el neoliberalismo. Va a querer
manejar mas activamente lo cambiario e intentar darle aire a la economía”,
observó Kerner. La presencia de Cristina Kirchner en su gobierno y el contexto
regional, sobre todo lo que ocurre en Chile, “van a reforzar esta orientación”,
dijo a Infobae.
Sin embargo, para el especialista del Eurasia Group “no hay margen” hoy
en Argentina para la heterodoxia. “La situación es muy delicada y el riesgo de
una desestabilización mayor es grande”, afirmó. “Sin un plan consistente que
resuelva el problema fiscal, la deuda, la inflación y encamine la relación con
el FMI veo difícil que algo funcione”, dijo.
“Mi impresión es que ese plan no
está, y la pregunta entonces va a ser si Alberto Fernández doblará la
apuesta o se moderará. Creo que ahí lo veremos mas pragmático, pero es una
pregunta sin respuesta clara aun”, agregó Kerner.
En el plano diplomático ocurre algo similar. Las señales que el
candidato del Frente de Todos con respecto a Venezuela, el tema regional que
domina de manera casi excluyente las preocupaciones de Washington, fueron poco
claras y sugieren una contradicción con la política norteamericana.
Los observadores en la capital norteamericana temen un posible frente de
confrontación. “Rápidamente Fernández tendrá que convencer al gobierno
estadounidense de que no quiere ir hacia un choque diplomático”, alertó Gedan.
Jones compartió esta inquietud. “No le vendría mal a Fernández repensar
su decisión de salir del Grupo de Lima”, opinó. Esa postura, sostuvo, “será
vista en Estados Unidos como un acercamiento al Chavismo de (Nicolás) Maduro y
un rechazo al que hoy es el tema en América del Sur que más les importa a Donald
Trump, Mike Pompeo y compañía. Mucho más que cualquier otro tema”.
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