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Por Carlos Burgueño - La transición oficial y formal del
poder, al menos de parte de Alberto Fernández, comenzará el próximo miércoles,
una vez que el presidente electo vuelva de su viaje a México. Entre ese día y
el viernes, habrá una conferencia de prensa donde el próximo jefe de Estado
presentará sus equipos de transición (quienes no necesariamente serán los
integrantes de su futuro Gabinete), y se plantearán, primera y única vez, los
datos de la herencia recibida del Gobierno de Mauricio Macri.
Será en ese momento
donde se escucharán quejas, reproches, críticas y frases de lamento. Pero la
orden será que una vez terminado ese evento, nunca más formalmente se le
echará la culpa a la economía y las finanzas recibidas, y comenzará un período
de coexistencia con el oficialismo lo más pacífica posible hasta el 10 de
diciembre. Sólo días antes, lo más cerca posible de la asunción, se
presentará en sociedad el primer gabinete de Alberto Fernández; y recién allí
empezarán a conocerse las potenciales primeras medidas concretas que tomará el
próximo Gobierno. Hasta ese momento, se implementará un proceso de seguimiento
crítico del último mes de gestión de Mauricio Macri, “pero de ninguna manera un
cogobierno”, según una alta fuente del próximo Gobierno. Esta afirmó que “se
tratará de una transición basada en el traspaso diario y constante de
información en cada una de las áreas, para determinar de manera conjunta cómo
evolucionan ciertas políticas. Y cuando se detecten movimientos críticos y
denuncias, se harán tanto a los funcionarios del oficialismo aún vigente como
al público”. En otras palabras: el team albertista no intervendrá en la
toma de decisiones ni compartirá el diseño y aplicación de ninguna medida que
disponga el Gobierno de Mauricio Macri, pero se reservará el derecho de denunciar
públicamente cuando alguna de estas atente contra el futuro Gobierno.
Como ejemplo
práctico, ya está en la mira una situación particular que será expuesta
públicamente en la conferencia de prensa de la semana que viene:
será la situación de la planta de personal del Estado. Desde el albertismo
se diseñó un largo listado de empleados públicos que fueron pasados de
contratos a planta permanente. En la mira no hay personas con salarios medianos
o bajos, sino funcionarios de alta responsabilidad y con perfil político que
están siendo incorporados a la planta permanente de la administración pública
nacional, y que tienen salarios superiores a los 80.000 pesos mensuales. Entre
otras reparticiones, el listado incluye nombramientos en la Secretaría Legal y
Técnica, en la Procuración del Tesoro, en la Dirección Nacional de Migraciones,
en la Secretaría de Modernización del Ministerio del Interior, el PAMI y varios
organismos descentralizados. El mensaje que quiere enviar el albertismo en
este capítulo es que no hay problema con el pase a empleados de los
trabajadores de salarios bajos, sino de los de sueldos altos y que ocupan
cargos políticos. Como maldad se le recordará al macrismo su prédica de
achicar el Estado y los despidos ejecutados al comienzo de la gestión en el
primer semestre de 2016.
En temas
económicos, la conferencia de prensa de la próxima semana servirá para
exponer tres capítulos fundamentales de la transición, donde, se reitera,
no habrá cogobierno y la toma de medidas en conjunto, sino fiscalización de los
actos del Ministerio de Economía de Hernán Lacunza y el Banco Central de Guido
Sandleris: la marcha de las reservas y la evolución del tipo de
cambio, la evolución de la deuda y de los créditos internacionales y
las tarifas de los servicios públicos.
En el primer
caso, y luego del conflicto (adelantado por este diario) por la decisión
original de reducir sustancialmente las tasas de Leliq, por ahora hay una
observación pacífica desde el team albertista. La información diaria que
le llega a Alberto Fernández habla de una conducta correcta de parte del
BCRA en cuanto al manejo de las reservas, incluyendo a las operaciones de dólar
futuro. Cayeron bien las restricciones de ayer impuestas por la entidad, de
combatir la salida de divisas a través de maniobras alternativas como el dólar
casino o el dólar bitcoin. Si bien hay críticas a la acción del Gobierno de ir
atrás de las circunstancias (se cree que las nuevas restricciones reloaded
anunciadas ayer deberían haber formado parte de los anuncios del lunes), se
rescata que estas decisiones apuntan a que no se pierdan más reservas, el
principal norte que tiene el albertismo en cuanto a los dólares del BCRA. El
próximo mojón en la mira ocurrirá el jueves 7, cuando se deba pagar un
vencimiento importante del Bonar 24.
En el caso de la
evolución de la deuda y de los créditos internacionales, la decisión de Alberto
Fernández es la de no negociar en conjunto ningún tipo de acuerdo; ni con los
acreedores privados, ni con el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el resto
de los organismos financieros. Los contactos que se ejecuten desde la
próxima semana serán a cuenta de lo que se aplique cuando ya el próximo
presidente haya asumido. Esto incluye tanto la evolución (muy acelerada) del
diálogo con los bancos y fondos de inversión internacionales, como alguna
eventual nueva visita (se está negociando, pero no está confirmada) del
director gerente para el hemisferio occidental del Fondo, el mexicano Alejandro
Werner. Alberto Fernández está convencido de que las negociaciones con el FMI
serán muy duras, pero que “al final del día” habrá un acuerdo favorable para el
país.
En el último
capítulo, el de las tarifas, el albertismo es duro. Criticará
abiertamente cualquier tipo de incrementos en las facturas de servicios públicos,
tanto en cuanto al público como a las empresas. Para el próximo
presidente, en los cuatro años de gestión de Mauricio Macri, éstas subieron lo
suficiente y no sería necesaria una última actualización. “No pueden subir
más”, fue la orden tajante y directa del próximo Presidente a los técnicos de
su team que tendrán a su cargo el seguimiento de las tarifas de servicios
públicos. En el caso del precio de los combustibles, la posición es algo
más flexible, ya que se sabe que detrás no sólo están las petroleras (a las que
se las quiere tener de futuras aliadas a partir de las inversiones
comprometidas en el proyecto Vaca Muerta), sino que hay un interés de los
gobernadores de provincias petroleras de ejecutar una actualización.
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