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Por Pablo Wende - Pese a lo
que muchos esperaban, las brechas cambiarias se achicaron sustancialmente
después de las elecciones presidenciales. Pero poco tuvieron que ver en esto
los controles cambiarios recargados que rigen desde el lunes. En realidad,
fue tan espectacular la demanda de dólares en la semana previa a los comicios
que muchos se quedaron directamente sin pesos. Y ahora se ven obligados a
vender dólares para pagar el supermercado, el alquiler o los sueldos como le
pasa a los empresarios PYME.
Según se desprende
de la información que ayer divulgó oficialmente el Banco Central, las compras
de dólares llegaron la semana pasada a nada menos que USD 2.700 millones, una
cifra récord. Lo más impresionante es que se trató de atesoramiento
exclusivamente del público, ya que las empresas no pueden comprar en el mercado
oficial. Semejante cantidad de reservas perdidas sólo para satisfacer a los
compradores de dólares ya se había vuelto insostenible.
La necesidad de
muchos individuos de salir a vender dólares había llevado a la cotización del
tipo de cambio “libre” a $ 67, una merma de 7 pesos sólo el martes. Ayer
operó casi todo el día en baja pero al final terminó 50 centavos arriba,
mientras que el “Contado con Liquidación” repuntó al final de la rueda, hasta
los $ 77.
La gran pregunta
que se reitera en las empresas es cómo reaccionará la brecha cambiaria con
estos controles recargados. Básicamente, el interrogante es si se producirá
otra devaluación como la que “amagó” a fines de la semana pasada pero terminó
siendo contenida por las ventas del BCRA.
El escenario ahora
quedó definido por la entidad que preside Guido Sandleris de la siguiente
manera:
. Fuerte
restricción para la compra de dólares en el mercado oficial, con un límite de
200 dólares mensuales por persona.
. Tendencia a la
baja de las tasas de interés, ya que el BCRA anunció que el piso para las Leliq
pasará en noviembre de 68% a 63% anual. Aunque la entidad informó ayer que
tomó la decisión por evidencias de una menor inflación, en realidad la caída en
octubre sería demasiado leve como para justificar dicho movimiento.
. Al mismo
tiempo, también se anunció una expansión de la base monetaria del orden
del 2,5% el mes próximo. Esto significa que aumentará la cantidad de dinero por
alrededor de 154.000 millones.
Para algunos, en
medio de una inflación galopante, la decisión de bajar las tasas y expandir la
cantidad de dinero podría agregarle más “nafta al fuego”. No sólo se corre el
peligro de un impacto adicional sobre los precios sino también de una renovada
presión sobre el dólar ni bien esos pesos estén en la calle.
El cálculo es que
hasta fin de año el Banco Central terminará emitiendo cerca de $ 300.000
millones. Pero al mismo tiempo también aumenta la demanda de dinero en
diciembre, ante los pagos de medio aguinaldo y las fiestas. Es decir que hay
motivos estacionales que avalan esta expansión, sin que necesariamente
repercuta en un estallido cambiario.
También las
dudas se centran en la rigidez de los controles cambiarios, que necesariamente
desvían parte de la demanda de dólares al tipo de cambio “libre”. La última
restricción, que estuvo vigente entre 2011 y 2015 durante todo el segundo
gobierno de Cristina Kirchner, demostró que el aumento de las brechas es
sólo cuestión de tiempo.
Sin embargo, los
temores a un cierre de 2019 muy turbulento se van disipando lentamente. En los
próximos 45 días se irán conociendo las primeras medidas del futuro gobierno,
en particular qué pasará con la deuda y la futura relación con el FMI. Además,
los inversores también estarán atentos al futuro gabinete. Todo esto también
influirá sobre la evolución del dólar.
Pero luego de la
expansión que se producirá hasta fin de año, el desafío es cómo se
absorberán estos pesos excedentes a partir de febrero. La decisión de Sandleris
de manejarse de manera muy flexible generó este año una suba de 11% del dólar
en febrero y un nuevo pico inflacionario en marzo. El peligro es que se
repita la historia, si la futura conducción del BCRA exagera con una política
monetaria demasiado laxa.
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