
Por SOLEDAD NAVARRO - El cimbronazo provocado por la salida del ministro de Hacienda de Brasil se tradujo ayer en un avance de 1,70% del dólar contra el real, en la medida en que los inversores comenzaron a deshacer posiciones largas en la moneda doméstica. Así, la divisa cerró a 2,224 reales por dólar. Los coletazos del recambio en el Gobierno de Lula también se sintieron en Argentina, donde el billete avanzó un centavo a
$ 3,10, su máximo en tres años, si bien en el mercado mayorista –que marca la tendencia–, la divisa se mantuvo estable.
El Banco Central local, fiel a su nueva estrategia, salió a vender ni bien comenzó la jornada para frenar la escalada de la divisa pero terminó recomprando la misma cifra.
En Brasil, el sustituto de Palocci, Guido Mantega, dio una primera señal sobre el rumbo que tomará su política al admitir que el tipo de cambio "perjudica a algunos sectores" y que su país necesita "tasas de interés civilizadas". Al respecto, Juan José Vázquez, jefe de research de Bull Market Brokers, aseguró que "si baja mucho la SELIC –tasa de referencia– perderá atractivo la tasa real brasileña, y esto presionará hacia abajo al real, que ya se apreció demasiado". Pero, para el analista, la fortaleza del dólar tuvo que ver también con la señal dada por la Fed de EE.UU. sobre más subas de la tasa.
Sin embargo, aunque ayer hubo sintonía entre ambas monedas, desde hace tiempo el real y el peso siguen dos derroteros muy diferentes. En la región, Argentina y Brasil, los dos principales socios del Mercosur, hace tiempo muestran políticas monetarias diferentes. Así, mientras en términos nominales la moneda argentina se depreció un 5% en el último año, el real brasileño se apreció más del 23%. Básicamente, porque mientras que Argentina buscó frenar la revalorización de su moneda, Brasil opuso mucha menos resistencia.
Para Rodrigo Alvarez, de la consultora Ecolatina, "la dinámica opuesta entre ambos países está dada porque Brasil subordina su política cambiaria a un objetivo de inflación". En su momento, el gobierno de Inacio lula Da Silva respondió al masivo ingreso de capitales con una fuerte suba de tasas y dejó flotar al tipo de cambio con más libertad. "Acá, en cambio, como la prioridad es cumplir con el modelo económico vigente, se buscó siempre mantener un tipo de cambio competitivo", señaló Alvarez.
Ricardo Castiglioni, de Ferreres Orlando, advirtió que "Argentina también puso un rango de control sobre la inflación pero que después superó ampliamente. El año pasado Argentina creció un 9% pero terminó con una inflación del 12%, y Brasil sólo lo hizo en un 2% pero con una inflación de 5%". "Acá, el Central tiene una política de mayor control sobre el dólar", aseguró. Según Alvarez, para Brasil la fórmula tasas altas y un tipo de cambio elevado es el mejor de los mundos para mantener atractivo al sector financiero. En cambio, para la Argentina la previsibilidad en la trayectoria del tipo de cambio real favorece las decisiones de inversión.
De todos modos, en un año electoral, el gobierno de Inacio lula Da Silva comienza a dar muestras de flexibilización en su política monetaria. "El año pasado, mientras los emergentes crecieron mucho, Brasil estuvo más restringido por mantener una política en la que la inflación estaba en el centro de la escena. Hoy, Brasil tiene que crecer, y entonces, sí o sí tiene que relajar su política monetaria", indicó Álvarez.